RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

16 jul. 2012

MACIZO ORIENTAL O DE ÁNDARA

Paseandopor el Macizo Oriental de Picos de Europa. La Morra, la Silla delCaballo Cimero, Lechugales, Pico del Sagrado Corazón y otros...


No nos acompañó el día, o pensándolo bien, sí que nos acompañó, pues seis tomábamos lapartida y a la vuelta éramos siete, todos hermosos y lozanos (menosyo).

Salimos del pueblo deSotres, esta vez pueblo arriba, en dirección a Tresviso, desde elaparcamiento de el Jito de Escarandi. De ahí nos dirigimos alCasetón de Àndara (donde se ve a Hilario metido en unvagón de la mina), de allí, no sin pasar antes por unpequeño nevero, donde algunos aprendimos que el bastón se debecolocar por la parte de arriba y recortado; porque si tienes ladesgracia de deslizarte hacia el vacío, hay una posibilidad de pararla caída clavándolo en la nieve con fuerza; de modo que superadoeste pequeño obstáculo y aprendida la lección, nos dirigimos a laSilla del Caballo, para pasar a La Morra y otros siete picos depostre.

Durante las diez horasque duró el recorrido, pues Don Ramón (El Maestro),nos había citado a las 5h45', seguramente pensando en la paliza quenos tenía preparada, hubo niebla persistente, que entre idas yvenidas, nos permitió aunque solo fuera por un instante, vislumbrara lo lejos alguno de esos maravillosos pueblos cántabros, como Potesy otros que no recuerdo, o caminos como la Vega de Sotres, además depicos como “las Moñetas” y otro en concreto, que la malditamemoria que siempre me persigue, no me deja recuperar, y cuya señade identidad era su parecido con el Urriellu, pero en pequeño.

Además de la niebla, quenos obligó a concentrarnos más en el camino, la temperatura enningún momento nos dio ninguna alegría, con lo que algunos estabandeseando llegar al coche y poner la calefacción a tope parareanimarse. Yo, la verdad, casi agradecí la temperatura, pues nosuelo ser muy friolero, salvo cuando haces cumbre con la camisetaempapada de sudor y toca abrigarse porque te quedas “pajarín”.

De todo el grupo, soloconocía a dos personas; sinceramente, en ningún momento me habíaplanteado como podrían ser mis compañeros de aventura, puesviniendo la cosa de Don Ramón, difícilmente llega uno a encontrarsecon gente problemática; lo cual no deja de tener su importanciacuando vas a la montaña; de un lado todos andaban que se laspelaban, por otro es justo reconocer que todos son son mejoresmontañeros que yo y no solo acataban las decisiones del “Maestro”,sino que no hubo ni una sola queja durante el camino, y si pequeñasconfidencias, algunas risas y una humildad y un saber estar que meaniman a seguir haciendo salidas por ahí, aunque me cuesten otromadrugón como el de hoy.

Aunque si he de sersincero, hubo un instante al final de la ruta en que casi porunanimidad algunos, decidimos prescindir del “Don” para con elmaestro; pues resulta que nos quedó por ver “Valdominguero”,casi el único nombre que algunos conocíamos de oídas; pero alfinal he concluido que igual hubo un buen motivo; la cadencia depedaleo de algunos tal vez no era suficiente para completar elrecorrido que “Don Ramón”, tenía previsto.

La jornada contó con unamás que agradable sorpresa, no se precisar en que punto delrecorrido, pero ya bastante avanzada la jornada, tal vez sobre lasseis de la tarde, apareció a nuestra derecha una figura entre laniebla, que de no haber prestado atención cualquiera hubiera pensadoque formaba parte del paisaje; lo cierto es que me recordó al abuelocuando liaba el cigarrillo, que mientras con los dientes ataba labolsita de tela y con el resto de los dedos de la mano derecha lafunda; en la izquierda llevaba la tapa de cuero y el papel ya con lapicadura siendo amasada entre tres dedos sin parar y dando ya formaal “trujas” que en breve pasaría a convertirse en puro humo.

El caso es que la figuratenía nombre: Pablo, y parece ser que todo el mundo había oídohablar de este deportista amante de la montaña y de los grandesretos; algo así como un Salva Calvo pero en vez de leonés,santanderino. Inmediatamente se procedió a las presentaciones yaunque Pablo tenía pensado dirigirse en dirección contraria, optópor acompañarnos durante algo más de dos horas aunque le costasesumarlas a la ruta que tenía planificada “total a mi entrenadorseguro que no le importa” (creo que dijo);de modo que al igual que el que ha nacido en el barrio de “Santana”nos podría señalar con precisión la ubicación de la cuadra deltío Santos, o donde se colocaba “Tan” el melonero, dondeordeñaba las vacas el Señor Fortunato, donde despellejaba loscorderos un tratante apodado “Joselón”, donde estaba elabrevadero, o donde dormía José el gitano por poner solo algunosejemplos conocidos; Pablo nos fue guiando mientras el respeto a sufigura flotaba en el aire y hacíamos parejas con el mientras nosdetallaba alguno de sus proyectos, como la ultra “DEL MAR A LA MONTAÑA” que se estaba perfilando allá para el mes de octubre, altiempo que nos contaba la historia de las piedras, de los “furacos”sin fin que aparecían aquí y allá o nos daba nombres de pueblosque intermitentemente se veían allá en la lejanía o de cual era lacumbre siguiente, y un sinfín de detalles más que nos regalaron elalma y los oídos durante el resto del trayecto. Al final como sueleocurrir, se despidió amigablemente de nosotros mientras nosdirigíamos a Sotres, y tal como llegó, así desapareció.

Trepando y destrepandopor algunos pasillos con caída al vacío por ambos lados, observandola pared izquierda ya en lo alto de la morra y su caída vertical,cruzando por algunos neveros sin demasiada complicación, pero dondeen un descuido te puedes ir allá al fondo, canchales con piedrapequeña, que nos proporcionaron alguna culada y a mí, (queigual iba un poco bravo) un buen leñazo en la rodilla ycostado izquierdos para que aprendiera la lección y comprobando comoalguno tiritaba de frío, volví a recordar las sabias palabras deDon Ramón, “El Maestro”:
“La montaña solamente exige respeto; podemos disfrutar como locos de todo lo quenos ofrece, pero nunca debemos dejar en casa el sentido común, loserrores, hasta los más diminutos se pagan, la ausencia de agua, lafalta de la ropa adecuada, el no pensar que hasta lo más sencilloen la montaña es un atrevimiento si no evaluamos el riesgo que el fallo nos puede ocasionar; el ir de chulitos y machotes nunca haprovocado más que desgracias; debemos acercamos a Ella conhumildad; tal vez incluso deberíamos de hacer una pequeña reverencia al llegar y otra al irnos en señal de respeto, puesaunque parezca mentira, si tu cumples con tus obligaciones, siemprete deja seguir tu camino sin importunarte, incluso agradecida de quevuelvas otra vez”.