RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

24 oct. 2012

DESAFIO CANTABRIA 2012 (2ª PARTE)


Desafío Cantabria (2ª parte).

Uno de los puntos de mayor afluencia de público, sin tener en cuenta la llegada, fue posiblemente la zona de Fuente De; mientras el teleférico cargaba y descargaba temerarios viajeros, unos puntitos por allá arriba, parecían moverse con lentitud, pero la mayoría marcaba ritmos estratosféricos para las alturas de competición que llevaban en sus mentes y en sus piernas.

Uno que se limita a mirar desde abajo, no se imagina como nadie que no sea una cabra, pueda bajar por los diminutos senderos que se adivinan en algunos puntos del recorrido, e incluso en alguna zona de pedregal por encima de una hermosa cascada que deja caer sus aguas al vacío, situada casi en el centro de lo que constituye un kilómetro vertical de recorrido. Esa es precisamente la clave; los que estamos fuera utilizamos la imaginación, esta nos lleva al temor y el temor a la parálisis; mientras que los que están participando en esta prueba, no piensan; actúan y se centran en la carrera.

Se les ve pasar fatigados, sudorosos, sucios algunos de tanto barro y otros de alguna caída, y sin embargo a ninguno se le ve desfallecido y como si la vida les fuera en ello acercan la tarjeta con cuidado al lugar convenido para que quede registrado su paso por este control y sin perder un segundo, y tras dedicar la mayor parte una sonrisa al personal, siguen su curso sin detenerse ni un solo instante, pues para una gran mayoría, el objetivo es solo terminar.

Solo uno de ellos para en cada avituallamiento, no parece más cansado que el resto, pues lo que su rostro refleja es más un sentimiento de pena que un síntoma de fatiga; cuando llega al punto donde nos encontramos Santi y yo; inclina con humildad la cabeza y despliega un pequeño cartel que lleva en todo momento con él hasta cruzar la meta; solo en ese instante comprendemos su dolor y su pena, el cartel reza: “VIVIRÁS EN EL RECUERDO TERESA FARRIOL”. En esos instantes uno pone las neuronas a trabajar, sin obtener ningún resultado; es más tarde, gracias al recuerdo que proclama la pancarta, cuando me viene a la memoria un desgraciado y reciente fallecimiento en una prueba de reconocido prestigio.

No suelen ocurrir accidentes en las carreras por montaña; no más que en otros deportes; pero cuando ocurren duelen profundamente; todos los que participan son conscientes de que ni siquiera en el sillón de nuestras casas podemos decir lo que pasará al cabo de un segundo; y tal vez por eso muchos son los que tras probar en este tipo de carreras, descubren que a veces el valor del tiempo no lo da el reloj, sino las sensaciones, las emociones, el barro, el agua, o el aire puro, y en contra de lo que muchos piensan, no es el riesgo lo que se busca en este tipo de pruebas, sino el esfuerzo y la lucha que les ayuda a crecer un poco más cada día.

Creo que me repito al hablar de la humildad que caracteriza a esta gente; no se si el terreno por el que transitan a menudo tendrá algo que ver; tal vez la enormidad de las montañas y el no existir otra cosa más allá que el cielo tengan algo que ver; o puede que sea simplemente, porque reconocen como pocos la dificultad que entraña pasar unas cuantas horas por allá arriba, pasando calor o tiritando, sufriendo o disfrutando (que no son antónimos, sino complemento uno del otro), porque solo el que ha sufrido la tempestad puede disfrutar al máximo cuando llega la calma. Por eso mismo y porque son más conscientes que otros, que esto no va a durar eternamente, saben apreciar como nadie unos minutos de buena compañía.

Sea como fuere, el hombre del cartel, cumplió y aunque Teresa seguramente desearía ser recordada por lo que fue más que por lo que le sucedió; TERESA FARRIOL vivirá en el recuerdo de los más próximos y de los que nunca la conocimos personalmente.

Pero como ya hemos dicho, la vida sigue y en este Desafío, la vida siguió su curso, cada uno jugó sus bazas y una vez hubo finalizado la prueba, vinieron las críticas, que es como debe ser por otra parte y afortunadamente para los cientos de personas que se implicaron directa o indirectamente; en este asunto, entre las que se cuentan al parecer, algunos alcaldes de la zona, (cosa que les honra); los elogios han sido cuantiosos, y como se suele decir, hasta el último mono se merece una enorme medalla.

En cuanto a los más directos responsables, no había más que verles las caras para adivinar que todo había ido a las mil maravillas.

Yo personalmente, he disfrutado como nunca, ha sido una de esas agradables noches en vela que no olvidaré en mucho tiempo, y tengo mucho que agradecer y a mucha gente, a Pablo por supuesto, porque fue el culpable de que iniciara mi viaje hasta Espinama, pero también a Encarna y Ana por arriesgarse a contar una noche entera con mi presencia, a otra Ana (Memphis) por aguantar mi cachondeo con el asunto de la fotografía sin torcer el gesto ni un momento (ver las fotos en el blog).

A Santi, porque pensando (inocente de mi), que le estaba sacando de ritmo en nuestro particular descenso desde el refugio de Aliva hasta la localidad de Espinama, tuvo la deferencia de hacerse el muerto para darme una pequeña victoria moral. Dice que está bajo de forma, pero no le hagáis caso, porque en más de un momento se le veía en los ojos que deseaba correr, y no dudo que en breve se pondrá a la tarea, primero unos metros y después unos kilómetros; no olvidemos que tiene que comprobar el estado del terreno en Castrocontrigo para la próxima edición de la Tilenus, y, que mejor manera que disfrutando de un pequeño trote.

Del resto, pondría aquí sus nombres si los recordara, porque todos y cada uno, aún sin conocerme de nada, fueron una excelente compañía en todo momento.

El broche de oro, me lo pongo cuando bajamos al comedor del “Remoña”, nos vamos colocando por grupos, y es ahí donde comienza la verdadera competición, es aquí donde comienzan a hacer efecto las barritas, los geles y demás potingues. Es una verdadera carrera contra el reloj por ver quien acumula mayor cantidad de risas, por ver quien disfruta más del momento.

Aquí se aprecia perfectamente que todo ha sido perfecto; los rostros de todos están radiantes, relajados, cada uno está en su ser y eso crea un aurea perfecto de energía que atrapa a todos, incluso a los pocos que reflejaban cierta fatiga. Pablo que ya a diario es broma pura; aquí no para de reírse, y los demás otro tanto de lo mismo, pues Salva que es la eterna sonrisa, aquí se multiplica.

Llegan los enormes chuletones caseros, "Made in Remoña", y ahora sí; aquí nadie se corta un pelo, no existen complejos de ningún tipo entre los corredores por montaña; ahora la batalla es despiadada, a muerte; aparecen tantos cuchillos practicando cortes perfectos que solo este instante sería suficiente para otro libro de García Lorca.

Sobre el salpicón de postres, casi, ni me atrevo a hablar; aún sigo en estado de “shock”; si algún inocente pensaba que lo de la montaña era duro; que se atreva a sentarse en mi sitio en esta mesa y pruebe a meter la cuchara en el plato. Fue aquella una tarea imposible, esta gente está muy bien preparada, lo de Pablo lo entiendo, pero Salva que parece que no rompe un plato o la Bustamante (que ¡ojo!, nada tiene que ver con el cantante), me hicieron comprender aquello de “el tamaño no importa”; afortunadamente Montse que las veía venir nos sirvió hasta tres remesas, y ya en la tercera y en un descuido del personal, pude catar una cosa redonda de chocolate, con la sorpresa de un higo dentro y entonces lo comprendí todo; aquellos postres no eran de este mundo; fue probar y comenzar a repartir codazos a izquierda y derecha blandiendo mi cuchara de postre y… lo siento pero, es que no puedo parar de llorar de la emoción, lo dejo aquí porque no puedo más, de la vuelta os contaré otro día.