RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

20 feb. 2013

Espinama, concentración en el CAR Remoña

Y LA PRIMAVERA LLEGÓ A ESPINAMA

No es que esta localidad carezca de flores precisamente; pero lo de este fin de semana ha sido realmente el apoteosis. Ver tanto colorido, tanta diversidad y respirar a pleno pulmón sin que ello suponga un esfuerzo, sino más bien un auténtico placer, no tiene precio; pasearse por estas montañas aún libres de la farándula a la que no son ajenas otras similares, no es cosa de este mundo; unos días más viviendo este ambiente y sería capaz de cualquier locura; hasta de volver a votar en las próximas elecciones.

Capítulo I.-                                       EL HOSTAL REMOÑA

No es ninguna novedad que el “Remoña”, es la base de operaciones desde hace tiempo para todo lo que suene a ultra, a montaña, a kilómetros verticales, a diversión, disfrute y placeres no aptos para pusilánimes. Ya lo dice la canción: “si alguna vez buscas a Pablo Criado y no aparece, sube a Espinama y espera en el Remoña,; pero mientras tanto, come algo, verás como tu estómago te lo agradece”.

En lo humano, hasta el abuelo pega la hebra y te cuenta a poco que le des hilo como se hacía en otros tiempos los esquíes de madera, con una sujeción “made in Espinama” que gracias al herrero del pueblo, se agarraba a los zapatos como el dinero a los corruptos.

Montse que parece una recia montañera de las de antes; tiene unos ojos que destilan inteligencia; se limita a sonreír, y habla lo justo; pero sabe que hay un antes y un después para los que se sientan en las mesas para la pitanza, que por cierto; siempre te transporta al presente, porque es imposible pensar en otra cosa, que no sea dar rienda suelta al paladar. No dudo, que utilizar condimentos caseros tenga algo que ver para que todo esté en su punto; pero que un cliente le espete de golpe “hija tienes manos de santa”, y se incline llorando para besarlas; me hace dudar si no será aquí donde dan la famosa bula lebaniega, en vez de en Santo Toribio.

En cuanto a Jesús, el pobre hombre está perdido irremediablemente; he visto la felicidad en su rostro mientras nos clavábamos un espino tras otro; cuando nos empapábamos con el agua de los arroyos o poníamos mascarillas de barro a nuestras zapatillas; y si era bajando una buena pendiente para que te voy a contar; pero hay que vivir de algo, y el tiene su negocio al que no robará más tiempo del estrictamente necesario para encontrarse de nuevo con sus amigos y entrañables senderos lebaniegos que parecen estar siempre deseosos de verle aparecer por cualquier recodo. El bueno de Jesús como dije antes está ya atrapado y no podrá evitar dedicar una parte de su tiempo libre a correr por ahí si puede ser con alguno de sus muchos amigos, que cada vez somos más, pues si no caes por el estómago caes por el trato; yo ya hace tiempo que me he rendido a la evidencia, y cuando me paso por allí, me pongo en sus manos (y en las de Montse), sin rechistar.

Capítulo II.-                                              LOS VISITANTES



Llegaron desde diversos puntos de esta ajada piel de toro que nos da nacionalidad. La excusa, una concentración que uno de los mayores adeptos a “San Tor”, llevaba un tiempo meditando. La idea consistía en impartir unas charlas sobre carreras por montaña, consistentes en una parte teórica para lo cual contarían con un entrenador de prestigio (el prestigio se perdió cuando me llamaron a mí).

Estas jornadas, estarían aderezadas con alguna que otra sesión práctica para engrasar la destartalada maquinaria neuronal, alimentada a base de kilómetros, que los adeptos a las largas distancias por montaña poseen, frente a la cual estaría Pablo Criado.

Llegaron dispuestos a todo, con ganas de aprender, (o al menos eso pensaban); y de hacer un poco de ejercicio, pero sobre todo con ganas de pasar un buen fin de semana en compañía de colegas que al final, es lo único que nunca se borra del disco duro

Tal vez, por número haya que citar a ciertas “bandoleras”, que aunque con trabucos y otras armas que parecen antiguas; cuando se las ve juntas uno, que ha escuchado narrar ciertas historias, no puede menos que tragar saliva disimuladamente.

No faltó por supuesto la participación de gente de la tierra que pudiendo estar tranquilamente en sus hogares, decidieron hacer un alto en sus rutinas diarias para pasarse unos días en Espinama, en compañía de Pablo y los demás.

Capítulo III.                                               LOS BASTONES

La rutina establecía que sobre las diez, se hablaría un poco del tema de los bastones, de modo que me tocó el primer trozo de la tarta y conté lo que en mi opinión resulta más interesante sobre el tema, que por cierto nada tiene de novedad, pero siempre está ahí para generar dudas sobre donde, como, cuando y de que tipo. Terminada mi breve exposición; Pablo fue enseñando el material y dando la explicación correspondiente; que si ligeros, que si tres tramos, que si montaje super rápido, amortiguación, longitud de agarre y sobre todo el uso adecuado de la imaginación aplicada al bastón.

A continuación tocaba poner poner en práctica diversos tipos de trabajos, poco conocidos dicho sea de paso en relación por supuesto con el uso de estos palos que no suelen faltar en ninguna carrera. Se trataba básicamente de romper un poco la dinámica establecida en cuanto al tipo de entrenamiento habitual en corredores por montaña y abrir otras vías, otros cauces, pero sobre todo otras ideas, otra forma de entender el entrenamiento para un corredor por montaña, que habitualmente tiene tendencia a reducir el campo de visión a la hora de su preparación diaria.

La idea parece que fue bien recibida, de modo que entre sube y baja, un poco de barro y algún que otro lío con las pautas exigidas; llegó la hora de volver al Remoña, donde nos esperaba una ducha y comida ligera; recomendación del maestro Pablo, que, nos sentó de miedo.

Capítulo IV                                        LAS CUESTAS



Tras la comida un postre casero para poner el alma en remojo y listos para tras un breve descanso; vuelta a los coches para enfrentarnos a las cuestas.

Yo inocente de mí, pensé que algún participante, le tendría cierto respeto a los desniveles, que aunque no eran espeluznantes, ya tenían el ángulo suficiente, para que los temerosos dieran los primeros signos, cosa que no ocurrió; de modo que si alguno pasó miedo, no lo dijo y todos se pusieron al parecer encantados a la tarea, demostrando algunos, más que buenas dotes para manejarse en este tipo de situaciones; pero todos en general autosuficientes.

Después de tocar varios tipos de desniveles, dentro de la misma zona, vuelta al Remoña, pasando antes por el “palacio de deportes” para hacer unos ejercicios simples de fuerza y unos estiramientos, de esos que sirven además para darle a la lengua.

La cena ya puso los pelos de punta al personal; si la comida había estado fenomenal aún siendo “dieta para deportistas”; en la cena debieron de pensar que el desgaste había sido grande, de modo que plato para acá plato para allá, la cosa se fue animando y para cuando llegó el postre, algunos indocumentados que pensaban que “a otra cosa mariposa”, se quedaron de piedra cuando escucharon a Montse lo que había (naturalmente todo casero): Flan de no se qué con no se cual, tarta de bizcocho al chocolate blanco, tarta de queso, de pera, de melón? O ¿era el orujo?; en fin, que no sigo porque alguno que no pudo ir, a estas alturas de la lectura estará llorando como una magdalena.

Capítulo V.-                                    LA PLANIFICACIÓN

Tras la cena, tocó charla sobre la planificación. Hay que reconocer que soy como soy, y a veces eso se nota; de modo que se me ocurrió hacer un símil con la construcción de un chalet, desde la preparación del terreno hasta el fin de la obra. Nunca he creído que contar a alguien como entrena fulanito o menganito por mucho nivel que tenga pueda servir para que los demás hagan lo mismo, aunque reconozco que por desgracia la mayoría sigue las pautas de aquellos que aparecen en los medios como “los mejores”, por mucha distancia que exista entre las cualidades de ambos. Esto no es el juego de “lo sabe no lo sabe”, y aunque la mayoría buscan diversión en grandes dosis; dejar las cosas al azar está provocando ya demasiadas lesiones; de modo que intenté dar unas pautas para que cada uno se buscase la vida lo mejor posible.

Un poco de charla amigable y algunos a la cama cuando los relojes marcaban ya las dos de la madrugada.

Capítulo VI.-                                                  LA NIEVE


El domingo tocaba nieve y desde luego la había en grandes cantidades por los hermosos parajes del entorno de Fuente De; donde nombres como Deva, Camaleño e incluso Peña Remoña son bastante conocidos. Creo que no me equivoco si digo que resultaría a la postre; el día más divertido de todos, como bien muestran las fotos que podréis ver más adelante, que nos muestran por un igual tanto el lado divertido, como el competitivo.

De nuevo vuelta al hogar y el comedor lleno de nuevo; como para faltar estaba la cosa; ni más ni menos que cocido lebaniego; si alguno lloraba antes por no poder venir, a estas alturas se estará ya tirando de los pelos. No quiero dramatizar, pero el gusto que le da la cecina a este plato, con el añadido de probar después de muchos años “el relleno” es para morirse. Tras el cocido de nuevo los mejores postres del país, un cafetín y un poco de charla antes de la vuelta.

No se si fue el cocido, la tarta o la emoción, pero a estas alturas alguna de las “Bandoleras”, derrapaba sobre sus propias palabras, y erre te erre, erre te erre; fueron desgranando algunas de sus aventuras, sobre todo una que tan pronto se creía un pescadito, como un tiburón. Al parecer cuando compitiendo se encontraba por detrás de algún rival, era tiburón, pero si el rival era el que llegaba por la trasera era pescadito. Algún alma benefactora se la llevó a otra parte y pudimos respirar tranquilos, pero cuando al poco tiempo, la vi llegar con una copa en la mano y una enorme sonrisa, me dije “tierra, trágame” y “apañados estamos”, pero afortunadamente, ni la copa era para ella, ni venía a nuestra mesa, de modo que en cuanto pudimos levantamos el campo y tras una calurosa y emotiva despedida nos fuimos para nuestras casas hasta la próxima cita.

Capítulo Final.-                                     LA CONCLUSIÓN.

Conocí estos parajes de la mano de Pablo Criado en el “Desafío Cantábria”; tengo que decir que disfruté de lo lindo; posteriormente he ido haciendo amistades entre gente que disfruta compitiendo estas enormes distancias, y tengo que reconocer que son todos muy parecidos, fundamentalmente en lo positivo, en lo humano, y en lo agradable. Aquí se mezclan los mejores del panorama mundial con otros que no llevan ni medio año en el mundillo, y salvo por sus nombres, nadie sería capaz de adivinar quien es quien en cuanto al trato se refiere.

Me satisface plenamente estar cerca de esta gente, que sufre como todos los demás, pero es que además está capacitada para sufrir donde otros no pueden, y convertir ese sufrimiento en un manantial perpetuo de satisfacción.

Espero volver al Remoña, no una, sino muchas veces, y en alguna de ellas, espero encontrar el momento oportuno, para disfrutar con la satisfacción de poder devolver, aunque sea una mínima parte de lo que me han ofrecido desinteresadamente los amigos que allí dejo.

Las fotos, se irán colocando aquí:

http://penatren.blogspot.com.es/2013/02/remona-centro-de-alto-rendimiento.html

Por cierto que aquí podeis ver también lo que la reportera más intrépida de las montañas ha colgado.


Ha sido un placer haber podido compartir este fin de semana con todos vosotros es decir: Pablo, Antonio, Jesús, Montse, Noe, Berto, Marta, Carlos, Carmen, Nuria, Maribel, Ana, Anita, Roberto, Eduardo, Mª Jose Oliver, Gorka, Luis, Encarna y Maria; haced buen uso de los extensos conocimientos que ahora poseeis.