RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

23 abr. 2014

GLADIADORES

GLADIADORES, VERSUS... GENTE QUE CORRE POR LAS MONTAÑAS


GLADIADORES, VERSUS... GENTE QUE CORRE POR LAS MONTAÑAS

Uno no deja de pensar que el mundo se repite a sí mismo, que idénticos sucesos acaecen en épocas diferentes con distintos sujetos; que las modas se repiten y no solo se actúa igual, sino que lo que nos empuja tiene el mismo origen y el mismo fin.

Hoy más que nunca en nuestro entorno, son legión los que participan de la montaña en uno u otro modo. No hay prueba de larga distancia que no tenga un número de adeptos tan numeroso que en las más de las ocasiones, muchos tendrán que ver los toros desde la barrera, porque se ha cubierto el cupo antes de lo previsto. Y por supuesto, lo mismo ocurre con medias o cortas distancias; desde los cerca de 20 kilómetros a los más de 330 que son las distancias más conocidas para carreras que se hacen del tirón; cada vez más corredores se quedan fuera por haberse cubierto las plazas ofertadas.

Las carreras por la montaña, están de moda, lejos aún del balón pie, pero por el camino que vamos, si nadie pone trabas (que ya van apareciendo), la distancia entre ambas especialidades se recortará ampliamente. Todo se andará.

De moda estuvieron en su día los famosos gladiadores, y aunque todos identificamos inmediatamente gladiador con esclavo, ha habido detalles alrededor de este gran circo, que han permanecido medio ocultos para el común de los mortales.

Pocos saben que en realidad, los gladiadores, a pesar de su procedencia, eran los niños mimados en toda Italia, incluso, que eran mejor cuidados y entrenados que los propios soldados romanos a pesar de que tanto unos como otros luchaban por su vida en cada pelea; salvo que los primeros lo hacían para satisfacer una necesidad de ocio y los soldados para mantener en pie el imperio romano.

Era tal la moda, que los mejores se convertían en auténticos héroes, y salvando las distancias, en auténticas estrellas, cuya fama alcanzaba hasta los más lejanos territorios conquistados.

Había un circo dentro del propio circo, pero otro fuera, y voy a tratar de explicarme.

El circo interior consistía principalmente en las peleas y en el hecho de lograr con ello distraer a la masa ciudadana de otros aspectos mucho más importantes de la vida diaria.

El circo exterior, como ocurre hoy día con las carreras por las montañas, era muchísimo más amplio, los luchadores tenían “entrenadores” que solían hacer coincidir ese papel con el de empresarios, (mánager) buscando a los mejores por todos los rincones, (ojeadores se les llama hoy día), y no solo compraban y vendían, sino que además contrataban a los mejores cuando interesaba (como hacen algunas marcas deportivas en la actualidad) haciendo algunos un gran negocio de todo ello; al tiempo que algunos de sus luchadores se convertían en verdaderos ídolos de masas, atrayendo a la arena, todo tipo de personajes, incluso hombres libres; unos por un sueldo y otros por una porción de fama.

Hay quien dice que influían en el precio que tenían que pagar los asistentes, e incluso que hay indicios de casos de “tongo”, ¿podía ser de otra manera?.

Dejo para el final algunos datos más de cierto interés, uno es la creación de “escuelas” de lucha para preparar a grupos de principiantes, para el combate en la arena; otro que no por ser menos conocido no dejará de sorprender a algunos, el hecho de que muchos gladiadores, “cobraban” por luchar y por último señalar que tanto médicos como nutricionistas (al estilo de la época), no andaban muy lejos de este gran circo y otro dato desconocido; en contra de lo que se pensaba, solo moría un diez por ciento del total.

Por último, un dato de actualidad, los entrenadores (lanistas), establecían reglas para el combate (¿les suena?). Hoy son otros estamentos los que imponen las reglas (una de las últimas reglas: prohibir la participación de corredores descalzos o con zapatillas “raras”).
Y lo mejor de todo: Los romanos copiaron este espectáculo, de ciertos ritos funerarios atribuidos a los etruscos.

Definitivamente, alguno me dará la razón cuando digo que en la vida muchas cosas se repiten.