RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

29 may. 2014

OBSTÁCULOS

Obstáculos benéficos



Sales un día cualquiera de casa, pensando que a las doce tienes que ir a no sé dónde; que ayer olvidaste llamar por lo de la caldera, que te da que no va a ser este tu mejor día porque por la tarde tienes un montón de cosas que hacer, y que encima como tienes que llevar el coche, lo más seguro es que no encuentres donde aparcar.

Los obstáculos nos sirve a veces, para reconducirnos por el camino verdadero, que nos empecinamos en abandonar tan a menudo. A veces la adaptación no requiere demora, otras esas trabas son una ayuda necesaria.

Al igual que nos ocurre cuando nuestro ordenador se niega a arrancar hagas lo que hagas y no queda otra solución que formatear, aún a costa de perder el contenido del disco duro; lo mismo, pero de manera voluntaria, deberíamos hacer a menudo con nuestras vidas.

Se nos antoja como una enorme tarea ejecutar este acto con nosotros mismos, porque estamos ligados a la materia ocasional, la tele, el móvil, el sofá, y un número creciente de inventos “maravillosos”, sin los cuales podríamos vivir perfectamente.

Aunque fuera de un modo parcial, sería un ejercicio muy saludable para cuerpo y espíritu, hacer una limpieza sistemática y deshacernos de muchos de esos trastos inútiles que atesoramos más por vagancia que por inteligencia sabiendo que más temprano que tarde volveremos a llenarlos de telares que nada aportarán a nuestras vidas.

Ya puestos, deberíamos hacer lo mismo con otras zonas de almacenaje que no son visibles al ojo humano; estamos hablando de nuestras mentes que también se llenan de suciedad y que necesitan limpiezas más habituales de lo que la mayoría de la gente piensa.

La limpieza tiene dos factores de grandísima importancia, por un lado tiene un componente de liberación, y de satisfacción que son primos hermanos, y por otro de utilidad, puesto que al hacer huecos nos entrarán más cosas; pero hay otro factor aún más importante, cuando aceptamos la pérdida, nos damos cuenta de que al final nuestras posesiones tampoco eran tan importantes, incluso, tal vez sintamos cierto desahogo al llevar menos lastre.


Pero ¡ojo!, no te emociones y llenes ese espacio vacío demasiado rápido.