RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

7 feb. 2015

LAS DOS PARTES DEL TODO





Se habla mucho del bipartidismo, como eje del mal endémico que sacude nuestro país, demasiado a menudo se habla de fraudes, tráfico de influencias, colusiones, sobornos, extorsiones y otros males a los que aún no se ha puesto nombre, se habla de populismos y populistas, como si no lo fuesen TODOS, y se habla demasiado a menudo de corrupción política y empresarial.

Efectivamente el divide y vencerás es en este caso curiosamente utilizado para unir más que para separar, haciendo ver a los ciudadanos que solo dos de entre todas las opciones merecen la pena.

Sobre los populismos, poco hay que decir, porque tanto unos como otros intentan abusando de ese fraude llamado engaño, convencernos de que las “ofertas” de unos son infinitamente mejores que las del resto.

Sobre corrupción, estamos llegando a un punto, en que duele hablar, puesto que las consecuencias han llevado a una gran parte de la población a vivir día tras día pendientes de un hilo, alcanzando cuotas increíbles de sufrimiento agravadas en muchísimos casos por la casi dinámica persecutoria de los actos de muchos ricos que luego sufren los pobres.

Mucho tiene que ver en todo esto la total falta de empatía de la clase política sobre el resto de los ciudadanos. Es tan grande el nivel de egoísmo por parte de aquellos que toman decisiones para un país, que la mayoría no sería capaz de imaginarse que el hambre sea algo real en el país que ellos habitan.

Es aquí donde toma sentido el término “casta”, porque realmente esta gente vive dentro de un “circuito cerrado”, de tal modo que para acceder hasta él, sería preciso primero desmontarlo (en eso están algunos ahora).

Partidos y sindicatos (salvo esas excepciones que cumplen la regla), llevan muchos años planificando por encima de sus posibilidades a sabiendas de que si un día vienen mal dadas, siempre tendrán a mano un paracaídas inmenso llamado población. Tanto unos como otros han olvidado su verdadero deber, el de los partidos defender a los ciudadanos, y el de los sindicatos defender a la clase trabajadora.

En vez de esto, todos ellos se han dedicado a mantener posiciones, empleando para ello todo tipo de estrategias incluso en demasiadas ocasiones favoreciendo descaradamente justo a quien tendrían que perseguir.

Una vez más se azota al personal con ese látigo llamado “futuro”, y mediante el miedo a lo que vendrá, intentan que nos olvidemos del ayer y el hoy que nos han llevado y nos llevan donde ahora mismo estamos.


Puestas así las cosas, no es de extrañar que el hartazgo popular esté alcanzando un punto de no retorno; los motivos han estado siempre ahí, solo que ahora, incluso los que no dudaban en ponerse al servicio de sus propios maltratadores, se lo están pensando. Seguramente volverán a caer en el error de creer que esta vez será diferente, pero solo el hecho de que por primera vez se les vea dudar ya es un paso gigantesco para todos, pues aún habiendo consentido estos años dejarse gobernar por mandatarios ineptos, ya muy pocos prefieren seguir sufriendo la corrupción generalizada que ha destruido no solo la economía, sino las ilusiones y el futuro de todo un país.