RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

5 mar. 2015

EL CARÁCTER DEL CORREDOR


Es el carácter, una señal, una marca, un signo que llevan las personas en su interior, una característica que las define y diferencia entre sí. Dicho en tres palabras, carácter = modo de ser.

Aún en el caso de que el carácter se herede, a lo largo de la vida uno aprende que es materia moldeable. A veces es una cualidad y otras un obstáculo, en ocasiones esa marca invisible se recibe parcialmente de algún antepasado, algunos se llevan esa señal a la tumba, pero en casi todos se producen transformaciones.

Les hay que son expertos en disfrazar su aspecto físico para dar una imagen pública de un carácter que en realidad no tienen y sin embargo otros que aparentan no poseerlo lo tienen a raudales.

Se habla de corredores brillantes, resistentes, veloces o todo terreno, les hay que aguantan chuzos de punta, los que no se arrugan ante un precipicio del demonio, e incluso les hay que disfrutan como niños cuando les llega el barro a las rodillas, y por el contrario, existen los que se aplanan con cuatro gotas, los que no disfrutan cuando la cosa se pone complicada, e incluso los que sufren cuando un cualquiera les enseña el trasero.

Muchos lo han descubierto con el tiempo, pero otros aún no lo saben, en realidad, es un secreto a voces que el carácter también influye en la competición, y es precisamente por eso, que debemos entrenarlo igual que el resto de capacidades y cualidades.

Evidentemente, no estamos hablando de un músculo, de un ligamento o de un hueso, y sin embargo también puede hacerse pedazos cuando no se le ha dado la forma adecuada.

El carácter tiene memoria y aprende cada día, pero de cada propietario dependerá realizar los retoques precisos para convertirlo en su fortaleza.

Todos hemos oído la frase “no sé qué va a ser de este niño el día de mañana, no tiene carácter”, vienen a decir que no tiene sangre en las venas, y sin embargo muchos de esos niños han llegado donde otros que prometían mucho más no han podido acercarse.

Cierto que no todos nos comportamos igual, pero cuando se trata de correr, deberíamos ser capaces de controlar nuestro temperamento, o mejor aún, de adaptarlo a las circunstancias de cada carrera para convertirlo en una mejora.


Se trata de transmutar lo negativo que nos afecta durante la carrera, en positivo; una vez que la voluntad esté de nuestro lado, el resto será sencillo, entrenar, entrenar y entrenar.