RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

10 abr. 2015

AL FINAL



Existe un grupo numeroso corredores e incluso federaciones deportivas, que, solo ven éxito o fracaso en función del puesto en competición. Hablamos de dos parámetros, a saber: “perder o ganar” (ganar y perder).

Para ellos, no hay medias tintas en esto de los resultados, de modo que los que no alcancen esos niveles son vistos en más de una ocasión, como un segundo plano, pura anécdota, relleno, morralla, calderilla.

Es muy curioso el sentido que le damos a lo de la posición, y no ya solo desde el interior, sino también desde el exterior como espectadores.

Tendemos a ensalzar a los “cracks” sin reservas, es decir aquellos que consiguen las primeras posiciones, ellos son los que se llevan el grueso de la noticia; en ocasiones se cita más al cuarto por aquello de la medalla de chocolate, que al tercero o al segundo, y a partir de ahí la purrela a la que por lo general no se cita, salvo para el anecdotario.

Hasta aquí una visión, ahora otra muy diferente.

No es que sea la excepción a la regla, pues ocurre en otros ámbitos, incluso en el atletismo hemos visto recientemente un par de casos dignos de destacar; pero en esto de las carreras por montaña, es frecuente ver como los corredores se animan unos a otros, y a veces hasta se incumple una de las reglas “sagradas” del atletismo, pues no solo se anima, sino que se “ayuda” al que lo necesita, perdiendo el benefactor puestos en la clasificación general.

Esta gente cuando auxilia a los que otros podríamos considerar sus rivales; no está pensando en que su acción pueda ser perjudicial para algún competidor, solo ve a un compañero de fatigas que lo está pasando mal, que necesita su ayuda y desinteresadamente se la ofrece, ¿qué más se puede pedir?.

A día de hoy, este tipo de carreras tiene ese halo especial que convierte a sus protagonistas un poco en libertarios, pues no están sujetos a grandes reglas salvo las que cada organizador establece para su carrera. Nadie sabe cuánto durará esto, pues ya tenemos algunos organismos oficiales tratando de meter baza, de imponer sus reglas, de obtener un provecho en definitiva, y echarán mano de esa anarquía, de esa libertad de acción para proponer cambios, mejoras sustanciales, ofrecerán protección como hace la mafia, propondrán reglas, normas que beneficien a todos, ofertarán algunos puestos de privilegio, y al final “ Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional (1)

Pero retomando el tema de las diferencias, lo que tal vez sea excepción respecto al atletismo, no está dentro de la carrera, sino fuera, y me refiero a los que recorren grandes distancias en coche y luego además tienen el humor de trepar los riscos más complicados como si fueran adictos a la montaña.

Me refiero a esa masa extraordinariamente numerosa en ocasiones y siempre generosa, que como ocurre con el ciclismo, se agolpa en las cunetas o en los puntos más altos del recorrido y que parece no diferenciar entre últimos o primeros, animando con tanta fuerza a unos como a otros, conscientes del gran esfuerzo que supone llegar a completar algunas carreras que más parecen para locos que para gente cuerda. Ese valorar el esfuerzo por encima de la posición, tal vez sea uno de los motivos por los que aún no tenemos violentos en las carreras por la montaña.

¿Se imaginan, algo parecido en un partido de balón pie?.

Seguramente lo habré dicho en alguna ocasión, pero la edad no perdona y tampoco pasa nada por repetirse alguna vez: “a los primeros se les anima por lo que han logrado, y a los últimos por lo que están a punto de lograr” (2)

  1. Frase correspondiente al cínico manifiesto del rey, Fernando VII, fingiendo acatar la Constitución de Cádiz, de 1820 (La Pepa).
  2. En realidad desde el punto de vista del corredor, a veces un segundo puesto es derrota y un último victoria.