RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

20 jun. 2015

HABLEMOS DE DEPORTE, O DE LO QUE SEA, PERO HABLEMOS SIN DISPARAR

Aspirantes a Perdedores


Lo que subyace tras la enorme y abismal polémica sobre Zapata, no es más que pura estrategia de los caciques cuando se encuentran con alguien que no les ríe las gracias o que incluso se atreve a discrepar.

Incapaces de esconder la mala leche que les ha causado un resultado que a todas luces ha sido desproporcionado; pues demasiados votos han tenido tras haber sembrado el país de una corrupción, que incluso sus propios votantes han tenido la desgracia de soportar; desempolvan ese caciquismo rancio con olor a naftalina, en el que a muchos desearían seguir viviendo.

El mal perder da muestras de la baja calidad de estos políticos que no son capaces de reconocerse a sí mismos en el espejo del ahora.

La estrategia es sencilla, intentar demostrar que los que llegan son mucho peores que los que se van, que la ciudadanía está equivocada y manejada con malas artes por ese populismo que ellos tildan de extrema izquierda, pro-etarra, pro-venezolano e incluso directamente de, terrorista.

Hablar de los tuits del tal Zapata, implica hablar menos de la corrupción generalizada en un partido donde de aplicarse estas reglas, no debería quedar a día de hoy ni el tato, y menos su presidente, que para colmo es el presidente de todos, no solo de su partido.

Hablar de esos tuits, implica hablar menos de las estrategias para librarse de la Gurtel, de sobres, ciertos dineros y un largo rosario de casos similares.

Que gente que ni se inmuta ante las muertes en África, en el mediterráneo, o en su propio país, que gente que coloca cuchillas contra los que intentan sobrevivir pasando por nuestras fronteras, que gente que añora al dictador al tiempo que piensa que “por algo será”, en referencia a los muertos en las cunetas durante el franquismo; que gente así más próximos al fanatismo hitleriano que otra cosa se permita hablar de xenofobia no solo es ridículo, sino de una caradura insoportable.

No tiene que preocuparnos que hayan esquilmado el país, escondidos tras las recetas del salvaje neoliberalismo que impera contra toda lógica hoy día en el mundo; no hay ningún problema con los “sin trabajo” “sin techo” “sin comida” “sin cultura” “sin sanidad”; pero el mundo se tambalea por unos tuits que por muchas vueltas que les demos, son el pan de cada día en esta España que se ríe hasta de sus muertos. En León se matan judíos cada Semana Santa, en los medios escuchamos chistes sobre sordos, sobre ciegos, sobre mudos, sobre mujeres, maricas, gitanos, negros, chinos, sobre vivos y sobre muertos, el que más y el que menos los ha escuchado sin sonrojarse, e incluso se ha reído y una gran mayoría ha contado alguno en su vida aunque no haya quedado retratado en la red.

Ya está bien de utilizar los momentos particulares en la vida de un individuo para hacer política , ya basta de utilizar todos los medios subvencionados en su mayoría con dinero público para que la gente se fije no en las cualidades de una persona, sino en ese fallo que muchos cometemos a lo largo de una vida.

Hazme cien, fállame una y como si no hubieras acertado ninguna. Tal vez fue la experiencia en la batalla diaria, lo que incitó a la alcaldesa de Barcelona a decir algo que tiene su miga “no nos dejéis solos”.

No hay odio ni revanchismo en los corazones de esta nueva generación de políticos como quieren hacernos ver algunos que añoran “noches de cristales rotos”, crucifijos y hogueras; gente que no perdona a estos mocosos que les dejan en evidencia bajando en vez de subiendo sus sueldos, tomando medidas contra el hambre que otros nunca han querido ver, ahorrando desde el primer paso en vez de despilfarrando. Me imagino que muchos en la oposición estarán pensando que con ese sueldo no merece la pena estar en la política ahora que se han complicado los pagos en B y los chanchullos que al final es de donde viene la pasta.

Lo que subyace es el hecho de considerar que todo les pertenece porque algún día tal vez pudo ser así, o porque alguien les dijo que tienen una genética especial que les sitúa por encima de los demás.


Si respetar las opiniones de los otros es un signo tanto de inteligencia, como de democracia, por lo que vemos aquí ambas brillan por su ausencia.