RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

30 jul. 2015

LA ORQUÍDEA Y EL OSO


Este fin de semana conocí a Teresa; es una mujer de armas tomar, amable pero de crítica espontánea y pistolera; es como la dama de hierro, pero en amable, en berciano para entendernos. Siempre sabe que vía tomar y de raíles y otros temas ferroviarios, sabe un rato.

Colabora con la carrera del Cueto del Oso, porque adora su tierra, aunque a veces no llegue a comprender la actitud de algunos de sus vecinos que en su opinión (o eso he creído entender), se han vuelto un poco pusilánimes, o cuando menos algo cómodos.

Hemos charlado un buen rato de las cosas del día a día, y desde luego sabe de qué habla e incluso de quienes habla lo cual no es para nada coincidencia, sino producto del tiempo transcurrido y de un cúmulo de vivencias y aprendizajes voluntarios e involuntarios.

En la Orquídea Real (no la de Colombia, sino la que hay en Villablino), se duerme a pata suelta, y dependiendo de la temporada que escojas, puedes aprovechar para que te den unas letras en el colegio que está justo enfrente.

Teresa madruga para que todo esté listo antes de que te sientes a la mesa y es de agradecer cuando tienes que salir pitando a las siete y media de la mañana de un domingo que no es un festivo cualquiera, sino el día de la tercera cita con una carrera que va tomando enjundia allá por Palacios del Sil, que dicho sea de paso, está a un tiro de honda de Villablino.

Ángel y algunos de sus amigos y colaboradores, también madrugan y también transnochan. Yo intenté verle cuando llegué a Palacios pero se había echado al monte por un asunto de avituallamientos y otras menudencias, “ a los corredores que no les falte de nada” me dijo cuando dieron las tantas y apareció por casa, donde por cierto ya andaban un tanto preocupados por la tardanza; y es que a veces el monte sorprende hasta a los más avezados del pueblo.

Todos los años tiene Ángel una cita con los nervios, con las prisas y con miles y miles de pensamientos, que si esto, que si lo otro, que no me olvide de lo de más allá etc., pero lo cierto es que hasta ahora le ha ido muy bien y parece que los participantes lo agradecen que es lo principal en estos saraos montañeros.

No se puede decir lo mismo de algunos que armados con una cámara intentan emular a los fotógrafos de verdad; es el caso de uno al que enviaron al mismísimo arroyo. El hombre puso voluntad, pero que si la luz, que si la ignorancia, que si no se qué no pegó una a derechas y de buena gana las hubiera borrado todas, pero aquí el personal parece que pasa de esos detalles y lo que quiere es que le identifiquen aquí o allá aunque solo sea por el dorsal cuando acierta a estar visible en la foto, o por el color de la camiseta y el pantalón.


Sea como sea, unos corriendo, otros andando y otros colaborando; al final lo de los nervios termina siendo agua pasada y salvo alguna excepción (que ya sabemos que es la que confirma la regla), todos contentos y aquí paz y allá gloria.