RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

20 ago. 2015

PABLO CRIADO TOCA



No soy muy aficionado a echar flores en público a las personas con las que tengo alguna relación, prefiero alabar las virtudes de gente más lejana, lo que no quiere decir que estos se lo merezcan menos que aquellos.

No hace tanto, le tocó a Pablo Villa por un reto que en mi humilde opinión, aunque prácticamente no tuvo transcendencia fue algo digno de resaltar; se trataba de hacer el anillo del Vindio en modalidad invernal junto a Jesús Novás y Salvador Calvo. Fue un reto plagado de dificultades, que se solventaron con mucha valentía y algo de locura, y fue tal vez la insensatez y no el reto lo que me empujó a escribir un breve artículo al respecto.

Ahora se trata de otro anillo; y el protagonista es otro Pablo, esta vez se trata de Pablo Criado Toca, un coleccionista de sueños, en los que las largas distancias son la base fundamental antes que cualquier otra circunstancia; salvo tal vez el lado divertido que siempre busca y casi siempre encuentra en cada uno de sus retos.

Hace ya algunos años le rondaba la idea de hacer algo especial; enlazar cuatro picos, el Cervino, Monte rosa, Gran Paraíso y Monte Blanco como si fuera una carrera, es decir, corriendo, caminando y trepando, pero haciendo cumbre en cada uno de ellos (no recuerdo ahora exactamente, pero baste decir que entre los cuatro suman la friolera de más de diecisiete mil metros).

Alguien le colgó el epíteto de “El Gigante de los Alpes”, tal vez por un error de traducción, en referencia a los gigantes de más de cuatro mil metros que acabamos de citar, y como se suele decir, “malo es que empiecen”.

Si tuviera que destacar una cualidad en Pablo Criado, tal vez sería su arte para disfrazar sus enormes capacidades y convertirse en un ser del montón; creo yo que es ahí donde radica su grandeza y como he dicho en alguna ocasión su talento para hacer grandes amigos allá donde vaya.

El mensaje nunca fue “seré el primero”, sino recalcar la importancia de la seguridad en montaña, invitar a muchos aficionados a que no sobrepasen sus límites y valorar el trabajo de muchos profesionales que aman su cometido y realizan una labor fundamental en las montañas.

Muchos hemos seguido sus pasos aquí y allá, evidentemente cada uno a su manera; la mía es frecuentar los gestos, y detalles que nos ofrecen las fotografías del día a día y no puedo evitar acordarme de alguna de no hace tanto tiempo y por la misma zona, en la que se podía apreciar un aspecto totalmente febril en el rostro de Pablo y de preocupación en el del Sr. Millán que siempre le acompaña allá donde vaya y lo precise. En esta ocasión, aparte de una merma en su figura y barba atrasada, el aspecto era festivo, de modo que no hubo nada que temer, más allá de los peligros que entraña todo sueño.

El objetivo tras cerca de cuatrocientos cincuenta kilómetros a las espaldas, y acompañado de un tiempo lamentable que le obligó a realizar algún cambio en el circuito, sin variar la filosofía; ha sido todo un éxito; los que se declaran sus amigos han disfrutado como siempre, especialmente sus “paisanos italianos”, sus conciudadanos, y a nivel local, sus colegas del “Remoña”, su base de operaciones en la localidad de Espinama, que viene a ser su segunda, tercera o quinta residencia, pues es Pablo de esos que tienen garantizado techo y sustento en los lugares más inverosímiles del planeta.

Creo que es obligado compartir este sueño realizado con sus amigos italianos y españoles, alguno de los cuales le acompañó en algún momento del lance; pero, dejando a un lado a Millán (su padre), no podemos citar a Pablo sin hablar de Ana Bustamante; (otra perla donde las haya); que me confesaba haberse bebido de un trago, doscientos cuarenta kilómetros de asistente, en esta aventura de la que a buen seguro aún está disfrutando, pues bien sabe ella, que para aventureros como ella y Pablo, siempre llega ese momento dulce que sabe a oro molido, aunque les cueste luego levantar un dedo para pedir cerveza.

Es en definitiva Pablo un viajero en el tiempo, lo curioso es que ya sea cien años antes o ciento después, siempre le veremos con esa sonrisa que le caracteriza, salvo claro está, cuando se apea de la nave, pero como eso nunca ha sucedido aún tendremos que esperar un rato para ver si le cambia el gesto.

10 ago. 2015

VILLALFEILDE 2015 (Crónica y fotos)



LA FELICIDAD DEL NAUFRAGO

A veces ocurre que van tan a gusto en la barca que no caen en la cuenta de que la barca hace aguas, que los remos están ya tan gastados que piden otros nuevos, o que el barquero lleva toda la noche remando y ya no puede más; es así como toda esperanza desaparece y los cuerpos se van con exasperante lentitud al fondo incluso en las aguas más mansas.

Otras veces por el contrario, encontramos lugares remotos donde incluso los que naufragan lo hacen disfrutando, donde todo transcurre por la vereda de la alegría, del placer, de la diversión, del compartir y regalarse una hermosa mañana de domingo.

El día 9 de agosto, ocurrió en Villalfeide, un pueblin camino del norte de León; ocurrió que el tiempo transcurría ajeno al devenir diario, por un lado lento, pausado y vertiginoso al mismo tiempo por el otro.

En el mar hay muertes, aquí en la montaña, gente que resucita. En el mar todo el mundo evita irse a las profundidades, pero en la montaña ocurre justo lo contrario, en ella lo abismal se busca con ahínco.

Trepar por los riscos cuesta, pero al mismo tiempo da placer y la meta final es alcanzar ese fondo que aquí suele ser azul, y que todos llaman la cumbre, o cima, en definitiva; la parte más alta de la montaña.

Algunos probaron hace años y han sido sometidos por el aire, la tierra el propio esfuerzo y las gentes que habitan estos lugares que estos días se vuelcan para que todo les resulte agradable a los corredores; para que no duden en retornar en años venideros y parece que lo están consiguiendo con cada edición de una carrera que ya es referencia fuera de León: “Villalfeide Polvoreda Carrera por montaña- Campeonato de Castilla y León”.

Hay quien le tenía ganas (eso dicen), y ahora que lo han catado quieren volver a probar el año que viene, el implacable crono dejó gente fuera, pero mientras duró disfrutaron tanto o más, como el que llegó primero, de modo que incluso los que no tuvieron la fortuna de su lado se sienten realmente afortunados.

Ahora sería el momento de la crítica veraz y constructiva, (no de esa barrio bajera y envidiosa que algunos utilizan para elevar su pobre autoestima) pero parece que las quejas brillan por su ausencia.


¡Mejor que mejor!.













































































































  




























 







































































































































































































































































































































































Fin.