RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

17 sept. 2015

Pena de carrera





Leo por ahí que es una pena que “fulanito de tal” no haya podido completar el recorrido marcado en una carrera por montaña; y yo me pregunto ¿pena? ¿pena de que? ¿de hacer lo que te gusta?.

Evidentemente la tristeza e incluso la rabia pueden aparecer, pero jamás para quedarse porque de otro modo algo estamos haciendo mal utilizando el peor significado de la palabra, que estaremos traduciendo por “castigo”; en vez de otra acepción más interesante que es: “ha valido la pena”.

Hemos hablado muchas veces de los objetivos que deben guiar a todo deportista que se precie, y aunque evidentemente los términos ganar y acabar se usan con demasiada frecuencia, tal vez el que más se escuche, sea la palabra “sufrir”, cuyo significado para que todos nos entendamos es “soportar”, es decir aguantar hasta donde nos sea posible.

Aguantar hasta donde no es posible solo ocurre en las películas, puesto que incluso en los casos que vemos como extraordinarios, esas personas llegaron hasta donde pudieron aguantar su sufrimiento, lo que no deja en mal lugar a los que no han conseguido ninguna de esas proezas, ya que cada cuerpo está formado por unas piezas particulares y evidentemente cada estructura física es diferente a las demás, pues aunque tengamos los mismos órganos, las capacidades son diferentes.

Vistas así las cosas, tendremos que reconocer que en carreras muy largas, el esfuerzo ha podido ser el mismo en el que ha llegado primero que en el que ha llegado el ochocientos, puesto que ambos han dado todo lo que tenían sin dejarse un gramo de esfuerzo por gastar.

Pero volviendo al asunto de los objetivos, todo participante y más en carreras que superan los cien kilómetros por la montaña, saben más o menos lo que se pueden encontrar; incluso gente bastante alejada de este mundo como pueden ser los peregrinos, podría contarnos con pelos y señales algunos de los inconvenientes que cualquier corredor por montaña se encontrará, a saber, ampollas, rozaduras, frio o calor intensos, agua, nieve, cansancio, calambres y otros problemas musculares y algunos más que aún siendo menos habituales te pueden obligar a coger el camino de vuelta.

Si trasladamos estos inconvenientes a una carrera por montaña y le añadimos los tramos de carrera, las horas de recorrido nocturno, los peligros inherentes a la altitud, el sueño, los más de tres días de esfuerzo continuo para los privilegiados, que para muchos se convertirán en más de seis, veremos que lo sencillo es que te afecte cualquiera de estos problemas y de cinco participaciones no termines con buen criterio, al menos una e incluso más.


No poder finalizar, forma parte de este tipo de carreras, tanto da que sea porque uno ha llegado al límite de sus posibilidades, o como ya ha sucedido en más de una ocasión, porque la organización juzgue necesario anular parcial o totalmente el recorrido, y aún te hayan quedado fuerzas para continuar e incluso para mejorar tu posición; al final esto no es un trabajo garantizado para siempre del que se espera poder vivir, sino una forma de vida que te debería aportar un tiempo de placer; de modo que si el tiempo de gozo ha sido más corto de lo esperado yo creo que lo de “es una pena” debería dar paso al “ha merecido la pena”, es tan sencillo como eso.