RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

15 sept. 2015

¿QUÉ DAÑO HACEN?


Hace ahí fuera un día de perros, en breve tendremos fuego en la chimenea que por estas fechas siempre procuramos dejar lista por si los fríos; llueve y hace viento a partes iguales, aunque aquí dentro se está la mar de bien, excepto que anoche tuvimos invitados sorpresa que no deseábamos para la cena; y como consecuencia, aquí me encuentro impedido sentado en mi silla de cuatro patas con un par de cojines bien pegados a la espalda para darme acomodo.

Doña Lumbalgia y doña Ciática son así de imprevisibles, llegan sin invitación, se instalan a sus anchas, cenan contigo, duermen a tu lado, se levantan al mismo tiempo que tú y te siguen a todas partes durante 24, 48, 72 e incluso más horas si ese es su capricho.

No sirve de nada quejarse porque son capaces de ponerte las cosas peor que estaban, de modo que sabiendo que son irreductibles, lo mejor es dejarles que se alojen a su bola y esperar que cojan la puerta de la calle lo antes posible.

No tengo ahora mismo el cuerpo para muchas florituras, esta mañana me he visto reflejado en el espejo y por un momento recordé al jorobado de Notre Dame. Me es imposible describir que tipo de posturas adopto cuando intento caminar, de modo que me pongo en el lugar de los demás y puedo hasta comprender porqué se ríen, pero aún así, no puedo negar que me fastidia.

Me viene a la memoria que justo en estos instantes en que pienso en mis limitaciones, tengo algunos amigos que llevan compitiendo un montón de horas, en una de las pruebas más duras que existen ahora mismo en el mundo, y me pregunto si no se cambiarían por mí en estos instantes que van camino de los trescientos kilómetros de carrera con agua, frío y posiblemente nieve y con total seguridad, un montón de problemas musculares. Yo desde luego no me cambio ni loco, seguramente porque yo no he pedido lo que tengo, mientras que ellos si que están haciendo lo que desean.

Me da por recordar una conversación que he mantenido con un conocido no hace ni dos días sobre las carreras por montaña; que si algunos andan más que corren, que si dañan la naturaleza, que si los ritmos y un sinfín de impedimentos con tal de no catalogar este tipo de carreras como atletismo o simple deporte. Mi respuesta no pudo ser más directa “¿No tendrás envidia?, por supuesto me contestó que ni hablar, a lo que yo le recordé que muchos atletas que ahora se han pasado a este tipo de carreras antes decían lo mismo y los que han aguantado, ya saben de que palo va esto.

No pude dejar de matizar que los que yo conozco, los que no son sucedáneos, los que están lejos de los imitadores de turno, me han demostrado en cada ocasión ser los más fieles aliados, no solo de la montaña, sino además de su entorno, porque en cierto modo no dejan de ser unos enamorados de estos paisajes por los que discurren parte de los mejores momentos de sus vidas.


Mi defensa terminó aludiendo al valor que hay que demostrar, no solo ya para competir, sino simplemente para apuntarse a una carrera de más de 330kms sin saber si podrán con ella; y ese acto de valentía (si valentía, locura o miedo que más da), es para mí el comienzo de la construcción de estos chicos que van camino de convertirse en gigantes; algunos no podrán completar todo el recorrido, e incluso algunos ya no volverán más, pero otros dirán aquello de “para el año que viene te espero”.