RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

18 oct. 2015

EL ALTA



Hoy soy un hombre inmensamente feliz, el siquiatra me ha dado el alta.

No es algo definitivo, de momento solo temporal hasta ver como me funcionan las neuronas, pero el caso es que desde que me dio la baja, no he sido persona ni un solo segundo, los nervios a flor de piel, llantos, pataletas, y lo que nunca pensé que podría suceder, dos puertas rotas a patadas y un tobillo dislocado.

Definitivamente, no sabemos vivir sin altibajos, no comprendemos la inmensidad de lo sencillo y nos empecinamos el más difícil, lo más complicado y a menudo lo más absurdo; y lo que es peor nos vamos hasta el lugar más distante para encontrar lo que tenemos al lado.

Llevo más de 70 horas enganchado al facebook, lo bueno es que me he enterado de un montón de cosas y me he podido recuperar de estas semanas que he estado de baja; bueno también porque como no he tenido tiempo para comer, me noto mucho más delgado, lo malo es que tengo un sueño que no puedo conmigo, me abandonan las fuerzas y no se como voy a poder bajar del gallinero; pero lo peor de todo, es que como se entere Don Saturio esta vez me interna de por vida.

¿Os lo podéis creer?; llevo varios días dando vueltas a una frase que escuché no se donde: “La primera vez que me engañes, será culpa tuya, la siguiente mía”. No es una frase para descabezarse evidentemente, pero está visto que no somos lo que queremos, sino lo que somos; en un principio pensé si tendría relación con esos votantes que a pesar de ser engañados una y otra vez por el gobierno de turno, repiten como si fueran ratas amaestradas, luego que podría ser simplemente una cuestión de desamor, o de una amistad rota, y así seguí dándole vueltas y vueltas hasta que el otro día Don Saturio me dijo que era solo una frase, un pensamiento que no se dirigía a nadie en particular, sino a aquellos que puedan verse reflejados, tanto en el pasado como en el futuro.

Salí de la consulta un poco más tranquilo, pero no tardé mucho tiempo en volver a las andadas, supongo que es lo que tiene ser más inteligente que la media, que al final comprendí cual era el meollo de la cuestión y el meollo era yo.


Al principio nos dejamos engañar por las circunstancias, o simplemente por el subconsciente y es comprensible, pues para todo hay una primera vez, pero cuando los hechos se repiten y no son de nuestro agrado evidentemente nosotros somos los culpables por no haber intentado darle la vuelta a la tortilla, que de ese modo de tanto fuego por el mismo lado, se termina quemando.