RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

18 nov. 2015

TERROR


Cualquier época del año es difícil para vivir en la calle, pero el invierno es demoledor. El invierno es un cuchillo de hielo que atraviesa la supervivencia, es tiritar de frío las veinticuatro horas del día, es acortar sus vidas cada año. Sobrevivir es a veces imposible, no solo por el invierno, también por la rigidez de una administración que actúa como un segundo invierno con sus férreas decisiones”. (Recomiendo leer el artículo completo a los que gusten de los animales http://www.eldiario.es/caballodenietzsche/Albergues-cierran-puerta-transeuntes-animales_6_450814921.html )

Estas líneas que no son cosecha propia, por mucho que las considere mías y universales, me dan pie para hablar de otras cosas.

Tal vez no tenga nada que ver, pero esta situación que desgraciadamente vivimos aquí en nuestro país me ha llevado a pensar en aquellos que durante años eran privilegiados, tenían sus trabajos e incluso sus negocios y por culpa de una maldita guerra que ninguno pidió, han perdido la capacidad de sentirse seres humanos, han perdido padres, hijos o hermanos, han sufrido en lo físico y en lo síquico y se han visto abocados a luchar por la supervivencia diaria, en el peor de los escenarios posibles. Vistas así las cosas, ¿quién podría desear una guerra?

Tras miles de bombas, tras ingentes gastos en armamento militar que sin duda podrían terminar con todos los problemas de todos los desfavorecidos de la tierra, ya vemos el camino e intuimos cual ha sido el resultado; primero aparecen los terroristas, luego los salvadores de la humanidad y después las bombas que nunca discriminan entre benefactores y malvados o entre ancianos, hombres, mujeres o niños, y desde luego tras muchos años, podemos comprobar, que no solo no han conseguido la extinción del terrorismo, sino su expansión.

Evidentemente alguien ha salido ganando, no podía ser de otro modo y también percibimos que el ganador ha sido el negociante y por extensión aquellos políticos que han ayudado a fomentar estas políticas de invasión y guerra en determinados países y que suponemos han recibido y seguirán recibiendo cierto tipo de emolumentos, entre los cuales seguro que podemos contar con eso que llaman puertas giratorias; es decir dar la impresión de que trabajan para los ciudadanos, cuando en realidad trabajan para la multinacional de turno, que bien puede ser como en este caso una empresa armamentística que al terminar el tránsito político, a buen seguro, habrá guardado un puesto tal vez de los de dar consejos, muy bien remunerado en alguna de sus grandes empresas repartidas por el mundo.

Pero volviendo al asunto; uno se imagina (que es mucho imaginar por cierto), caminando por un barrio de cualquiera de esos paises que viven el horror a diario, yendo a un hospital a visitar a un familiar, o al mercado a ver como se las apaña para llevar algo de comer a casa y de repente (seguimos imaginando), nota como todo tiembla y al momento siente la ropa empapada de sangre sin saber que ni siquiera es suya, nota como traga más polvo que aire; aún no se ha movido del lugar donde la honda expansiva le lanzó y es consciente de que está pero no está, que es pero no es, y sabe que tiene que tomar la dura decisión de comprobar sus propios daños, pero el miedo le sigue prohibiendo cualquier movimiento, piensa (continuamos imaginando) en sus hijos que estarán esperando en casa con el estómago vacío desde hace tres noches; ni se le ocurre pensar que los que lanzaron las bombas fueron algunos de los países más demócratas y más civilizados del planeta, pero lo peor no ha pasado, porque lo que aún no sabe pero lo sabrá, es que todos sus hijos se han ido con su mujer fallecida va para un año en un atentado en la misma plaza donde el se encuentra tumbado, aquella vez dijeron que habían sido los malos y ahora la bomba que ha destrozado su casa pertenece a los buenos.

Intento seguir imaginando pero ya ni puedo ni quiero.