RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

17 ene. 2016

PINTAN BASTOS


A algunos os habrá sucedido alguna vez, que en mitad de la noche sobreviene un terrible ataque de vida, que te convida a levantarte inmediatamente y a realizar algún tipo de actividad casi de inmediato, cuando aún no te has liberado del sopor de tu último sueño.

Tal vez tu primer acto sea encender el ordenador por algún motivo que solo tu subconsciente conoce, ponerte el mandil, ordenar la herramienta en el garaje o tal vez coger el boli y escribir letras perdidas sobre un papel en blanco, sea lo que sea, aquello que tu mente te ordene, recibirá posiblemente una respuesta negativa de tu cuerpo que no terminará de comprender que haces a estas horas fuera de tu cama.

Son momentos de extraña lucidez, incluso de rebeldía, en los que pareciera que tu actividad cerebral se multiplica por mil, al tiempo que tus pulsaciones somnolientas se mantienen a la baja como si una parte de tu cuerpo no quisiera participar de este festín vital.

Son minutos (a veces solo segundos) de trasegar ideas, ilusiones y hasta proyectos que en la mayor parte de las ocasiones, volverán al lugar que les corresponde; es decir se mezclarán con la oscuridad y el silencio nocturnos para desaparecer como desaparecen tantos proyectos a lo largo de una vida.

Son muchos siglos de consignas, y solo unos pocos seres libres (sin saberlo), serán capaces de huir de la rutina, de las normas, de las reglas establecidas para el buen gobierno de cualquier vida que se precie.

Así esos proyectos, esas metas ilusionantes que nos tiraron de la cama, al contacto con la realidad de la mañana, sufrirán una terrible transformación por culpa de esas reglas que nos dominan desde el principio de los tiempos, y solo en contados casos se harán realidad.

Es muy puñetero el refranero, y tal vez sin desearlo nos pone sobre pistas que con el tiempo se convierten en normas en algunos casos: “Los huéspedes dos alegrías nos dan, cuando se vienen y cuando se van”. “Como la noche al día, sigue el pesar a la alegría” “De la buena gente, guárdate, de la mala escóndete”, “Gente de sotana, logra lo que le da la gana” “Tengo un Toro que me da vino y un León que me lo bebe”.

Si hiciésemos caso por ejemplo de esta última cita que pertenece por cierto al rey de León Alfonso IX; (cuando León era León y Castilla otra cosa), cualquiera pensaría que los leoneses van mamados por la vida y ya os digo yo que no es cierto, porque conozco al menos a un par que solo beben agua clara, de modo que cuidado con citas, dichos y refranes.

Nos esforzamos por adaptarnos a la modernidad, en una frenética carrera por conseguir todas esas cosas que nos van carcomiendo el cerebro, sin ser conscientes de que no solo no son necesarias, sino que por el contrario nos perjudican. Tal vez hayamos comenzado con un preciosidad de sofá, o el último modelo de televisor, o ambos a la vez, sin saber que de ningún modo eran necesarios, sin imaginar que nos acortarían la vida, que nos convertirían en esclavos de lo material, en simples cacharros, en deudores de lo espiritual, sin ser conscientes de que perderíamos independencia, libertad, pero sobre todo, autonomía.

Yo durante esas horas anteriores al amanecer tuve una gran ilusión; me vi capaz de romper con toda la parafernalia que me rodea y dedicar mi tiempo a esas cosas que me encantan, y a aquellas que siempre quise hacer, pero ha bastado un simple y familiar sonido para que lo que se estaba convirtiendo en realidad se haya quedado en virtual, es decir en NADA.

Definitivamente, no era esto lo que yo quería, pero ha sonado el despertador y toca ducha, desayuno rápido y oficina, otro día más tendré que soportar los gritos de mi jefe, las risitas de mis compañeros, las prisas y las presiones para que el trabajo salga con urgencia; pero como diría el único amigo que he tenido en mi vida, “es lo que hay”.