RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

4 ene. 2016

ERGO




A veces hay quien tiene miedo de perder algo que en realidad nunca ha poseído, sino más bien imaginado e idealizado; esas personas a veces se alimentan de influencias externas que les convencen de la importancia de cosas que no la tienen y  que no ocuparán nunca ni el 0.00000001% del tiempo que van a vivir.

Esas influencias junto con esos ideales, suelen dar lugar a la culpa; un sentimiento que  tiene mucho que ver con esa introspección interior que nos hacemos con parámetros del exterior; aunque deberíamos hablar en realidad más que de culpa, de sentimiento de culpa.

Tomemos el ejemplo de un deportista de élite que ha ganado un campeonato del mundo; a buen seguro la temporada siguiente saldrá pensando que tiene que repetir y que todo lo que quede bajo ese nivel no tiene valor, de modo que si se diese la circunstancia de que quedase subcampeón, el sentimiento de no haber sabido o podido cumplir le atormentará hasta niveles insospechados.

El tipo de compromiso y por tanto la responsabilidad, también tienen que ver en todo esto, pues volviendo al ejemplo anterior, si el deportista asume que debe quedar de nuevo campeón, se centrará en una sola via y su compromiso estará ligado solo a ganar, cuando cualquier otra posibilidad sería también válida.

Si llegado el momento el deportista no revalida su título aun habiendo hecho todo lo posible y lo imposible por conseguirlo, la sombra del fracaso planeará durante un tiempo indeterminado sobre su cabeza; aparecerá primero la culpa, y luego el miedo a no poder cumplir que se puede convertir en impotencia a la hora de tomar decisiones y en falta de capacidad o motivación a la hora de encarar los entrenamientos, lo que le podría llevar a un pozo sin fondo en el que no conviene una estancia muy prolongada.

Cuando esto ocurre, una de las primeras consecuencias es un claro enfrentamiento con el ego que en cierto modo nos llevó a pensar que un suceso debe repetirse a voluntad, cuando en realidad no es más que una posibilidad entre muchas. Si el sujeto llega a la conclusión de que su ego creció más de lo necesario habrá dado un primer gran paso. El siguiente paso será un enfrentamiento entre su verdadero yo interior y las influencias externas que le llevaron a crecerse y auto-engañarse, y esta sí que es una batalla más fácil de ganar, porque en la caída, muchas de las influencias foráneas desaparecen como por ensalmo, pues si no eres campeón ya no mereces ser objeto de adulación.

Por lo tanto, vamos a extraer algunas conclusiones:

.-Hay gente que solo quiere caballos ganadores.
.-El caballo ganador no siempre tiene porqué ser el mismo.
.-El que sufre la presión y las consecuencias siempre suele ser el jinete.

Moraleja, si el jinete eres tú, no dejes que otros lleven las riendas de tu caballo.