RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

21 feb. 2016

EDUCANDO



Podrías  ir tranquilamente por la calle y encontrarte en cualquier esquina, de repente con un pobre, un ciego, un negro o un cura y seguir camino como si nada. Claro que si en tu educación ha habido alguna tara importante, tal vez le pongas la zancadilla al que crees que odias, al que crees que envidias o al que más rabia te de en ese instante.

Tal vez nuestro protagonista, recuerde aquél día en su niñez, cuando su padre se jugó la nómina y para cuando llegó a casa; el sueldo se había convertido en un “un décimo para hoy”. Por supuesto no tocó y el resto de mes, pasaron grandes penurias por culpa de un vendedor del cupón, que como repetía una y otra vez su papi, le dio aposta el peor número que tenía, desde entonces se le quedó grabado a fuego aquél paternal consejo: “Hijo, nunca te fíes de un ciego”.

El tiempo va pasando y nuestro amigo va adquiriendo nuevas experiencias; unos años después por no se sabe qué medidas igualitarias metieron en la empresa un compañero que tenía media pata de palo,  al parecer, más listo que el hambre y con tan mala leche que hasta que no dejó en evidencia a su padre que todo hay que decirlo, atravesaba una mala racha con el juego, no paró, y claro, como consecuencia a su papi, le echaron del trabajo. Esta vez el consejo paternal fue el siguiente: “Hijo nunca te fíes de un cojo”.

Por culpa de la nueva situación, al juego se unió la bebida y a esta ciertas tiranteces con su madre, a la que el patriarca “abanicaba” cada vez más con más saña, lo que derivó en una dolorosa separación y otro paternal consejo: “Hijo jamás te fíes de las mujeres”.

Como quiera que la cosa no mejoraba, terminó compartiendo puente con un dominicano de tez oscura, un tipo  por lo visto mal encarado que cada noche, le desplazaba  los cartones de su sitio y al que casi termina matando a patadas por culpa de un vino peleón.

Cuando nuestro protagonista fue un día de visita a la cárcel, recibió el último consejo de su padre: “Hijo mío, no todos los ciegos o los cojos engañan, no desconfíes de todas las mujeres ni odies a nadie por el color de la piel. No obstante, hay algo que si te puedo asegurar,  “Nunca aceptes consejos de quien se juega el dinero, y menos aún si el poco que le queda se lo bebe.