RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

29 feb. 2016

LO TUYO NO ES MÍO.



Leyendo varios artículos este fin de semana me ha llamado poderosamente la atención uno de Sofía Pérez Mendoza, en el que habla de algunas de las muchas mujeres que forman parte de esa historia que se escribe con tinta invisible; dice en uno de los párrafos lo siguiente: “¿Cómo no supe verlo”. "No nos habíamos fijado en algo tan obvio como que en la lista de artistas de la generación del 27 no había ni una sola mujer".

En una interesante tarea de arqueología de cierta cultura de una época concreta, trata Sofía Pérez Mendoza de darle la vuelta a una situación que se viene repitiendo desde tiempos pasados, solo alumbra hechos, sin revanchismos ni otras medidas ampulosas o decadentes, trata en mi opinión simplemente de poner puntos y comas a un texto con muchas ausencias y defectos.

Tras leer algo tan obvio, he caído en la cuenta de que mis sentimientos han sido similares a los de la autora, y me he dicho: anda pues es cierto, en aquella época hubo mujeres sobresalientes de las que nadie recuerda más allá de un par.

Eso me trajo a la memoria otro artículo sobre el acoso en los laboratorios, y alguno leído tiempo atrás sobre el robo sibilino de descubrimientos por parte de algún genio de la bajeza que se autoatribuyó hallazgos de sus colegas femeninas, que a día de hoy siguen siendo descubridoras en la penumbra. 

No podemos negar y me refiero ahora a los hombres, que tenemos una deuda de honor para con las mujeres en general y con algunos casos más sobresalientes en particular; de modo que hagamos trizas el pedestal y coloquémonos todos a la misma altura. 

Hacer el vacío, no es el mejor método para mejorar nuestro paso por la vida, pero desde luego que si lo repetimos una y otra vez hasta convertirlo en norma, finalmente lo convertiremos en un verdadero lastre, un problema de complicada solución que a muchos les obligará a fingir que van por la vida con la cabeza alta cuando saben muy bien que es pura pose.

Ya va siendo hora de que dejemos de observar detenidamente el envoltorio para mirar el contenido, que es donde siempre está la esencia de las cosas; de ese modo romperemos de una vez por todas con los problemas que para algunos se generan a la vista de una piel oscura, una extraordinaria nariz, o por poner un ejemplo más directo, a la vista de un  par de tetas.