RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

25 may. 2016



Dicen las encuestas que el voto de los mayores de sesenta y cinco o mayores en general va a ir a parar al pepe, aunque el pesoe también tiene posibilidades (no se si se han fijado que los dos comienzan y terminan igua. Vale era broma).

El baile bien meditado de las encuestas da y quita mayorías según quien se encargue de elaborarlas, y según quién las solicite, porque evidentemente no es lo mismo hacerlas en un asilo que en una mina.

Yo no creo que sea verdad que los mayores teman el cambio, yo solo he encuestado a uno en mi vida y  su respuesta ha sido: “total para lo que me queda ¿qué miedo voy a tener?. Lo que me jode es que si seguimos así los nietos van a vestir con taparrabos, porque los ahorros ya se han esfumado y los seiscientos y pico euros de la pensión, no dan ya para todos; toda la vida cotizando y ahora dicen que nos van a tener que bajar la paga. ¡Coña!, que se bajen ellos el sueldo, ¡vividores!”. 

No hay que olvidar que muchos de esos “mayores” por culpa de la crisis tienen que cargar con los nietos y digo cargar porque una cosa es disfrutarlos y otra tener que hacer de taxistas, de papás, de cuidadores, de encargados de cocina o en el peor caso de mantenedores no solo de sus nietos, sino también de sus propios hijos y yernos en paro. 

Vistas así las cosas, yo me imagino que ellos (nuestros mayores), son los primeros en desear que esto cambie para dejar las preocupaciones a un lado y disfrutar de los años de jubilación que les resten, que bien merecido lo tienen.

Supongo que habrá algún sector entre ellos que al no haber sufrido los reveses de esta crisis (aún), piense que nada mejor como lo que tenemos, y por supuesto en su derecho están de pensar lo que piensan y en actuar en consecuencia.

Pero volviendo a lo de las encuestas, parece que a los políticos les interesa más el asunto de las encuestas que solucionar los problemas de la gente que lo está pasando mal; porque entre otras cosas las encuestas cuestan dinero y ese dinero al final como siempre sale del bolsillo de todos los ciudadanos.

Somos muchos también los que pensamos que el dinero hay que invertirlo en cosas útiles para todos, no solo para unos pocos y que derrochar en estadísticas (o en elecciones), implica disminuir el contenido del puchero o peor aún, seguir durmiendo al raso, justo el lugar al que nunca acceden los encuestadores.