RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

17 dic. 2016

DESESPERADAS


Todo comenzó en un mes de abril, el tiempo ya permitía renovar el armario de cara al verano, los días eran espléndidos y daba gusto salir a la calle. Mis amigas y yo ya estábamos negociando las vacaciones y en la reunión anual que solemos tener en la cafetería del barrio surgió la propuesta.

-¡Chicas!. Salvo Menchu y Flor, hay que reconocer que el resto estamos un poco fondonas (caras de sorpresa), ¿qué os parece si nos proponemos quitar unos kilines de aquí a julio?. Durante unos instantes ninguna dijo una palabra, y curiosamente la primera en abrir la boca fue la que menos lo necesitaba.

-¡Yo me apunto! (dijo Menchu).
  • ¡ Y yo!
  • ¡ Y yo!
  • ¡ Y yo!
  • ¡ Y yo!
Evidentemente hubo quórum porque salvo Encarnita que dijo: “Zi ze me ocurre zalir en pantalonez cortoz, mi padre me mata”; el resto nos apuntamos.

-Como el novio de Cari es monitor de tiempo libre, igual nos puede ayudar (dije).

-“Ya me encargaré yo de que acepte por la cuenta que le tiene” (respondió Cari).

Por supuesto que aceptó y para el lunes ya nos tenía listo un plan de entrenamiento exhaustivo para 9 semanas que teníamos de margen hasta las vacaciones. Fue un fin de semana plagado de novedades, sudaderas, zapatillas, calcetines, bragas, piratas, toallitas de microfibra, gafas deportivas y hasta unos guantes se compró la Puri por el “si acaso”.

Y efectivamente, en una semana ya estábamos haciendo alardes de buen gusto en el parque de San Pillallo, donde tras unos saltitos de calentamiento ya estábamos corriendo como desesperadas. No habían pasado ni cinco minutos, y ya estábamos todas espatarradas en sendos bancos. Al día siguiente estábamos todas muertas del palizón y aunque por un lado nos agobiaba pensar en el miércoles, yo creo que todas teníamos ganas de que llegase el día de nuestro segundo entrenamiento.

Y llegó; más saltitos y más correr. Esta vez nos lo tomamos con muchísima más calma y el entrenamiento resultó ser un éxito, pues todas aguantamos el doble corriendo (es decir casi 9 minutos).

Poco a poco fueron pasando los días y sin percatarnos, nos entró a todas una especie de fiebre que nos estimulaba para no faltar a ningún entrenamiento.

Los saltitos y el correr nos estaban viniendo de perlas a todas de modo que no recuerdo quién propuso participar en la carrera de la mujer a la que por cierto nos apuntamos todas muy ilusionadas.

Julián nos preparó un plan especial para llegar en plena forma a la carrera y aquello nos puso sobre la pista de lo duro que podía resultar esto de correr.

Las cosas comenzaron a torcerse un poco cuando esa misma semana Flor no pudo asistir a los entrenamientos porque tenía un dolor muy fuerte en los gemelos. Se pusieron peor cuando yo misma me levanté una mañana sin poder apoyar el pié derecho.

Julián nos dijo que eran solo agujetas y que había que entrenar más hasta que desaparecieran, de modo que los siguientes días fueron de mucho sufrimiento para todas, porque a la que no le dolía aquí le dolía allí y la que no se quejaba de esto, se quejaba de aquello.

Por fin llegó la carrera y la decepción fue brutal, una abandonó en los comienzos, otra después, yo no podía con los dolores y me retiré llorando a moco tendido, a Flor se la llevaron en camilla, y la única que terminó fue la Menchu que los tiene de caballo, pero la desesperación pasó factura al ver que mientras las demás se lo pasaban pipa, nosotras sufríamos como perras.

Aquello marcó un antes y un después en nuestras vidas. Se terminaron los entrenamientos y las carreras, ya no más reunión anual; Flor y Cari casi se pegan, la Cari rompió con Julián; la amargura tomó las riendas del grupo y cada una nos fuimos por nuestro lado.

Y ya ves... 

Yo sin embargo estoy desesperada por volver a empezar.