RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

28 feb. 2017

EL ZOFRERAL DE COBRANA (RUTA DE LOS ALCORNOQUES)



Era un día laborable (lo recuerdo muy bien), aunque dudo si lunes martes o tal vez miércoles. Como me sucede a veces, a las tres de la madrugada me asomo a la ventana y salvo la oscuridad nada que ver, a las cinco los ojos como platos, y cuando a las siete comienzo a sentir ese sopor que precede al sueño profundo, me levanto. He tomado una decisión, hoy va a trabajar Rita la pantalonera.

Son asuntos sin importancia, situaciones, circunstancias en las que lo mejor es dejarse llevar. A mí me ocurre de cuando en cuando y no soy el único; aún recuerdo lo que le sucedió al Salustiano que se levantaba todos los días a las seis de la madrugada y así sin desayunar ni nada salía a andar por el barrio o donde quisieran llevarle las piernas. Un buen día se encontró con dos señoritas que le invitaron a desayunar (así por las buenas), y desde aquél día ya no fue el mismo. Nadie sabe lo que pudo ocurrir en aquella casa a aquella hora temprana, el caso es que al pobre hombre le veías a cualquier hora del día levantar las manos al cielo y murmurar una letanía durante unos segundos, hasta que se ponía de nuevo en camino.

Como decía antes, son cosas que pasan. En mi caso lo que hice fue encender el ordenador y buscar palabras, es un vicio que tengo desde que escucho en la radio a la Nieves Compostrina. Pues es el caso que andaba yo buscando por la zeta y después de “zofra” cuyo significado por si no lo saben es tapete o alfombra morisca, me encuentro el siguiente palabrejo “ zofreral”, y me pone que viene de la palabra zofreiro o zufreiro, me digo que tendrá algo que ver con el azufre, pero resulta que no que tiene más que ver con los alcornoques, y es así como me entero de que en la provincia de León, (quién se lo podía imaginar) hay un alcornocal al que llaman El Zofreral de Cobrana y si a estas alturas se han liado ustedes leyendo, se lo perdono, porque yo mismo estoy aún asombrado.

Mira por donde me dije ya tengo algo que hacer, así que me monté en el buga y para allá me fui. Una vez llegado a la localidad de Bembibre, pregunté por allí por el Zofreiro y nadie me sabía decir, hasta que encontré a unos chicos que no solo se lo sabían, sino que estaban a punto de ir a hacer la ruta larga (por lo visto hay otra corta). Me dieron indicaciones, pero supongo que ante mi cara de no entender nada, se ofrecieron a llevarme en su tartana a lo que asentí inmediatamente.

Al principio me acordé del Salustiano, pero solo fue cosa de un minuto, porque los traquetreos del todo terreno eran considerables y había que agarrarse a dos manos para no pegar con la cabeza en el techo, supongo que es lo que tiene la juventud de hoy día, que les gusta saltar más que estarse quietos.

Llegamos a Cobrana (o eso creo), y comenzamos el recorrido con gran agrado por mi parte que no me esperaba tal cosa por estos lares. Entre charla, trago de la bota y ojear los alrededores se me pasó la mañana en un plis plas.

Agradecido por las muestras de atención de los chicos, me ofrecí a invitarles a comer, pero no solo rehusaron, sino que no me dejaron pagar la consumición que nos tomamos en un bar de la zona.

Sin duda, gente maja esta del Bierzo, me dieron sus teléfonos por si quería volver a hacer alguna ruta más, pues por lo visto había para entretenerse durante un par de meses haciendo rutas por los alrededores. Yo asentí agradecido, pero estaba deseando sentarme en el coche porque ya no me sostenían las piernas, de modo que me despedí con alguna excusa prometiendo llamarles de nuevo, aunque para mis adentros me decía acordándome del Salustiano “cualquiera sabe lo que nos va a deparar el mañana”.