RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

16 abr. 2017

CRUZANDO PUENTES



Hoy soñé que me levantaba terriblemente asustada, tenía la ropa húmeda y un sudor frío recorría los surcos de mi frente; mi espalda completamente empapada daba muestras de una tremenda pelea con alguien o algo del más allá. Fui al baño, encendí la luz y la silueta perfecta de una mujer de una belleza serena y mirada penetrante se apareció en el espejo y me dijo “no te preocupes ya ha pasado todo”.

Me quedé mirando aquella figura como una bobalicona, y tardé un tiempo en comprender que toda aquella hermosura, toda aquella perfección y esa seguridad en la mirada eran mías, totalmente mías y pude seguir soñando tranquilamente.

Caminando por calles irreconocibles, me encontré en una esquina con Dolores, la pobre estaba hecha una pena; un ojo a la virulé y moratones por todas partes eran la prueba evidente de que algo no había ido bien aquél día en casa.

No era la primera vez, de modo que aunque me dio muchísima pena, no me extrañó lo más mínimo y me ofrecí a llevarla a mi casa ya que denunciar se encontraba a kilómetros de distancia en su vocabulario y a años luz en sus intenciones.

No habíamos dado dos pasos cuando apareció por una esquina el Luciano conduciendo como si de un gran premio se tratara. Por lo visto llevaba un rato buscándola desesperado de amor (seguramente).

-“Vamos Lola, sube cariño que no son horas de andar por ahí tu sola”.

Yo no se que la dio, si sería el tenerme a su lado lo que provocó toda aquella retahila de insultos a cual más fino, y terminando la tirada con un “ a casa te vas tú que esta menda ya tiene con quien pasar la noche sin sobresaltos”. No puedo negar que a cada minuto estaba más acojonada. El Luciano que sale del coche, la agarra del brazo y “que he dicho que vamos pa casa” y yo sin saber que hacer.

Cuando Dolores entre tiras y aflojas parecía que cedía, me acordé de la fuerza que desprendía la dama del espejo, pensé que era yo y me entró una cosa que no puedo explicar con palabras, pero soltándole al Luciano un manotazo en la mano con la que sujetaba a Dolores, le dije: “mira guapo, esta noche tu Lola se viene conmigo y si tienes alguna duda nos vamos directas a comisaría y explicas allí por donde se te fue la hombría”.

Desde aquél día nuestras vidas cambiaron de rumbo; Dolores volvió a casa, pero solo para recoger sus cosas y de vuelta a la mia, aunque le costó lo suyo y al Luciano le salío bien barata, puso una denuncia; yo por mi parte me encontré a mi misma que es más de lo que me imaginaba que podría suceder en un sueño.