RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

2 may. 2017

LA HORMIGUITA




No lo puedo evitar, un hormigueo me recorre el cuerpo, como si en vez de sangre un hilo de energía recorriera mis venas. Ya se que la felicidad es un término difícil de explicar porque a veces y sorprendentemente viene acompañada de lágrimas en vez de sonrisas.

En ocasiones la satisfacción consiste en una descarga de presión que te empuja a llorar de placer por la ausencia de ese peso que te atenazaba constantemente durante largo tiempo. No es ese tipo de felicidad del que hablo ahora mismo, porque es más como caminar o correr sin notar el peso del propio cuerpo, es como vivir sin esfuerzo, disfrutar sin pasión pero con mucha intensidad.

En mi primer calendario anual me había planteado varios objetivos, algunos en opinión de mucha gente más que metas eran locuras, y lo comprendo, porque nadie está obligado a creer en mí salvo yo misma. No obstante desde el principio sabía que aunque lo posible va ligado a lo imposible y que aunque las circunstancias no siempre juegan a nuestro favor, lo que me movía todo el tiempo era la ilusión por alcanzar lo que tenía planeado y esa ilusión, desde luego nadie me la iba a hurtar con palabras de desánimo.

Llevo muy poco tiempo practicando esto de correr por el placer de correr y al menos de momento muy alejada del famoseo que veo en alguna de mis compañeras, sobre todo de aquellas a las que mi amiga Ana llama “las barbys”. Chicas (en este caso también chicos como Kent) que se ofertan a la visión general como seres bien peinados, bien vestidos, y hasta bien embarazados y mejor pensados; símbolos de lo que la falsa felicidad comercial puede hacer para destruir una persona de carne y hueso.

Como estaba contando, en mi caso también soy feliz con la cara o las piernas llenas de barro como le pasa a tanta gente, porque ¿a cuantas de nosotras les han prohibido pisar charcos en la niñez?. Pues bien, yo soy una de esas y no es que me esté desquitando, pero disfruto a placer con ciertos inconvenientes que antes eran prohibiciones.

Es el caso que por “hache o por be”, he alcanzado mi objetivo y tengo que decir que aunque ahora mismo aún noto flojera en mis piernas, hacía años que no disfrutaba tanto como lo he hecho en estas últimas horas.

Por un momento tentada he estado de decirles a mis “amables consejeros” lo equivocados que estaban, pero lo he pensado mejor y tengo que reconocer que desde su perspectiva y tal vez desde el sentido más común, tenían razón aunque eso no impida que yo también la tuviera.

Son momentos dulces y estoy obligada en cierto modo a frenar mi ímpetu, porque intuyo que esto tiene su peligro; pues reconozco que no hay mayor desgracia que creerse por encima de los demás que es para colmo justo en ese instante cuando te cae todo el peso de la realidad encima y te demuestra que en el universo, una hormiguita es más importante que tú misma .