RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

31 jul. 2017

ZAHIRA





Era poco más del mediodía, mantenía una conversación sin sustancia con un vecino del pueblo, cuando la vi desaparecer ante mis ojos como si fuera el cierzo mágico que viene y se va dejándose acunar por el viento.



¡Era ella!, una de mis musas que daba la vuelta, se marchaba, y mientras tanto, yo quieto como un poste, sin poder pensar, sin reaccionar y deseando terminar aquella interminable cháchara.



Afortunadamente al rato volvió acompañada de una mujer, aprovechando el pequeño desnivel para contonearse con una gracia y un salero impropios de su edad. Subí raudo a mi habitación en busca de mi cámara fotográfica, pero cuando bajé ya no estaba.



Tal vez alguno de aquellos dos antiguos musagetas la trajeran hasta mí, pero ni Apolo ni Hércules consiguieron que permaneciera a mi lado por más tiempo que el que duró aquella visión fugaz que me bombardeó el corazón durante unos instantes y mi memoria durante días enteros.



No estoy triste porque, aunque solo fuera un pequeño instante, la vi y aún retengo en mi memoria aquella imagen de Zahira bajando alegre aquella pequeña cuesta. 

Aquella mujer que la acompañaba en la segunda ocasión, era en realidad mi ex, que con algunas o muchas artimañas consiguió en su día hacerse con la custodia. Ya la he perdonado por aquello, pero viendo ahora lo feliz que parecía la perra de ella, me alegro de haberlo hecho.