RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

13 sept. 2017

En las nubes

 

Hoy tengo ganas de escribir, pero no se qué contar. Ayer tenía varias ideas pero ya no me acuerdo de qué iva la cosa (mierda, ya estamos con las faltas de ortografía). Lo que sí que me doy cuenta es de que a veces me pongo a escribir y de pronto me quedo paralizado ante alguna palabreja y empiezo a dudar sobre si lleva ache, (¿ves lo que te digo?) si “b” o “v” o si el acento va allá o acullá.

Esta mañana tenía una necesidad imperiosa de ponerme las zapatillas y salir a correr; pues bien, tengo como doce o catorce pares y no sabía cuál ponerme, porque aún no había decidido la ruta, ni el tiempo (¿os lo podéis creer?). Me asomé a la ventana y hacía un día expléndido, majestuoso, y el monte parecía decirme “VEN”.

Cuando por fín logré decidirme le llegó el turno a la camiseta (de esas seguro que tengo más de sesenta); la que más me gustaba no iba con las zapatillas, de modo que preferí primero ponerme los pantalones, que ahí si que no había problema porque estaban todos en la lavadora menos uno. Me volví a asomar y no se veía ni una nube, de modo que me decidí por algo claro como había leído repetidamente en los manuales del corredor.

Tras la laboriosa acción de vestirme me miré al espejo y me gusté un montón, solo me faltaba decidirme entre riñonera o minimochila, porque para la media hora aproximada que pensaba estar por ahí no necesitaba mucho más.

Con los geles no suelo tener problemas porque me los regala mi amigo Cidón que es representante de una marca importante en el sector, de modo que tras amarrar un par de geles y un par de barritas energéticas ya estaba listo para la batalla.

Siempre suena el teléfono cuando lo que queremos es que no suene; no se cómo ocurre pero ocurre. Era Fulgencio que necesitaba la sierra de calar, y justo en ese momento me acordé que no había preparado las sales. Anda el hombre haciéndose un armario porque dice que los de la tienda salen por un ojo de la cara, pero no se yo... quedamos donde Mariano a las doce y media, para que me diera tiempo a salir y a ducharme.

¡Por fin!, fue abrir la puerta y darme un no se qué que me dejó todo pensativo. Me senté en el sofá porque necesitaba meditar. Para cuando quise darme cuenta ya se había pasado casi una hora y me percaté de que solo me quedaban quince minutos para lo de Fulgencio.

Encima que le llevo la máquina, el tío, no solo se cabrea, sino que dice que ya no la quiere y todo porque he llegado quince o veinte minutos tarde. Decididamente es un caprichoso de tomo y lomo.

Que le den hombre, (será caradura el tío), que le den (jeta); que les den a todos (subnormales) que por su culpa hoy me he tenido que fastidiar sin salir a correr.