RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

9 jul. 2018

COLINAS DEL CAMPO DE MARTÍN MORO TOLEDANO

Se comenta por ahí sobre este pueblo que en tiempos de moros y reconquistas; un tal Alfonso IX hizo alusión a que era tan difícil echar a los moros de la zona como cazar un oso vivo. Ya ves que cosas tenían aquellos reyes; poco podían imaginar que con el tiempo otros reyezuelos (ellos o sus sirvientes) acabarían cazando hasta elefantes).
 
Los vecinos de Colinas que dicen que eran de esos echaos palante, ni cortos ni perezosos salieron de caza y presentaron el troféo al rey y como postre hicieron huir a los moros del lugar; siendo correspondidos con ciertos privilegios (que a saber que fue de ellos). No obstante los vecinos agradecidos por no tener que ir a la guerra y otras cosas, regalaban un oso al señor del lugar (el mánager del rey por aquellos lares) que residía por aquél entonces (mira tú por donde) en Bembibre.

Entre medias un tal Martín Moro Toledano (no se yo si moro de apellido o toledano de descendencia) andaba a la gresca por allí con un tal Santiago, al que por cierto hicieron una ermita en el Campo, que creo que aún no ha desaparecido, el caso es que al final uno quedó para los anales como parte del nombre tan largo que tiene el pueblo y al otro le hicieron coplillas que ya se sabe lo necesitada que andaba entonces la peña de rimas:
               
                 Señor Santiago bendito
                que de los cielos bajaste
                veinticinco mil moros mataste
               en el campo de la victoria.
              Y ahora te vas a los cielos
              con los santos y la gloria.

Luego al parecer hay otras historias menores; se habla de la Agustina berciana, una leonesa de esas tierras que como la de Aragón, tenía más atributos que cualquier varón. Al parecer un día ni corta ni perezosa, harta del pasotismo de sus paisanos, armada solamente con un palo y el cuchillo de descuartizar osos y otras alimañas se echó al monte y cuando avistó la morería en voz alta les hizo saber que retaba al guerrero más audaz del grupo. Las risas y los chistes fueron estruendo hasta en Burgos, pero ya sabemos como se las gastan las féminas cuando algo quieren y al final mandaron al asunto a un bigardo de casi dos metros, que nada tenía de fraile ni de holgazán. Es el caso que la moza (la Paqui la llamaban), de tres certeros tajos dejó al mastuerzo sin poder utilizar más que el brazo derecho, tras lo cual dándole la cachaba que la Paqui llevaba siempre consigo le dijo, anda nene vuelve por donde has venido. Y cuentan también que de la vergüenza, no quedó por los alrededores ni un solo moro y no se les ha visto desde entonces por allí que se sepa. Por cierto, a la Paqui, ni coplas, ni nombres de calles ni nada de nada (cosas de machistas supongo yo).

Tengo que decir si he de ser sincero, que no se si será la cosa como la cuento o parecida porque confieso que el día que me la narraron estaba yo un poco bebido; no obstante si alguien quiere saberlo con certeza, que le pregunten al tío Catoute, que seguro que lo junó todo y si no les respondiera, porque a veces es un poco borde, siempre les queda subir a Arcos del Agua, que si no lo cuenta el uno, seguro que lo cuenta el otro. Y como tercera opción si las alturas les marean, póngase ustedes en contacto con un tal Don Ramón Otero que parece ser que es un conservador de montes e historias excepcional.