RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

2 oct. 2018

EN PAREJA DOS




No tiene Claudia hoy su mejor día, por lo visto ha tenido algunos problemas personales. Lo ha dejado con su último novio, llevaban ya casi año y medio, se había hecho a la idea de que esta vez sería para siempre, pero el destino manda aunque a uno le cueste aceptarlo.

Claudia, estos días no es Claudia; está desganada, apática, llora a todas horas y a pesar de las invitaciones de sus amigas (menos una), sigue erre que erre con sus lamentaciones. Cuando la gente está así, es difícil buscarle consuelo, pero a pesar de todo, tratas de hablar, intentas que suelten el suficiente lastre como para que su vida siga su curso. Hemos tomado un largo café en una terraza y como no se me ocurría otra cosa que decirle me inventé lo del árbol. Creo que lo entendió, pero yo no estoy muy seguro de haber tocado la tecla adecuada.

Cada vez caigo más en la cuenta de que las relaciones son de usar y tirar, y muy raras las parejas que continúan juntas pasados unos pocos años, salvo las excepciones que confirman la regla. Veo mucho figurín, mucho cuerpo serrano, pero sobre todo mentes vacías; y esa falta de capacidad se suple con banalidades, que al fin y al cabo solo sirven para cierto público.

Muchas veces es por un tercer elemento; por un “me falta algo”; por monotonía, por puro cansancio de esperar esa promesa de cambio que nunca se materializa; no les faltan motivos a otras para cortar por lo sano cuanto antes, y en algunos casos por desgracia ya es demasiado tarde.

Anda Claudia un poco encorvada; aún le quiere y no termina de creérselo, siente el peso del planeta sobre sus espaldas; esto no es vida piensa sin recordar que al menos tres de sus amigas pasaron por lo mismo y ahora son felices con sus nuevas parejas. Pero en su mente se repite machacona y dolorosa la misma frase “ahora qué hago YO”.

El enamoramiento dura poco, algunos le dan dos años como mucho, luego queda eso del contacto, la proximidad de lo habitual, y de una actividad en común a la que uno se adapta a veces por pura vagancia o conveniencia y por supuesto, aunque menos, el respeto y el cariño por el otro. La separación también tiene un poco del “qué dirán”. Cree Claudia que su rostro es un libro abierto y huye de ciertas miradas por temor a que adivinen lo que pasa y no se atreve a hablar de esto porque se avergüenza, y no sabe que excusa inventar cuando vuelva a casa de sus padres.

Vivimos tiempos apresurados, donde conseguir ha sustituido a construir, donde se busca un “ya” sin esfuerzo y así nos va. No solo son las parejas las que no duran, tampoco las amistades porque no hay una base sólida que las mantenga. La era digital ha llegado para trastocar la realidad por pura fantasía y lo está haciendo tan bien que ahora mismo ya estamos viendo gente próxima a nosotros que piensa que lo real solo existe en el móvil, en el ordenador o en la caja tonta.

Claudia (le dije); imagínate un árbol cargado de fruta, imagínate un gran vendaval que le despoja de toda su carga. ¿Lo ves?. ¿Debería estar triste el árbol?. Es posible, pero solo porque no sabe que el próximo año, volverá la fruta a colgar de sus ramas de nuevo. Las relaciones, son algo similar, a veces se pierden los frutos, pero la persona, al igual que le ocurre al árbol, continuará su ciclo vital, y posiblemente con mejores frutos y el árbol con frutas jamás imaginadas.

Pienso, pienso y pienso que tal vez sea mejor esto que las ataduras del pasado; que el que más y el que menos pasa por lo mismo, mejor o peor alguna vez en su vida; que las lecciones del sufrimiento te dan veteranía frente a la vida; pero sobre todo pienso que no me gustaría estar ahora mismo en la piel de Claudia.