RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

19 abr. 2020

EL AMANTE SABIO


Hace ya varias semanas que no veo a mi amante; estoy desesperado y en algunos momentos en que mi subconsciente se me ha subido a la chepa, me he asomado peligrosamente a la ventana. ¿Es esto vida?. Para vivir así, mejor morir entre estas cuatro paredes. ¿No pueden comprender los gobiernos que no puedo vivir sin ella? Si uno de esto días me decido, dejaré una nota bien visible en la que dejaré claro que ellos serán los únicos responsables de mi muerte. Aunque para cuando eso pase ya no le importaré a nadie salvo a ella.

No dejo de pensar en su rostro, en sus labios, en su pelo, en su cuerpo voluptuoso, en esos vestidos tan ligeros y suaves por los que resbalaban mis manos hace tan solo unos días, en tantos momentos agradables que pasábamos, en lo hombre que me hacía sentir. No es ella una mujer de risas, pero cuando sonríe te entra una cosa en el pecho, que te hace llorar de felicidad.

No hay forma de que me coja el teléfono, seguramente su marido se huele algo y puede que ande al quite, total para lo que le va a durar. Se perfectamente que ella está pasando por lo mismo que yo, que me desea que me busca con su corazón más puro y que solo espera el momento en que nos abran las puertas de esta cárcel moderna para que podamos encontrarnos de nuevo.

Hoy he tomado la decisión más importante de mi vida, tengo que verla, de modo que iré al supermercado de su barrio y podremos hablar y quien sabe si tal vez deleitarnos con algún roce al pasar el uno junto al otro. !Qué desgracia¡, no la he podido ver y para colmo, me han llamado la atención pensando que estaba acaparando alimentos porque me han visto entrar y salir hasta cuatro veces. Me da lo mismo, mañana allí estaré como un clavo.

Menudo vuelco me dio el corazón cuando la vi, me acerqué por detrás y la chisté; se dio la vuelta, y cuando me reconoció, la pobrecilla se puso pálida de la impresión, me acerqué con la intención de darle ese beso que tanto necesitábamos, pero fue como si se le hubiera acercado la peor versión de aquellos dráculas de las películas antiguas; extendió los brazos como indicándome que me alejara de ella; cada vez me desorientaba más la situación, y se da el caso de que no me pareció ver amor en sus ojos, sino miedo, y hasta un punto de terror. Intenté de nuevo aproximarme tratando de asimilar esta extraña escena que seguía sin comprender, y en ese momento alguien me tocó en el hombro, me dí la vuelta y lo siguiente que recuerdo es estar rodeado de varias personas del supermercado y un dolor muy intenso en entre la mejilla y el ojo derecho por el cual poco o casi nada podía ver.

Pero hombre de dios, como se le ocurre intentar acercarse a la señora estando su marido delante, recuerdo que me decía la dependienta de la carnicería a través de su mascarilla FFP1 que le daba por cierto un aspecto fantasmal.

Ha pasado casi un mes desde aquello y aún me duele cada vez que mastico; el ojo por fortuna lo voy recuperando, pero lo más curioso de todo es que he descubierto que ya no la quiero.