RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

30 ago. 2012

LA PESCADILLA QUE SE MUERDE LA COLA


LA PESCADILLA QUE SE MUERDE LA COLA


No hace mucho tiempo, pocos eran los que conocían el término “economía neoliberal”, hoy denominada además, “salvaje” y “asesina” por el continuo rastro de sangre y muerte que va dejando por donde pasa, hasta el punto de que ya hay quien piensa en una nueva modalidad de asesinato, por más que cuente con el beneplácito de muchos gobiernos y por más que se trate de un estrangulamiento económico en sus orígenes; aunque al final la cruda realidad nos demuestra que la aplicación de este tipo de políticas, es tan mortífera como el arma más sofisticada del mercado.

Milton Friedman, fue uno de los primeros en experimentar a gran escala, con este tipo de “economía”, primero en América Latina y luego hasta su muerte, allá donde junto con sus colaboradores, fue capaz de “atraer” gobiernos a su “escuela”, comenzando por su propio país y llegando con claridad a golpear como vemos en la actualidad a toda Europa. Pues bien si concluimos que este fulano, es uno de los principales causantes de la crisis, que le respaldaba el gobierno americano, ( amén de otros muchos), que recibió el premio Nobel por sus grandes descubrimientos, y que prácticamente hasta el día de su muerte defendió estas teorías con el apoyo de gran número de políticos ¿Cuántos culpables deberían ser condenados por el sufrimiento y muertes ocasionadas a la humanidad?.

Por mucho que la realidad nos golpea a diario, y nos indica con claridad que el camino “neoliberal” no es el adecuado para la mayoría (la mayoría verdadera); por más que con este “método”, solo se benefician, los grandes conglomerados con directivos de nombre desconocido, mientras el resto perdemos; nuestros cínicos y arrogantes políticos de todo signo, siguen “erre que erre”, aplicando estas políticas cuya finalidad no es otra que exprimir al de abajo hasta dejarle seco y enviar el zumo al de arriba.

La lógica aún con honrosas excepciones funciona; y en este caso se hace patente que por este camino solo se salvarán las principales fortunas del mundo (¿el 0,02% de la humanidad?), cayendo el resto en ese pozo sin fondo que a día de hoy denominamos “crisis”.

El proceso que nos marca la lógica es el siguiente:

Por causa de estas “desmedidas”, el paro aumenta “sin duelo”, los que mantienen su puesto de trabajo ven reducidos sus sueldos “a placer”; los pequeños comercios cierran porque “no hay movimiento”; lo que afecta a otras empresas no tan pequeñas, e incluso grandes que en otro tiempo eran boyantes, pero que ya no podrán importar productos como antes de otros países; los cuales evidentemente a su vez también quedarán afectados por este proceso, lo que les llevará a más paro, más salarios de miseria etc… lo que decíamos, “la pescadilla que se muerde la cola”

24 ago. 2012

EL CORREDOR QUE CORRE

EL CORREDOR QUE CORRE



A veces se habla de “La soledad del corredor de fondo”, sobre los pensamientos que atenazan o liberan al atleta, el cual durante largos recorridos, impasible machaca músculos, huesos, tendones y hasta su sistema nervioso voluntariamente sin que parezca importarle lo más mínimo; un deportista que en la mayoría de los casos no ha hecho más que finalizar y ya está pensando en el próximo reto.

Ha habido autores que han tratado el tema, especialistas de todo tipo, pero yo esta vez me decanto por un autor no demasiado conocido del público en general, a pesar de haber llevado varias de sus obras al cine. Estoy hablando de un tal Alan Silliote (menudo nombrecito ¿verdad?).

Como dato curioso, decir que junto a su mujer (Ruth Fainlight) realizó una traducción al inglés de Fuenteovejuna, lo que yo casi interpreto como una declaración de intenciones; aunque desconozco si esto fue antes o después de escribir “La soledad del corredor de fondo”, (The Loneliness of the large-distance runner, como título original ); un plato suculento que se devora en un instante, incluso en el caso de lectores intermitentes; una obra en la que describe a mi modo de ver con una extraordinaria maestría, una pequeña porción de la vida de un concienzudo e íntegro maleante; que parece darse más maña para correr por los campos que para adueñarse de lo ajeno.

Uno siempre le ha dado vueltas a esos instantes liberadores donde a pesar de que lo normal sería la queja continua, a veces se pierde la consciencia y hasta la memoria para ser simplemente “un corredor que corre”; tal vez la libertad sea efectivamente un factor fundamental, pues no hay nada en esos momentos que entorpezca la carrera, no hay objetivos, no hay exigencias, solo el presente que por mucho que cambie cada millonésima de segundo, nos lleva al “ser”, al “uno” es decir al acople definitivo del corredor con su entorno. Yo utilizo a menudo un término que viene de siglos atrás “el satori”, y que relaciono con el estado de gracia, la iluminación o el conocimiento repentino que alcanzaban algunos “samuráis”, tanto en el entrenamiento, como sobre todo en la guerra.

Pero vamos a la cuestión, que no es otra que algunos retazos de esta pequeña obra que va a continuación y que quiero compartir con aquellos que aún no hayan leído este librito que por supuesto recomiendo a todo aquél corredor que se precie calce o no zapatillas.

Dice en algún momento del libro el protagonista:

 
  • y si alguien quiere que le dé consejos sobre el correr, que no tenga prisa nunca, pero sobre todo que los demás nunca se den cuenta de que tienes prisa, aunque de verdad la tengas. Uno siempre puede adelantar a los demás en las carreras de fondo sin que se huelan que uno se esfuerza por correr más, y cuando uno ha usado esta treta para alcanzar a los dos o tres que van delante, después puede lanzarse a correr dejando en la sombra a la prisa de los demás pues no ha tenido que hacer demasiados esfuerzos hasta entonces. Yo me acompasé a un trote corto, y pronto se hizo tan suelto que se me olvidó que estaba corriendo, y casi no era capaz de darme cuenta de que las piernas me subían y bajaban y que los brazos iban adelante y atrás, y los pulmones no parecía que trabajasen nada de nada; y el corazón interrumpió aquel molesto martilleo que siempre tengo al principio de una carrera. Porque, ¿saben?, yo nunca hago carreras para nada; sólo corro, y en cierto modo sé que si me olvido de que estoy corriendo y me limito a trotar sin prisa hasta que ni siquiera me entero de que estoy corriendo, siempre gano la carrera. Porque cuando mis ojos reconocen que estoy llegando al final del recorrido —al ver un portillo o la esquina de una casa— me lanzó con tal furia porque tengo la sensación de que hasta entonces no he estado corriendo y que no he consumido ninguna de mis energías. Y si he sido capaz de hacer eso es porque he estado pensando; y me pregunto si soy el único en esto del correr con este sistema de olvidar que está corriendo porque está demasiado ocupado pensando; y me pregunto si algunos de los otros chavales andan en lo mismo, aunque estoy seguro de que no. Como el viento me lanzo por el camino de guijarros y el sendero trillado, más liso que la pista de hierba de campo y mejor para pensar porque me encontraba en mi elemento sabiendo que nadie se me podría ganar corriendo aunque me proponía vencerme a mí mismo antes de que se acabara el día. Porque cuando el director me habló de ser honrados cuando llegué aquí por primera vez, él no sabía lo que significaba esa palabra o no me habría metido en esta carrera, trotando bajo el sol en camiseta y pantalón corto. Me habría puesto donde yo le hubiera puesto a él si hubiera estado en su lugar: en una cantera partiendo piedras hasta romperse el espinazo.

  • Trotaba junto a un prado bordeado por un sendero hondo, oliendo la hierba verde y la madreselva, y sentí como si descendiera de una larga estirpe de galgos de carrera entrenados para correr a dos patas, sólo que no conseguía ver a un conejo de juguete allí delante ni tampoco tenía detrás un palo que me obligara a mantener el paso. Adelanté al corredor de Gunthorpe que tenía la camiseta negra de sudor, y empezaba a ver la esquina del matorral de delante, donde el único tío al que me faltaba por adelantar para ganar la carrera iba a toda leche para llegar a la señal de la mitad de recorrido. Luego dobló metiéndose por una lengua de árboles y matojos donde ya no le pude ver, ni pude ver a nadie, y entonces conocí la soledad que siente el corredor de fondo corriendo campo a través y me di cuenta que por lo que a mí se refiere esta sensación era lo único honrado y verdadero que hay en el mundo, y comprendí que nunca cambiaría, sin importar para nada lo que sienta en algunos momentos raros, y sin importar tampoco lo que me digan los demás. El corredor que venía detrás debía de estar muy lejos porque había mucho silencio, y se notaba menos ruido y movimiento incluso que el que se nota una fría madrugada de invierno a las cinco. Era difícil de entender, y lo, único que sabía era que uno tenía que correr, correr, correr, sin saber por qué está corriendo, pero uno seguía adelante atravesando campos que no entendía y metiéndose en bosques que le asustaban, subiendo lomas sin saber cómo había subido o bajado, y atravesando corrientes de agua que le habrían arrancado el corazón a uno de haber caído en ellas. Y el poste de la meta no era el final de eso, aunque un montón de gente le anime a uno, porque hay que seguir antes de haber recuperado el aliento, y la única vez en que uno se paraba de verdad era cuando tropezaba con el tronco de un árbol y se rompía la crisma o caía en un pozo abandonado y se quedaba muerto en la oscuridad para siempre. Así que pensaba: no me van a cazar con esta trampa de las carreras, con esto del correr tratando de ganar, con esto de trotar por un trozo de cinta azul, pues no es para nada un modo de pasárselo bien, aunque me juren por lo más sagrado que sí.

13 ago. 2012

Llanos de Alba

CARRERA DE MONTAÑA DE LLANOS DE ALBA


El 11 de agosto teníamos una cita con otra carrera de montaña; esta vez en una zona bastante próxima a León, la carrera se había publicitado utilizando tres reclamos de contrastada solvencia, Salvador Calvo, Pablo Manuel Villa e Ignacio Álvarez (“Chama”).
Al final Ignacio no llegó a tomar la salida, pero si lo hicieron Salvador y Pablo, que hicieron las delicias de muchos de los participantes.
No era una prueba demasiado larga, unos 15 ó 16kms, tampoco demasiado técnica, el tiempo acompañó, pues no hizo el calor de días pasados y corría un poco de aire, lo suficiente para hacer agradable el esfuerzo de los corredores.

El circuito interesante y el nivel sin menospreciar a nadie podríamos decir que “medio”,(salvo algunas honrosas excepciones); de modo que tanto Salvador como Pablo, no necesitarían quemar todas las “naves” para entrar por delante del resto.

Hubo algún despiste, en alguna zona del recorrido; de modo que los que andábamos por allí de mirones, pudimos comprobar como algún atleta “hacía círculos” sin encontrar el camino a seguir, incluso el mismísimo “Salva”, tuvo algún problema con la señalización, pero no llegó la sangre al río y hasta donde pude ver al menos los corredores fueron llegando a meta poco a poco.
Desconozco el nivel de los últimos en llegar, pero saliendo a las seis y media, de la tarde, no había opción de dormirse mucho, ya que aunque la zona no era complicada, un pequeño despiste te puede obligar a “dormir al raso” por estos andurriales si se te echa la noche encima.

En fin, que entraron por delante los que tenían que entrar y allí paz y aquí gloria de ver como sigue habiendo afición, incluso a estas alturas de la temporada, en la que salvo los ilustres como Salva o Pablo a los que les esperan retos aún importantes, (Gran Cañón del Colorado, o el Gran Raid Pyrenees para Salva y Ultra Trail del Mont Blanc para Pablo), el resto están ya de veraneo deportivo y si tienen suerte volverán pronto al curro, con más ganas esta temporada que la anterior.

8 ago. 2012

TARAHUMARAS (2ª PARTE)

LOS HOMBRES QUE CORREN

(Continuación…)

Para que nos hagamos una idea, antes de la llegada de los españoles; se tienen datos que hablan de que alrededor de la Sierra habitaban, cerca de dos docenas de tribus diferentes, de las que ya hemos dicho que quedan dos.

Cuentan los Tarahumaras con un brujo o curandero (owirúame), que se encarga de resolver los males físicos y en ocasiones espirituales de sus hermanos, por lo general a base de hierbas medicinales que son procesadas y aplicadas de diferentes formas; una costumbre que perdura aún en nuestros días y que incluso es preferida en algunos casos a la medicina moderna.

Hay una hermosa leyenda sobre la extraordinaria cascada Basaseachi, según la cual el rey, en busca del mejor pretendiente para su hija (Basaseachi); preparó una serie de retos. Debido a la dificultad de superarlos, solo quedaron cuatro aspirantes, sin que ninguno de ellos llegara a sobrevivir a la última prueba, lo que provocó el suicidio de la joven que desesperada, se arrojó por un barranco, siendo transformada su caída en la hermosa cascada que conocemos hoy día por el brujo de la tribu.

Ya hemos apuntado más arriba, algo respecto a la colonización, en la que los primeros misioneros fueron los franciscanos allá por el 1554 y los jesuitas a partir del siglo XVII; los primeros crearon un convento ya en 1574, mientras que los jesuitas fundaron su primera misión en el 1611.

Las misiones tenían una gran importancia en la colonización, pues además de centros de evangelización; eran al mismo tiempo lugares de reclutamiento de mano de obra.

Poco se suele citar en los escritos, de los esclavos negros que fueron llevados a la Tarahumara; esclavos, que dicho sea de paso no eran suficientes para satisfacer la demanda laboral, de modo que el sistema más común terminó siendo la que podríamos denominar “caza del indio”, como si de un animal más del entorno se tratara. ¿Alguien se puede extrañar de que estos huyeran a los lugares más recónditos e inhóspitos de la sierra?.

Con la huida de los Tarahumaras, parte del espacio dejado por estos fue ocupado por los indios apaches.
La unión de tarahumaras huidos de las misiones, con los apaches recién llegados, constituyeron una seria amenaza para los militares españoles, ya que su mejor conocimiento del terreno era aprovechado por los apaches para intentar equilibrar un poco la balanza hacia su lado.
Entre las muchas cosas que podríamos aprender de los tarahumaras, están sus tradiciones, y entre ellas, el papel que juega el jefe de la tribu, llamado gobernador o siriame (el portador de la lanza), el cual se encargará junto con otros gobernadores de menor rando; de las negociaciones, los festejos, juegos, ceremonias religiosas, discursos y lo que sea necesario. No hay aquí ningún tipo de rivalidad política, simplemente se le da el cargo a aquél que todos creen que lo desempeñará mejor y por supuesto en beneficio de toda la comunidad; tomando la mayor parte de las decisiones en asamblea y si por un casual demostrase carecer de cualidades, será destituido inmediatamente y sustituido por otro. Como vemos, nada que ver con nuestra sociedad moderna y civilizada; donde si un político, va dejando rastros de su corrupción e incompetencia allá por donde va; sabe que si es necesario el partido lo apoyará para que siga en el mismo cargo u otro similar por los siglos de los siglos.

No solo los políticos han azotado la tarahumara; el cultivo de la amapola y la marihuana son dos estigmas más en la vida de los ancianos pobladores de la sierra, pues por su causa nos encontramos con zonas dominadas completamente por el narcotráfico y por lo tanto violentas.

Pero no solo hay que buscar culpables en el exterior; en la época de Porfirio, las minas (oro, plata, cobre, zinc, plomo…) o al menos su gran mayoría pasan a ser controladas por empresas americanas y británicas principalmente; por supuesto la mano de obra preferiblemente local (aunque fuese por la fuerza); y puesto que no hay peor herramienta que las políticas neoliberales, lo público, lo estatal (como por otra parte está pasando ya en Europa y en la mismísima “madre patria”), pasará paulatinamente a manos privadas, en su mayor parte extranjeras; aunque por el camino algunos beneficios dormirán el sueño de los hipócritas en suculentas cuentas bancarias de los más insignes politicastros.

El proceso de la implantación de la minería, no varía respecto al de otro tipo de industrias contaminantes; en principio se intenta negociar con la persona o personas con mayor rango de la comunidad; se les agasaja o dicho directamente se les compra; a continuación se publicitan los maravillosos beneficios que obtendrá la comunidad entera; si fuera necesario se divide a unos y otros mediante engaños y promesas que pocas veces van a ver la luz y finalmente donde un día hubo vida y esperanza, solo quedarán destrucción y muerte.

La actividad forestal se encuentra directamente ligada a la actividad minera; y aunque posteriormente el ferrocarril demandará también una gran cantidad de madera; aquí el caballo de batalla serán básicamente las autorizaciones y por supuesto se instalará la manga ancha por doquier y muchos políticos atraídos por la fiebre del dinero fácil, serán juez y parte en muchas de las leyes relacionadas con esta actividad, al igual que muy posteriormente se hizo con la industria del papel de la cual también se obtuvieron grandes beneficios.

Teóricamente ya entrado el siglo XXI, hubo una serie de acuerdos tendentes a un reparto de los beneficios en dirección a los indígenas, incluso en algún caso llegó a funcionar, pero el capital privado, con su característica delicadeza, hizo buena la frase: “El pez grande se come al chico”.

Si las cosas estaban mal, llegaron los “llaneros solitarios post-modernos”, así el Banco Mundial, (ese que “regalando” riquezas todo lo convierte en pobreza absoluta), con sus préstamos consiguió que las pocas propiedades que aún quedaban en manos de los indígenas, pasasen a manos privadas como por arte de magia. Tal vez este fuera el golpe de gracia definitivo para los habitantes originales de la Tarahumara, y tal vez algún día podamos exigirles responsabilidades a estos pistoleros; aunque dudo que para entonces alguien se acuerde de que hubo un tiempo en que los legítimos propietarios de estas tierras vivían en paz y eran los únicos dueños de su destino.

Han existido, todo hay que decirlo políticas orientadas a prevenir estos desastres, pero son tan limitadas y tan insufladas de carácter político, que los Tarahumaras no estarán ya aquí para cuando se comience a vislumbrar un pequeño rayo de esperanza.

La influencia de la minería en los pueblos es muy grande y para muchos como ya hemos dicho muy beneficiosa; pero hablamos aquí de hombres que para sobrevivir, no precisaban más allá de su maíz, sus frijóles, sus calabazas, sus peces, la caza, algunos productos naturales de la tierra, todo ello obtenido gracias a su enorme respeto por la tierra y ayudándose mutuamente, cosa esta última que la sociedad moderna parece no permitir.

Como siempre el daño se hace antes, durante y después (no olvidemos que estamos hablando ya de siglos); así se ha podido asistir, a la destrucción casi total de asentamientos prehispánicos, cuna de la cultura Tarahumara; y poco a poco, a una paulatina degradación (eso si, en aras del progreso y del confort espiritual) de los principales ríos sustentadores de vida en la Tarahumara. Las lluvias han ido arrastrando materiales tóxicos hasta los ríos y estos por el devenir natural han estado esparciendo lógicamente ese veneno durante kilómetros y kilómetros.

Los Rarámuris, como tantas otras tribus a lo largo del planeta, vivían una vida sencilla sin molestar a nadie; y salvo pequeños enfrentamientos con tribus vecinas por problemas de asentamientos, no intentaban influir en otras culturas lejanas o en otras religiones; tenían sus tradiciones y su modo de vida que para ellos era el auténtico. A lo largo de siglos, la Tarahumara fue invadida repetida y machaconamente por la religión, la cultura europea, la industria destructiva del capitalismo salvaje y asesino de pueblos. Los salvajes se suponía que eran ellos; pero el tiempo nos ha demostrado que lo terrible, nunca ha estado en el pasado, sino que viene del futuro.

Entonces les tocó a ellos; ahora nos toca a nosotros; la economía neoliberal ya está campando a sus anchas por todo el mundo, sin respetar propiedades ni personas; por ello yo me pregunto:

¿En caso de que no esté sucediendo ya; ¿cuánto tardaremos en repetir la historia de los tarahumaras en nuestras propias carnes?.

6 ago. 2012

LOS FAMOSOS TARAHUMARAS (1ª PARTE)


ETNIAS TARAHUMARAS…

Son ya muchos, los que en los últimos tiempos han oído hablar de estos hombres, son muchos los que han oído hablar de sus grandes hazañas, muchos los que saben el tipo de calzado que utilizan y algunos los que intentan copiar esa especie de alpargatas (huaraches), con las que corren por los barrancos, pedregales y demás caminos de su tierra, ataviados con una especie de taparrabos con el faldón de la camisa colgando ampliamente por detrás, y con una cinta sobre la frente sujetando el pelo, como los “mescaleros” que casi todos hemos visto en alguna película del Oeste.

Entre los aficionados a correr, se habla de corredores de grandes distancias, con una gran pericia para sortear todo tipo de obstáculos, se dice que corren grandes distancias alimentándose tan solo a base de una simple bebida que obtienen del maíz; se comenta que han ganado a los mejores entre los mejores.

Son famosos pues, por recorrer grandes distancias en una especie de juego llamado “rarajípari” en los hombres y “rowema” en las mujeres, (no parecen ser nada machistas), se hacen equipos y se habla de hasta 750kms recorridos de este modo, como la carrera más larga conocida de la historia.

Entre los Tarahumaras, aunque ellos se llaman a sí mismos “rarámuris”(los de los pies ligeros), todos comparten sus pocas posesiones, no existe pues la propiedad privada.

Pero hay una parte que no es tan bucólica, una parte que nos muestra otra realidad; se han escrito gran cantidad de documentos al respecto, algunos oficiales, otros no tanto, pero cada uno aporta su granito de arena, y hoy vamos a formar parte activa en este movimiento:

LOS TARAHUMARAS, ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

Mi primer contacto con los tarahumaras, llegó trasteando por la red en busca de un evento deportivo que había tenido lugar en la ciudad de Chihuahua con motivo del Campeonato del Mundo de Marcha Atlética. En un periódico local, además de los asesinatos diarios; se hablaba de unos indios, cuya miseria era tan grande que se estaban suicidando tirándose por los barrancos; no puedo confirmar si la noticia era cierta o no, pues como siempre engañados constantemente como estamos por los medios, cada uno cuenta la película según sus intereses. El caso es que me llamó mucho la curiosidad, y me dediqué a buscar información al respecto; no habré leído ni un cinco por ciento de lo que hay por ahí, pero de momento es suficiente para dar otra visión diferente a la que conocemos en el mundo “civilizado”.

Vamos con esa visión:

De las más de 80 tribus conocidas; hoy seguramente, no llegarán a la media docena, a ellos se les debe una grandísima parte de la cultura Mejicana, tenían una relación directa con la tierra, el agua, el bosque, una asociación natural en definitiva, y casi mágica con el entorno.

Poseían una climatología benigna en algunas zonas, pero sobre todo muy diversa; el 70% del agua en la zona, 1/3 de la madera de la región; no es que estuviesen sobrados de recursos para la vida diaria, pero incluso con ese inconveniente, lo que había era suficiente para una tribu condenada por sus dioses a la pobreza eterna.

La situación actual, producto de la incursión extranjera y la corrupción en la sierra y entorno tarahumara, tiene mucho o lo mismo que ver con la situación de otras zonas del mundo (salvando las distancias), donde los depredadores modernos hacen diariamente sus negocios en connivencia con los distintos gobiernos, agotando uno por uno los recursos naturales del país, hasta dejarlo en los huesos y lo que es peor, llevándose los beneficios a otros lugares.

Si en los orígenes, los rarámuris, tenían la posibilidad de vivir de la ganadería, de la pesca, maíz, fréjoles, algo de ganado y algunos productos naturales de la tierra como hongos y raíces; el hombre blanco, (CHABOCHI – HOMBRE MALO), lenta pero inexorablemente, obliga a los indígenas por la fuerza en la mayor parte de los casos a vivir en condiciones aún más deprimentes, más duras empujándolos a zonas más inhóspitas de la sierra, donde la vida humana se mantiene más por un hilo espiritual que físico.

Españoles, americanos, dictadores, terratenientes, narcotraficantes y alguno más van encontrando acomodo en terreno ajeno y cada uno de ellos va apretando un poco más la soga que han colocado en el cuello del indio que ahora ya no solo es esclavo de la tierra y de las duras condiciones, sino además lo es también de la avaricia sobre todo extranjera.

La modernidad ha llegado a la sierra, y le llaman “chepe”, que no es otra cosa que un ferrocarril, para que los “otros” puedan aprovechar mejor los recursos de la sierra, como la cascada Bajaséachic que es al parecer la más alta del mundo por su posición topográfica; o sus cañones que dejan casi en evidencia a los del colorado. Hablamos de un terreno extremadamente variado con un clima bastante extremo, frío arriba, calor abajo.

Su extensión viene a ser como la mitad de la península ibérica (600x250kms); no me imagino lo que sentirían los primeros “conquistadores” al toparse con los estrechos desfiladeros, sus alturas, sus cortantes rocas, sus pendientes inimaginables que según cuentan precisaban de un día entero para ser completadas. Me pregunto qué animales salvajes estarían al acecho de aquellos extraños seres que no se parecían en nada a los habitantes naturales de la región.

Como ha venido ocurriendo a lo largo de la historia, las grandes religiones, no gustan de la variedad, no aman la libertad de los pueblos, precisan para su subsistencia ejercer el dominio primero espiritual, luego económico y finalmente sicológico; cuando el miedo hace parte de la vida diaria, incluso los indígenas son más dóciles a ciertas tentativas.

Algunos indios, ante la imposibilidad de seguir su camino aunque fuera “malviviendo”, deciden huir de la esclavitud física y espiritual que sienten en las misiones y buscan refugio en las barrancas, otros porque son explotados en zonas mineras y otros porque son perseguidos por las milicias que inevitablemente forman parte de este tipo de expediciones; como si la fe necesitara de la fuerza bruta para crecer en los corazones de las pobres gentes que ya tienen sus creencias desde hace miles de años, y que aún no teniendo demasiadas facilidades, nunca se quejan.

Pero el progreso es implacable, los gobiernos no se sacian nunca, y los ejércitos no hacen preguntas, de modo que la perentoria búsqueda de almas, obligaba a los jesuitas acompañados como se ha dicho, de los militares a buscar a los huidos en las mismas barrancas hasta el punto de que la infinita paciencia de los indígenas se convirtió en rabia, con lo que dejaron de ser indios para convertirse en rebeldes, y cuando ya Europa dejaba en la botella los primeros posos del siglo XX, expediciones próximas a los 20.000 hombres sofocaron definitivamente la revuelta, de modo que los que no fueron sometidos por la fuerza debieron sufrir los rigores del clima y el relieve en zonas donde vivir era prácticamente imposible.

Recordemos que las primeras expediciones a la Tarahumara, tuvieron lugar alrededor del año 1536, con la expedición de Alvar Nuñez “Cabeza de Vaca”. Unos cien años después se cifra la población rarámuri (en las zonas descubiertas) de unos 60.000 indios que por aquel entonces vivían de grandes superficies de laboreo que regaban en abundancia, pues no es agua lo que faltaba precisamente en aquellas tierras. Estos terrenos resultarían en un principio los más suculentos para los usurpadores españoles, ingleses, y americanos (de EEUU) e incluso y lo que es peor por los propios gobernantes mejicanos. Otras zonas con temperaturas extremas, que pueden pasar de los 30º a los -25 y alguna nevada ocasional, no resultarían tan apetitosas (de momento).

Tanto los rarámuris, como otros grupos habitantes de la sierra, y alrededores de Chihuahua, han sido desalojados de sus territorios, despojados de todos sus recursos naturales, de sus medios de supervivencia, de su cultura; y no tardando mucho; es posible por desgracia, que hablemos de una tribu extinta, de modo que lo que comenzó siendo una cruzada religiosa, terminó convirtiéndose en una masacre, donde poco a poco irían muriendo, no solo los hombres, sino sus espíritus.

En nuestros días, de los 21 municipios de que consta la Tarahumara, 17 son los que acogen el mayor nivel de pobreza del estado prácticamente, justo en los que habitan los indígenas (Rarámuris y Odamis (También llamados epehuanos) los dos grupos más importantes).

Entre ellos siempre se han ayudado para las tareas de siembra, para la construcción de sus casas y otros menesteres. Existe entre ellos un término, el “Korima” que no es otra cosa que un plan de ayuda espontáneo para los más necesitados, aún cuando el benefactor tenga lo justo y menos para su propia familia. Son las leyes naturales los que han enseñado al indio las normas de supervivencia más elementales, y esas normas obligan a devolver el favor cuando así lo exijan las circunstancias, (CUANTO PODRÍAMOS HABER APRENDIDO DE SU MODO DE VIDA).

La producción es básicamente de subsistencia donde el maíz conforma las tres cuartas partes de la dieta diaria. Con el acercamiento obligado al mundo capitalista, el rarámuri no ha hecho más que ir perdiendo sus propios valores y los de su entorno, viéndose obligado a buscar la subsistencia a veces mendigando, pues sus recursos ya no son sus recursos, sus tierras ya no son sus tierras, incluso para aquellos que se han visto obligados a vivir en cuevas como los animales, ven peligrar su vida a diario porque siguen sin identificarse con esta nueva cultura que todo lo arrasa y algunos tal vez prefieran morir a claudicar de sus creencias.

De vez en cuando, algunos indios ahogan sus penas, por medio del tesgüino o batarí, la bebida tradicional, que se obtiene, como no podría ser de otro modo de la fermentación del maíz; base de la subsistencia diaria, que junto a la calabaza, algunas setas, hierbas algo de caza y pesca; proporcionan prácticamente todos los nutrientes existentes. Seguramente si un nutricionista hiciera un estudio en profundidad; concluiría que los tarahumaras han vivido durante cientos de años por debajo de los límites tolerables en cuanto a alimentación se refiere; sin embargo han sobrevivido, relativamente bien hasta la aparición del “conquistador”. Ha día de hoy, con la pérdida paulatina de sus mejores recursos, el tarahumara está condenado irremisiblemente al hambre y la miseria más absolutas por mucho que sus “pies descalzos” les transporten durante kilómetros y kilómetros al mismísimo cielo.

(Continuará...)

5 ago. 2012

LA VIEJA TÁCTICA DEL DESPRESTIGIO


LA VIEJA TÁCTICA DEL DESPRESTIGIO

Casi todos alguna vez hemos hecho alguna crítica injustificada o al menos sin ninguna base que la sustente contra alguien; si era un compañero de clase, pudo ser porque era más listo que yo; si era un deportista, seguramente era mejor que yo corriendo; si estuviéramos hablando de un compañero de trabajo, seguramente era más eficaz que yo; si era una mujer es fácil que me hubiera dejado unos días antes.

En todos los casos, la falta de honradez, las pocas luces, la rabia y a menudo la envidia; sin duda me empujaron a decir lo que dije; buscando con toda seguridad bajar en algunos peldaños la opinión que las personas a las que me dirigía tenían sobre mi amigo, mi compañero, mi rival, o mi chica.

Afortunadamente no todos eran unos incautos aunque la gran mayoría me diera la razón, y alguno hubo que explicó mi error con elocuencia; entonces no quise comprenderlo, mi cerrazón, mi mal perder no me permitían aceptar lo que yo consideraba entonces una traición del que hoy día es mi mejor amigo.

El tiempo pasa, y aunque es totalmente falso que todo lo cure; tiene algo del efecto del aguarrás sobre la pintura; es decir que esta se diluye, pero nunca desaparece del todo. El tiempo pasa como decía y vamos sufriendo algunos cambios que si tenemos suerte a veces son pequeños, casi imperceptibles, y a veces son repentinos y violentos como una tormenta de verano; sea como fuere uno no suele ver las cosas igual con catorce que con cuarenta más.

Uno va comprendiendo que desprestigiar a los demás, sobre todo cuando es por nimiedades; es un recurso fácil pero rastrero y cobarde; uno se da cuenta de que el problema es que no sabemos perder, no tenemos capacidad de perdonar y por el contrario muchísima para odiar al prójimo por cualquier motivo; parece que el “ojo por ojo” que predican algunas religiones se nos ha metido hasta el tuétano, y sin embargo no nos han enseñado a meditar, a incluir en nuestros códigos de conducta que hay muchas posibilidades de hacer pagar al inocente si nos dejamos llevar de la rabia; y la historia nos demuestra que a veces, el “inocente” ha sido el hijo, el padre, o el hermano del que aplicó la ley con premura.

Vivimos en un mundo que ha evolucionado e involucionado; vivimos en la era digital, en la era del control absoluto; en una época en la que sabiendo lo que sabemos podríamos vivir todos felices y en paz; pero desgraciadamente las intenciones de los que nos gobiernan, y sobre todo, las de los que gobiernan a quienes nos gobiernan; están muy lejos de objetivos tan triviales que por lo general no dejan beneficios en sus enormes cuentas corrientes. Todos somos conscientes de que los políticos no buscan el beneficio de los ciudadanos, sino aumentar a costa de lo que sea, el poder que se deriva de sus cargos.

Hoy estamos viendo estupefactos, como los “talibanes” de ayer; los terroristas, los asesinos, viven entre nosotros, ¡si! ¡entre nosotros!; son nuestros vecinos, a veces incluso nuestros padres y nuestros hermanos.

Hoy aunque resulte difícil de creer, el enemigo a batir; los “talibanes”, son los funcionarios, los mineros, los médicos, los maestros, los bomberos, los parados, los hambrientos, incluso muchos policías que siguen aún besando los pies de sus amos; y sin embargo, asistimos presas del pánico a una terrible paradoja; el más desprestigiado de todos, resulta ser el propio gobierno.