RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

2 mar 2021

EL ARTISTA QUE HACE ESCULTURAS

 


Estos días de lluvia copiosa, observando por la ventana un incipiente pinar, dos o tres casas, una chopera y algo de monte bajo son perfectos para las “redes sociales”; o dicho de otro modo para enredarse o dejarse atrapar por la red que tanto monta...

Decía un famoso científico español (premio Nobel por cierto), algo así como que todo el mundo si se lo propone puede manejar a su antojo su propio cerebro; una frase de gran profundidad en la que todos deberíamos detenernos un rato largo.

En realidad no descubrió América con esa corta frase, pero sí que apoyó gracias a su prestigio, lo que otros mucho antes ya pensaban, como Émile Coué algunos años antes, o como lo habían constatado algunos sabios griegos allá por el 550 antes de cristo.

Es un tema sencillo por una parte pero muy complejo por otra, porque son tantas las conexiones entre los diferentes elementos que tienen su importancia en este asunto, que podríamos encontrarnos con multitud de palabras que la mayoría desconocemos, como neurociencia, acetilcolina, hipocampo, gen, proteínas, amígdala, neurotrofinas, y hasta palabrejas como SNC o SNP.

Digamos resumiendo que prácticamente todo a nuestro alrededor nos afecta y puesto que el cerebro es el que ordena y desordena cualquier actividad (salvo unas pocas involuntarias consecuencia de años y años de defendernos de agentes externos), cualquier mala noticia nos puede poner (y no literalmente) enfermos lo mismo que una buena, nos puede arreglar el día, lo que supongo que prácticamente todo el mundo a lo largo de su vida habrá podido comprobar.

Todos recibimos diferentes tipos de estímulos a diario, pero no todos los percibimos del mismo modo, y ahí está la clave y de ahí la frase que incluye otro factor fundamental, que no es otro que la constancia, o dicho de otra forma, la voluntad que pongamos en impedir que nos influyan de modo incontrolado los asuntos molestos que nos acarrea el día a día.

Vivimos constantemente en tensión por diversas causas, como puede ser la excesiva abundancia de noticias, los abusos publicitarios que nos empujan a desear incluso aquello que no necesitamos, la educación que hemos recibido desde la infancia, e incluso el consejo de nuestro mejor amigo. Esa tensión que en principio llega a nuestro cerebro, poco a poco se distribuye por el resto del cuerpo y termina instalándose por ejemplo en la espalda, en la rodilla, en el estómago o en cualquier otro lugar, transformando lo que no era nada en algo tangible y a veces insoportable.

Imaginemos una autopista por la que circulan miles y miles de vehículos donde a partir de un determinado punto se origina un accidente; la consecuencia serán atascos a veces de kilómetros hasta que se solucione el tapón. Con el cuerpo es algo parecido, en condiciones normales, todo sigue su curso a la perfección, pero cuando nos dejamos influir por uno de esos estímulos negativos en algún lugar aparece ese indeseado taponamiento que rompe el equilibrio corporal físico y mental; a veces es suficiente con acudir a un fisioterapeuta, pero por lo general si no cambiamos nuestro modo de percibir, ese u otro tapón volverán a atacar de nuevo más pronto que tarde.

Esos sabios de los que hablaba al principio, y de los que por desgracia carecemos hoy día; nos daban ya pautas para resolver esos conflictos, pero en realidad cualquiera que dedique el tiempo necesario a analizar este mal que nos aqueja caerá en la cuenta de que efectivamente, como decía el científico textualmente: “Todo ser humano si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.

¿A qué esperas?


30 dic 2020

EL ILUSO

 

Era un buen chaval, había practicado varios deportes y trepado ya varias montañas lo que en aquellos tiempos pocos de su edad lo podían decir; no recuerdo si era entonces cinturón negro de karate o tal vez marrón; y sin embargo sus ídolos transitaban por el tartán de las pistas de atletismo de todo el mundo.

Tenía sed, mucha sed, pero no de agua. Soñaba despierto con que algún día tal vez... de modo que cambió el kimono por unas zapatillas, una camiseta y un pantalón corto. Tardó aún un tiempo en probar las zapatillas de clavos, porque su entrenador de entonces no se lo recomendó hasta tener algo más de entrenamiento, pero el día que se los puso por primera vez para hacer solo una o dos de las ocho que tenía, vio a dios.

Entrenaba con la élite del barrio, no porque realmente hubiera muchos figuras, sino porque algunos lo creían así, aunque finalmente prácticamente ninguno llegó a nada más que a ganar alguna carrerilla de poca monta.

Se tomaba las competiciones como se tomarían algunos unas oposiciones al estado, con muchos nervios, mucha ansiedad, pero sobre todo con una ilusión y unas ganas enormes, lo que le permitía llegar a veces entre los cien primeros e incluso antes si eran menos los competidores.

Poco a poco se fue habituando a los entrenamientos, no solía fallar nunca, bajaba regularmente de peso, se ponía un poco más en forma, perfilaba sin prisas una técnica muy característica que le restaba velocidad, y poco a poco fue avanzando puestos en las clasificaciones, incluso llegó a ganar alguna media maratón y subir al cajón en algún campeonato regional.

Un buen día se encontró peleando con alguno de aquellos figuras que se denominaban élite a sí mismos y una vez más, sin prisas pero sin pausas se los fue merendando poco a poco.

¿Seré capaz de hacer esto o esto otro? Se preguntaba de cuando en cuando, y un día sí y otro también se ponía retos y alcanzaba metas en otro tiempo inalcanzables.

En una ocasión, se planteó hacer una carrera por montaña a la que llamaban “travesera”, eran algo así como noventa kilómetros, se lo comentó a su entrenador que como era de esos “flojos” que deambulan por ahí, le dijo que adelante, siempre que el reto fuese participar, no terminar el recorrido a toda costa; su padre tenía dudas más que razonables, pero entre unos y otros aunque sobre todo la ILUSIÓN, le vencieron y accedió a que su hijo que aún no había alcanzado la mayoría de edad participase.

A partir de ahí su vida cambió; los entrenamientos no tanto y desde luego nadie habría dado un duro por él si hubieran sabido lo que entrenaba, pero de nuevo, uno de esos retos que algunos catalogaban de imposible e incluso él pensaba que poco probables por su enorme dificultad se hizo realidad.

Hoy ya no recuerdo su nombre, pero su tesón, su enorme fuerza de voluntad en los entrenamientos y los avatares a lo largo de su carrera deportiva permanecerán para siempre en mi frágil memoria.

8 dic 2020

ROCÍO

 

Tengo que confesar que no era yo muy de teléfonos portátiles; en mi vida me había imaginado que caería como casi todo el mundo bajo el dominio de esas redes infernales que que por tierra mar y aire nos acosan y nos acucian.

El mensaje me llegó por “telegram”; solo lo uso con dos o tres personas a lo sumo; pero ya se encargan “ellos” de enviarme cada poco mensajes comentando que se ha añadido este o aquél; a veces aunque son conocidos los elimino, pero otras lo dejo correr.

No recuerdo el contenido exacto de la misiva electrónica que me llegó, ya que tengo por costumbre cada poco borrar todos los mensajes; pero más o menos Rocío me decía que se pasaría por la ciudad y que estaría disponible durante el puente por si queríamos vernos.

Por supuesto que quería; es Rocío de esas personas rodeadas por ese circulo luminoso que llaman halo o aura; esa especie de luna con la que rodean las cabezas de los santos en muchas pinturas religiosas. Algunos hablan de fenómenos paranormales, pero he leído que en el Tibet algunos monjes son capaces de percibir sus distintos colores a simple vista, siendo capaces de ese modo de adivinarlo todo sobre cualquier persona; yo que ni soy monje, ni religioso, me conformo con escudriñar tras unos ojos cuyo color soy incapaz de definir con exactitud.

Por supuesto nos citamos; para mi pesar no disponía yo de mucho margen; una pena, porque con Rocío el tiempo desaparece para convertirse en un intenso instante. No suele ocurrir que a una fracción de tiempo la tildemos de hermosa, y sin embargo siempre lo es cuando se trata de ella.

Como siempre abordamos varios temas que por lo general se suelen diluir como la materia cuando no tiene cuerpo ni volumen propio; hablamos eso sí lo recuerdo sobre los miedos que dominan a cierta gente, de miradas que hipnotizan, de aduladores; sobre las dudas que adornan a veces al género humano y casi nunca a los animales o a las plantas, y como de refilón algo comentamos del amor espiritual y de aquél otro que concede excesiva importancia a esos intereses materiales que son en realidad los que por desgracia mueven el mundo.

Las despedidas con Rocío siempre suelen ser largas, como las de los enamorados, porque siempre hay una penúltima frase que aportar, pero hoy había obligaciones que cumplir y se alargó justo lo necesario. Nos despedimos con un flaco beso y un generoso abrazo de esos que se semejan al cargador de cualquier aparato eléctrico. Yo en este sentido me volví con las pilas cargadas que a buen seguro me aguantarán hasta nuestro próximo encuentro.

La mayoría de los mortales no lo comprenderán, pero me regaló los elementos necesarios para sostenerme con majestuosidad durante esa vejez que en su momento me cubrirá, quien sabe si de canas o de dudas.

29 nov 2020

E S T R É S S S S

 


Unas pocas líneas sobre el  último libro de Luis Carlos Rodriguez, cuyo título es: ESTRÉS, SOMATIZACIÓN, CONSECUENCIAS Y EFECTOS A NIVEL FÍSICO, EMOCIONAL, MENTAL Y ENERGÉTICO.

Estamos ante un libro que requiere necesariamente la colaboración del lector; tal vez porque su autor es de los que piensan que aunque todo esté hecho, cada uno debe poner de su parte; de modo que no estamos ante una novela, sino ante una clase magistral con recovecos que a buen seguro podrán aprovechar los profesionales de la fisioterapia o la osteopatía entre otros; el resto de los mortales, nos conformaremos con intentar descubrir porqué somos tan tontos, como para provocarnos sin darnos cuenta, diversas dolencias y enfermedades en la mayoría de los casos, por prestar más atención a lo que hay fuera que a lo que tenemos dentro.

Su primer libro que habla sobre las causas del dolor de espalda, ya nos aclaraba ciertos errores que cometemos a lo largo de nuestra vida, incluso algunos derivados de fases sin completar durante nuestros primeros meses de vida, que tienen consecuencias durante el resto de nuestra existencia.

En este libro, además citar la importancia de saber escuchar más al cuerpo del paciente que al paciente mismo; Luis Carlos, deja líneas como estas:

.- “¿cuantas horas de su vida han empleado en torturarse a sí mismos con pensamientos inadecuados recreando en su imaginación situaciones negativas?”.

O esta otra:

.- “Es hora de volver a confiar en nosotros mismos, en nuestra verdadera naturaleza y en nuestro auténtico potencial con el fin de recuperar algo que nos pertenece por derecho propio, como es el bienestar integral”.

En fin, para los que no tengan miedo de afrontar pequeños retos, tenemos otro libro más de Luis Carlos Rodríguez y doy fe de que no será el último; aquellos que tengan interés lo podrán encontrar en Amazon (me refiero al libro, no al autor).

2 nov 2020

HERMES

 

Hoy celebración de los santos que fueron y los que no; es el momento de escribir cuatro letras sobre una leyenda con nombre de planeta a la cual algunos emparentaron con antiguos dioses egipcios, aunque también helenos, griegos y latinos. De él se decía que llegó para enseñarnos la sabiduría de lo eterno, pero sobre todo como el gran conductor de almas.

Se le atribuye al “TRES VECES GRANDE”, la famosa “Tabla Esmeralda”, además de una colección de veinticuatro textos sagrados (tal vez fueran cuarenta o más) escritos en griego, que tratan de la naturaleza de lo divino, de la belleza del bien y de la verdad verdadera.

De toda su obra, tal vez lo que más halla llegado hasta nuestros tiempos para el común de los mortales sean sus preceptos y entre ellos dos son seguramente los más conocidos.

1.- Lo que está más abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo. Actúan para cumplir los prodigios del Uno.

2.- Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez.

De toda su obra me encantaría rescatar el “Libro de los Alimentos o de las Respiraciones”, porque intuyo que en lo que comemos y en lo que respiramos se encuentra la esencia de la vida.

Mientras algunos sueñan con volar, otros sueñan con que todos alcancemos el mundo de los iluminados por sus enseñanzas para convertirnos en seres superiores, capaces de alcanzar la sabiduría del alma, entender la dificultad de lo sencillo y sobre todo asumir que no somos diferentes los unos de los otros, sino la misma cosa, la misma esencia; la misma parte del conjunto de elementos que conforman todo el universo conocido y desconocido.

Sueñan con que una vez alcanzado ese nivel de consciencia, dejemos de pelearnos entre nosotros por un puñado más de riqueza, puesto que habría dejado de existir en nuestra nueva cultura el “tu” y el “yo”; ya no habría diferentes colores de piel a nuestros ojos, no habría diferentes bellezas ni diferentes cualidades, porque habríamos comprendido la esencia de la vida que no sería otra cosa que una gran humildad contenida en una pequeña dosis de sabiduría; o como se ha citado más arriba, el descubrimiento de que la belleza estaría escondida en el bien y una vez alcanzada esa gran verdad; el mundo se convertiría de pronto en la morada perfecta para todos, o lo que es lo mismo, para el UNO.

29 oct 2020

LA TEORÍA DE LOS CUATRO GRUPOS

 

Estamos viviendo tiempos revueltos; ahora al criado perfecto (siervo le llamaban en otro tiempo, que viene del latín: servus=esclavo) le llaman covid19, pero lo curioso es que del amo nada se sabe.

Salen a la luz ahora, no cosas nuevas, porque son inherentes al ser humano; pero digamos que ahora cierto tipo de conductas nos dividen más que nunca.

Así tenemos por un lado a los que prefieren no complicarse la vida y no tienen ningún problema moral para obedecer los mandatos “superiores”, incluso aunque no estén en absoluto de acuerdo; de ese modo, si tienen que poner mascarilla la ponen, si tienen que quedarse en casa se quedan y ya de paso si hay que criticar o alabar al gobierno de turno lo hacen sin problema y en ambos sentidos. Estos da la impresión de que dejan transcurrir su vida como autómatas que no son capaces de moverse por sí mismos.

Luego están por otro lado, los que no se sabe si lo llevan en los genes o tienen el coeficiente de astucia mucho más elevado que el resto de mortales; en estos casos, se adaptan a las circunstancias y siempre que pueden pasan de ponerse bozal, pero si aparece la autoridad se lo ponen inmediatamente; les vemos por ahí con la “cosa” colgando de una oreja, o bien por debajo de la barbilla, incluso sujeta de una muñeca, siempre prestos a enfrentarse a cualquier situación. Estos en mi opinión son seguramente los más felices de todos.

Existe un tercer grupo de personas que siguen por su camino, incluso cuando son criticados por hacerlo, piensan que llevar tapa bocas en según qué circunstancias no sirve para nada y así lo manifiestan a todo aquél que les pregunte, e incluso algo en su interior les impide ponerlo, salvo algún momento en que por justicia son capaces de hacer una excepción. Entre este último se reparte la felicidad y la infelicidad porque el enfrentamiento está más próximo a sus vidas.

Hay un cuarto grupo que critica constantemente y siempre en una misma dirección, son los peones de los partidos, y otro tipo de asociaciones. Si eres de la oposición, criticarás constantemente los actos del gobierno, y si eres del partido del gobierno los defenderás. A estos últimos les da igual que haya que poner o que haya que quitar, que haya que quedarse en casa o salir, su único estímulo es defender unas ideas que poco o nada tienen que ver con la población en general, y aquí no conozco excepciones. Sobre si son felices o no, reconozco que no tengo ni idea.

Dicen que existe otro grupo minúsculo que lleva lustros mangoneando a los otros cuatro, del cual poco o nada se sabe, pero yo de estos no puedo decir si están o no satisfechos con su vida, por aquello que cuentan de que el dinero no da la felicidad, aunque a tenor de los hechos si no les reportase felicidad alguna, no se empecinarían en hacerse cada vez más ricos a costa de los demás.

Veamos entonces; tenemos cuatro grupos con expectativas y conductas bien diferenciadas, y en este mundo en que vivimos, nos han inculcado a machamartillo, o más bien a martillazos, (me van a permitir que abrevie un poco de modo que no se ofenda nadie si no le cito) que o eres de los blancos o de los negros; musulmán o cristiano, del pp o del psoe, del madrid o del barcelona, y en todos los casos, salvo honrosas excepciones, cada uno tira a matar sin importarle en absoluto que tras esas ideas haya siempre un ser humano. (Mientras tanto, ese quinto grupo del que hablan se frota las manos y no para entrar en calor precisamente, porque dudo mucho que pasen frío).

Hasta el más listo o el más tonto (que nunca sabe uno quien es quien), puede deducir que las diferencias que nos podrían ayudar a prosperar, nos separan y un pueblo dividido es un pueblo partido en pedazos y lo que es peor; con poca o nula capacidad de futuro.

17 oct 2020

TELE NOVELA

 

Otra vez roto mi descanso a las cinco de la mañana; tras dos horas y media en la cama, el cuerpo o tal vez la mente, no se que me piden, pero el caso es que me desvelo totalmente.

Hoy me he acordado de Patricia, que me cuenta que a ella le pasa pero a las tres de la madrugada así que mirándolo así soy un afortunado dormilón.

Ayer me encontré en el descansillo del tercero con Marianela, está para comérsela, siempre correcta, super amable y con un humor que no hay día que no me haga reír. El caso es que la pobre tiene una mísera pensión que no se ni como es capaz de mantener ese estado de ánimo que para mí quisiera.

Le andaba yo contando que si quería le mandaba ya mismo una carta de recomendación a mi primo el Trampas que ocupa un puesto de relumbrón en el gobierno de los estados unidos y me suelta con ese tonillo tan simpático: -pero qué imaginación tiene usted don Marcial.

Igual es que no se creyó la historia de mi antigua vecina Bajar, que esa sí que ni pensión ni nada; una “mujer” con dos hijos viuda desde ni se sabe cuando, y con una hermana que está como una chota que no le da más que problemas y más problemas; y que es que encima es más mala que la tiña y siempre está pensando alguna diablura que no ha habido ser más malvado sobre la faz de la tierra.

Es normal que no se lo creyera, porque cuando le conté que con su madre, que se llamaba Letice no hacía muy buenas migas porque a la que quería más era a la mala, pues supongo yo que no le entraba en la cabeza que pudiera haber gente así; pero el caso es que ya ves, yo conocía una. Su padre harto de tanta injusticia se marcho a vivir con Bajar y sus dos hijos; dos niños encantadores por cierto, siempre sonrientes sin saber que en casa las pasaban putas para la manduca diaria y aquí la nota graciosa es que el mocoso estaba enamorado de una vecina a la que querían casar con un mafioso de poca monta.

Aún recuerdo yo (le dije) una vez que se les estropició el calentador y se tuvieron que bañar con un caldero de plástico de esos de los de la ropa, que al fin y al cabo es lo que hacían con nosotros de pequeños; pues no vea la de peripecias que tuvieron que pasar para poder arreglarlo.

Pero no se crea que la cosa queda aquí, porque un día vino la mala contando por el barrio que no, que el marido de la Bajar, pues que no, que no se había muerto, que se lo había tropezado por el barrio un día. Ye le he dicho lo malísima que era ¿verdad?. Pues eso. Y no crea que termina aquí la cosa, que va, que...

  • Don Marcial, que yo también tengo tele hombre.

No se; aún ando yo rumiando porqué diría lo de la tele. Quien sabe si sería eso lo que no me ha dejado dormir esta noche; porque me pongo a pensar y no caigo yo que me quiso decir con eso; además yo la tele ni la veo.

15 oct 2020

A L B U R

 

Hay en los mal llamados juegos de azar, que controlan desde el primer momento todas las posibilidades en el juego; una serie de refuerzos que para sí quisieran los mejores siquiatras y sicólogos del planeta tierra.

Existen una serie de estímulos que la propia máquina controla conseguidos a base de datos obtenidos de los ludópatas grandes o pequeños, que generan en el jugador la ilusión de triunfo, o cuando menos la posibilidad de éxito reciente, lo que induce al que participa del juego a pensar que tiene el premio cerca, incluso que tiene el control sobre la máquina.

Pobre infeliz, que poco sabe de los inventores de estas máquinas, que como he dicho antes, nunca dejan nada al azar y es que además como hemos escuchado tantas veces: “LA BANCA SIEMPRE GANA”.

Ha sido tan grande la cosecha de millones en este negocio, que otros avispados negociantes han llegado a la conclusión de que si sirve para esto, también servirá para otras cosas, y aquí estamos de nuevo en un mundo donde los medios de comunicación y sobre todo los de la cosa virtual juegan a ser trileros con todo aquello que desprenda tufo a irrealidad o inexistencia.

De modo que aquí estamos; nuestras vidas controladas gracias a nuestros guasaps, tuiters, instagrans, feisbuqs, buscadores varios y resto de “grandes hermanos” acoplados en tan poco espacio de tiempo en nuestras vidas. Y me pregunto yo ¿aún quedan seres humanos sobre la faz de la tierra sin aparatitos?.

Llevamos tantos años regalando amablemente (en ocasiones han sido préstamos y otras veces hurtos descarados) los asuntos más o menos relevantes de nuestras vidas que aquellos que tengan acceso a ellos, podrán coger el volante de nuestro destino y dirigirnos donde gusten, incluso en contra de nuestra propia voluntad.

Ya hay oradores que llevan años advirtiéndonos de los peligros que conlleva caer en las “redes”, pero como he dicho al principio, lo repetitivo y otra serie de parámetros nos han convertido en los nuevos ludópatas del siglo XXI, solo que en vez de jugarnos el dinero nos jugamos nuestra propia existencia.

2 oct 2020

E L I S E O

 

Mi madre murió cuando yo tenía la edad de tres años, mi padre falleció a los cinco aplastado por las ruedas de un carro que manejaba una mala mula. A pesar de todo, mis mejores recuerdos son los besos y las caricias que mi madre me prodigaba en sus pocos ratos libres.

A partir de los cinco, una hermana de mi madre me acogió en su casa por un corto periodo de tiempo, pues tras malvender toda mi herencia incluida la casa familiar, me mandó de criado para un pastor de un pueblo de la provincia de Zamora cuando aún no había cumplido los siete.

Eran malos tiempos para casi todo el mundo, y no era el mío el único caso de niño trabajando desde la más tierna edad para ganarse el pan diario; luego he sabido que hubo otros muchos niños que vivieron infancias mucho más terribles que la mía y supongo que como hice yo, se adaptaron a una situación que todos nos pensábamos que era natural.

He pasado muchas penurias en mi vida, incluso hambre; mucha hambre; incluso tiempos en los que les tenía que robar la comida a los perros del tío Jesús porque parece que le preocupaba más su alimentación que la mía, de modo que de cuando en cuando me las apañaba para mermar su ración de pan duro, que mojado en algunas ocasiones con le leche que sisaba de las cabras que paseaba a diario, me sabía a rosquillas. Para tal menester no me quedaba más remedio que migar el zoquete y ocultarlo entre los diversos bolsillos que tenía entre los pantalones y la chaqueta de pana que afortunadamente eran tan largos que me llegaban casi a las rodillas; con la calor me hacía una faja que ocultaba bajo la camisa y ni se notaba. En la zamarra poco podía ocultar o mejor dicho nada, porque el amo me la revisaba antes de mandarme con las ovejas al pastoreo.

En algunos lugares escondidos, tenía sendos cuencos hechos de unos cocos que el ama compró a un vendedor ambulante y que afortunadamente pude librar de la chimenea sin vislumbrar el uso que les daría más adelante.

Con el tiempo, siendo ya un adulto de once años, me pude fabricar unos reteles y los dejaba temprano bajo el agua a falta de carne, con algún trozo de pellejo y eso y una buena hoguera, ayudaban a matar algo que era más que gazuza, ya que en aquellos tiempos la hambruna era recia, pues una vez más la guerra vino a mermar aún más los pocos recursos de los que disponíamos los pobres.

No merece la pena contar más detalles sobre mi vida, salvo que me casé con una buena moza y aunque todos decían que el Eliseo era un hombre cabal y muy tranquilo; tengo que confesar que durante toda mi vida he extrañado sobre todas las cosas la ausencia de las caricias y besos maternos.

Dicen que el hombre ya ha llegado a la luna, tengo que reconocer que viajar ahora en el coche de línea, nada tiene que ver con ir y volver a la capital en la burra, pero a mí personalmente me dan miedo tantos avances; porque si ya nadie se acuerda de uno que está a un palmo aquí en la tierra ¿que será de la humanidad cuando la preocupación sean otros planetas?

15 sept 2020

ENSOÑACIONES

 


La conocí durante un curso cuando daba clases, en una etapa de mi vida en la que aún me importaba perder el tiempo intentando convencer a mis alumnos de lo tenue que resulta la terapia craneosacral para ayudar a aliviar ciertos desequilibrios como medio de curación en relación a otras terapias más invasivas.

La llamaban Veni, su primer apellido era Roca y el segundo nunca lo supe o tal vez nunca quiso que se supiera; cuando la conocí me pareció una chica jovial y dicharachera y aunque no me gusta juzgar a la gente por su aspecto físico; tengo que reconocer que acertaban aquellos compañeros suyos que la comparaban con un camión, un tren e incluso con algún tipo de golosina por aquella extraña forma de juzgar que tenemos los hombres sobre las mujeres. Aunque he de añadir que sus propias compañeras no se quedaban atrás.

Tenía un don especial para cualquier tipo de manipulación, hasta el punto de convencerme para que nos fuéramos una noche de cena aún a sabiendas de que llevo felizmente casado más de veinte años.

A pesar de residir en un pueblecito de Córdoba, todos los fines de semana acudía a mis clases como si le fuera en ello algo más que la vida; era como una esponja, tenía muchas ganas de aprender, y por eso me caía tan bien, pero se le hacían un mundo las horas sobrantes, y aunque no le costaba nada hacer nuevas amistades, me esperaba al finalizar las clases, (siempre que no viniese acompañada de su novio), y me invitaba a tomar una cerveza, con el cuento de hacerme alguna pregunta sobre la clase del día que curiosamente nunca se producía.

Al final por supuesto, cedí; fue un fin de semana en el que mi mujer se había ido a ver a una tía suya y aunque normalmente la solía acompañar, esta vez y vaya usted a saber el motivo, no quiso; de modo que me apliqué aquello de: “una cena al año no hace daño”.

Nos fuimos a una conocida bodega de nombre Simón, situada en un pueblo denominado Valdevimbre muy próximo a la provincia de León. Le encantó la cueva; no se si por Córdoba tendrán cosas parecidas, pero no cesaba de alabar la estancia en la cual nos habían dado mesa, así como el resto de habitáculos de diferentes tamaños, unos con una sola mesa, otros con dos y la sala grande donde estábamos nosotros con al menos cinco o seis mesas para unos treinta comensales.

Era Veni de esas que se explican al contacto; de pronto te están hablando de cualquier asunto y apoyan una mano sobre la tuya, sobre el brazo, o te dan un toquecito aquí o allá del modo más natural del mundo; de modo que al cabo de un rato, te sientes como si fuerais amigos de toda la vida.

Llevaba para la ocasión un vestido ligerísimo que a la luz de las velas dejaba adivinar toda su silueta, con lo que más de uno equivocó la trayectoria de la cuchara o el tenedor ante la rencorosa mirada de sus parejas. Yo, tengo que confesar que estaba en una nube, pues hacía más de diez años que no salía de noche y me lo estaba pasando pipa viendo la envidia que despertaba a mi alrededor.

Todo estaba donde correspondía, las mollejas estupendas a falta de otro apelativo más grandilocuente, el pastel de cabracho lo mismo, así como el resto de platos que nos fueron sirviendo pausadamente.

A los postres antes de degustar sendos flanes de mantequilla, acercó su silla a la mía ante la mirada expectante del resto de comensales, y con una mano sujetando el móvil y la otra muy arriba, sobre mi muslo, acercó su mejilla a la mía, tiró dos o tres fotos y justo en la tercera se volvió y me besó en los labios como si fuéramos novios.

Yo pensaba que aquello era el fin de mi existencia, no sabía donde meterme pues a pesar de estar cenando a la luz de las velas, yo creo que todo el mundo pudo percibir como cada vez me ponía más colorado. El corazón a mil por hora y un torbellino de pensamientos imposible de manejar me tenía más para allá que para acá. Ella sonreía feliz como si no hubiera pasado nada sin ser consciente de que aquél pudo haber sido mi último beso.

El viaje de vuelta fue un tanto azaroso y no tengo ni la más remota idea de lo que hablamos; pero lo que jamás olvidaré, fue el largo beso de despedida otra vez en los labios y la posterior pérdida de consciencia en que quedé sumido hasta que como de ultratumba oí su voz y sentí como me daba palmaditas en la mejilla.

    • Por dios Don Seve, por dios, menudo susto me ha dado usted.

    • No hija, no, el susto me lo has dado tú.

    • Si le parece dejamos la cena para otro día ¿no cree usted?.

6 sept 2020

Luna lunera...

 

Comienzan temprano los rugidos en esta preciosa mañana de domingo, no son de tripas, sino de esos motores madrugadores que comienzan aislados y terminan colaborando al unísono hasta crear ese estruendo característico de las ciudades sin el cual algunos dicen que no podrían vivir.

Una vez más no he pegado ojo y ya se intuye el lento clarear matutino que nos llevará a un día para muchos de descanso merecido y para otros forzoso.

Me rondan varias cosas por la cabeza; hoy parece que esa máquina infernal que despierta a todo el barrio haciendo su labor de limpieza diaria no ha pasado, supongo que hasta los vecinos tienen derecho a descansar al menos un día a la semana. Pienso en la máquina y al instante en la montaña.

En esta ciudad y en ese aspecto somos unos privilegiados, porque a una insignificante distancia podemos recorrer grandes espacios a menudo vacíos de personal y siempre arropados por el gran silencio que nos recuerda que aún estamos a tiempo para volver a ser cuerdos; podemos incluso conquistar algunos picos conocidos y hasta jugarnos voluntariamente la vida.

Esta corta reflexión, me lleva a recordar ciertos rumores sobre la montaña leonesa, que hablan de proyectos relacionados con “empresas foráneas” que afectarían a los términos municipales de Cármenes, Carrocera, , Matallana de Torío, La Pola de Gordón, La Robla, Valdelugueros, Valdepiélago y Villamanín. Supongo ingenuamente que los estudios medioambientales exigibles tendrán en cuenta el consecuente deterioro del entorno, ya que sabemos por otros lugares de su influencia negativa en la fauna, la flora, donde se instalan. Por otro lado, parece que aunque aún no se ha estudiado lo suficiente, que también afectan negativamente a la salud de la población en otros aspectos incluso algo con lo que muchos no cuentan, el ruido que generan, sobrepasa en muchos casos el permitido por las directrices europeas.

Veo que ya hay gente a título individual defendiendo “nuestra montaña”, e inevitablemente pienso en lo poco positivo que pueden resultar estos proyectos para la población local, al tiempo que me vienen a la mente otros proyectos aún peores como la extracción de gas esquisto, tan contaminante para los recursos no solo de esos municipios, sino de otros colindantes.

Pienso también en esos médicos que dan la cara aportando datos que contradicen las alarmantes noticias sobre este virus capaz de comerse el resto de sucesos por preocupantes que sean; reflexiono y recuerdo que en tiempos de crisis las ganancias de ese uno por ciento pueden suponer miles de millones en un solo día; es decir, que la ocasión la pintan calva.

Me viene también a la chola la enorme capacidad de los medios de comunicación a menudo asociados a partidos políticos pero sobre todo pagados por las grandes multinacionales para su propio beneficio así como ciertos tratados internacionales y como en todos los casos solo hay un único favorecido (ellas) y muchos perjudicados (nosotros).

Como siempre habrá un pequeño movimiento contrario a estos “avances” que nos venderán como una gran ayuda para mejorar el medio ambiente general, y me temo que a menudo serán tratados como esos médicos por la verdad, ahora apodados “negacionistas”; una palabra bien elegida, que viene a sustituir a la hasta ahora más conocida como “extremistas”. De ese pequeño movimiento muchos se irán apartando poco a poco y como ha ocurrido tantas veces los grandes se comerán a los pequeños como sucede todos los días; lo que me recuerda a esos propietarios de tiendas de diverso tipo que están cayendo como castillos de baraja de una especie de agonía diaria, provocando con ello que otras “tiendas” más grandes se hagan con el control del mercado.

Me hago una última pregunta, ¿también tendrán ayudas del gobierno?... Por supuesto, recibirán millones de euros mientras que para nosotros el coste de la luz seguirá subiendo cada vez más. Mientras tanto, algunos irán corriendo a captar las últimas imágenes de las montañas antes del desastre que se avecina.

17 ago 2020

MEDIATIZADOS

Confieso que me encanta la lectura; me gustan los libros porque ese conjunto que conforman esas a menudo hojas repletas de letras, de frases, de sentencias, de opiniones, de pura invención en muchos casos, me devuelven a mi realidad al tiempo que me convierten en un ser atemperado y fuera de todo tiempo y lugar.

Disfruto leyendo aunque a veces (muy pocas), cuesta digerir los esperpénticos escritos de algunos aspirantes a escritores. Tengo mis preferencias como todo hijo de vecino, pero el espectro de mis lecturas es muy amplio.

Ahora mismo ando tras el rastro que me dejan cuatro libros en particular, entre los que reparto el poco tiempo que me dejo libre. En todos ellos hay citas interesantes, pero mientras tres de ellos son críticos cada uno en su campo; hay un cuarto supuestamente de uno de los escritores más relevantes en lengua castellana, que retomaré algún día, que hace tiempo yace inmóvil sobre una mesita con un marcador en la página catorce, y cuyo título es una fecha aún por llegar. Del resto, uno trata de diferentes aspectos físicos, fisiológicos e incluso sicológicos relacionados con el deporte y los deportistas; los otros dos tienen muchos aspectos semejantes, puesto que ambos tratan sobre la manipulación a la que vivimos “sometidos” desde hace muchas décadas.

No es normal escuchar en estos tiempos descripciones que no hace tanto se usaban bastante a menudo, como por ejemplo: “la caja tonta”; en cierto modo porque debido a los avances de la técnica y de la manipulación de la que hablábamos antes, ahora tenemos cada uno nuestra estúpida minicaja siempre a mano, por no hablar de otras que se hacen más grandes, en la misma medida que aumenta nuestra estupidez.

Lo que supongo que hemos descubierto con el tiempo es que esas cajas serán muy tontas, pero los que las vierten al mercado no tienen nada de estúpidos, como bien queda reflejado en libros de diferentes autores, todos ellos muy interesantes, como puede ser cualquiera estos cuatro autores: George Orwell, Noam Chomsky, Naomi Klein, e incluso la menos conocida Marta Peirano.

Todos ellos, nos enseñan que dentro de nuestro “pequeño mundo”, la manipulación mediática nos alcanza de tal modo que llegamos a estar tan necesitados de multitud de artículos, que nos volveríamos invisibles sin ellos.

Nos cuentan estos y otros autores, como la entrada en un supermercado tiene más sorpresas que el mundo de disney; diferentes tonalidades de colores, de iluminación, estanterías objeto de deseo, productos de nula necesidad que llaman nuestra atención, por no hablar de las horas que dedicamos a las redes sociales que en cierto modo nada tienen que ver con lo social, salvo por esas falsas relaciones entre sus miembros que nos van alejando cada día un poco más de la realidad con la que hasta hace poco habíamos convivido.

Una persona sin un televisor aún tendría una pésima valoración porque para una gran mayoría ese aparatejo sirve para videojuegos, para acoplar al ordenador o para ver vídeos o series, y ¿quién es el listo que puede pasar hoy día sin una de ellas?. Hay algunos que se permiten el lujo de no tener microhondas en su casa, supongo que muchos dirán “allá ellos” y les llamarán atontaos. Pero ¿se imaginan a alguien paseando por la calle sin un teléfono portátil?. Hoy día una persona sin un móvil es un ser solitario, un radical, un cero a la izquierda por no decir un apestado.

Y aquí estoy yo, subiendo esto al blog y confirmando aquello de la paja en el ojo propio y la viga en el ajeno. ¿O era al contrario?.