Si seguimos rebuscando, nos encontramos ya con cosas de cierta enjundia; pues nos cuentan que el tal Carlos, se ha convertido en un ser con una fortaleza interior como las acometidas de un toro bravo, de tal modo que no solo pueden llegar a tomar decisiones importantes, sino que además, pueden influir en las demás personas (siempre que no se llamen Carlos supongo) gracias a sus habilidades en el campo de la oratoria (no como esos parlanchines que salen en la tele que se las dan de saberlo todo).
Entre los diversos Carlos de renombre, nos encontramos gente tanto de la radio, como del deporte, la política las finanzas o el cine, así tenemos por ejemplo diferentes apellidos de Carlos famosos: C.Lastre, C.Zaura, C.Tantos, C.ASTASIO, C.Foyá, C. Ferrera, C. Alcapaz, C. Fardem, C. Puñól, C. Tardél, C. Morroneo, o por poner solo un para de famosos internacionales, tenemos a C. Tantana, C. davin, C. Azanaur, sin olvidar a Rober C. (tres de ellos del mundo de la música, el otro puede que cantase a los monos). Tanto éxito ha tenido este nombre a lo largo de la historia, que hasta la realeza lo ha copiado desde hace siglos; ahí tenemos por ejemplo al famoso Carlos Tinto de no se donde y Pintero de no se que sitio.
Para los amantes de las estadísticas que sepan que Brasil, México, Argentina, Colombia y Venezuela son los lugares donde más Carlos hay y como dato curioso, mientras en España son más de cuatrocientos, en Gambia o en Samoa no hay más de cuatro.
Hace poco me he leído la biografía de uno de esos Carlos, y me han llamado la atención varias cosas, por ejemplo, mientras en su entorno laboral, le llamaban “il dottore”, en su pueblo nadie se apeaba del “Don”, a excepción de una vecina que desde que era un mocoso, Carlitos por aquí, Carlitos por allí, y mira si le tenía cariño, que en su lecho de muerte con todos los familiares alrededor de la cama a Carlitos pidió ver antes de despedirse de este mundo.
Al parecer el tal Carlos era un gran amante de los bólidos; se dice que llegó a atesorar casi una docena de diferentes marcas y tipos y a veces utilizaba uno para cada día de la semana, no se si por fardar, o por aquello de que lo que no se usa se atrofia. Lo curioso es que tanto coche, tanto coche y en su pueblo siempre andaba con un dos caballos y con una moto para los caminos que le delataba por exceso de lentitud.
Otro de los placeres del citado Carlos, era la fotografía; en el libro no habla de cantidad, pero sí de varias cámaras (a saber); incluso llegó el hombre a ganar algún premio en uno de esos concursos de prestigio.
Y por último y no menos importante está su filosofía de la vida y “el vicio” de la charla amable y amigable sobre cualquier tema con el que pasar el rato; el rato y la vida que no es más que otro rato pero grandillón.
“grandillón”: dícese de lo que supera con creces lo grande