RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

6 ago. 2012

LOS FAMOSOS TARAHUMARAS (1ª PARTE)


ETNIAS TARAHUMARAS…

Son ya muchos, los que en los últimos tiempos han oído hablar de estos hombres, son muchos los que han oído hablar de sus grandes hazañas, muchos los que saben el tipo de calzado que utilizan y algunos los que intentan copiar esa especie de alpargatas (huaraches), con las que corren por los barrancos, pedregales y demás caminos de su tierra, ataviados con una especie de taparrabos con el faldón de la camisa colgando ampliamente por detrás, y con una cinta sobre la frente sujetando el pelo, como los “mescaleros” que casi todos hemos visto en alguna película del Oeste.

Entre los aficionados a correr, se habla de corredores de grandes distancias, con una gran pericia para sortear todo tipo de obstáculos, se dice que corren grandes distancias alimentándose tan solo a base de una simple bebida que obtienen del maíz; se comenta que han ganado a los mejores entre los mejores.

Son famosos pues, por recorrer grandes distancias en una especie de juego llamado “rarajípari” en los hombres y “rowema” en las mujeres, (no parecen ser nada machistas), se hacen equipos y se habla de hasta 750kms recorridos de este modo, como la carrera más larga conocida de la historia.

Entre los Tarahumaras, aunque ellos se llaman a sí mismos “rarámuris”(los de los pies ligeros), todos comparten sus pocas posesiones, no existe pues la propiedad privada.

Pero hay una parte que no es tan bucólica, una parte que nos muestra otra realidad; se han escrito gran cantidad de documentos al respecto, algunos oficiales, otros no tanto, pero cada uno aporta su granito de arena, y hoy vamos a formar parte activa en este movimiento:

LOS TARAHUMARAS, ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

Mi primer contacto con los tarahumaras, llegó trasteando por la red en busca de un evento deportivo que había tenido lugar en la ciudad de Chihuahua con motivo del Campeonato del Mundo de Marcha Atlética. En un periódico local, además de los asesinatos diarios; se hablaba de unos indios, cuya miseria era tan grande que se estaban suicidando tirándose por los barrancos; no puedo confirmar si la noticia era cierta o no, pues como siempre engañados constantemente como estamos por los medios, cada uno cuenta la película según sus intereses. El caso es que me llamó mucho la curiosidad, y me dediqué a buscar información al respecto; no habré leído ni un cinco por ciento de lo que hay por ahí, pero de momento es suficiente para dar otra visión diferente a la que conocemos en el mundo “civilizado”.

Vamos con esa visión:

De las más de 80 tribus conocidas; hoy seguramente, no llegarán a la media docena, a ellos se les debe una grandísima parte de la cultura Mejicana, tenían una relación directa con la tierra, el agua, el bosque, una asociación natural en definitiva, y casi mágica con el entorno.

Poseían una climatología benigna en algunas zonas, pero sobre todo muy diversa; el 70% del agua en la zona, 1/3 de la madera de la región; no es que estuviesen sobrados de recursos para la vida diaria, pero incluso con ese inconveniente, lo que había era suficiente para una tribu condenada por sus dioses a la pobreza eterna.

La situación actual, producto de la incursión extranjera y la corrupción en la sierra y entorno tarahumara, tiene mucho o lo mismo que ver con la situación de otras zonas del mundo (salvando las distancias), donde los depredadores modernos hacen diariamente sus negocios en connivencia con los distintos gobiernos, agotando uno por uno los recursos naturales del país, hasta dejarlo en los huesos y lo que es peor, llevándose los beneficios a otros lugares.

Si en los orígenes, los rarámuris, tenían la posibilidad de vivir de la ganadería, de la pesca, maíz, fréjoles, algo de ganado y algunos productos naturales de la tierra como hongos y raíces; el hombre blanco, (CHABOCHI – HOMBRE MALO), lenta pero inexorablemente, obliga a los indígenas por la fuerza en la mayor parte de los casos a vivir en condiciones aún más deprimentes, más duras empujándolos a zonas más inhóspitas de la sierra, donde la vida humana se mantiene más por un hilo espiritual que físico.

Españoles, americanos, dictadores, terratenientes, narcotraficantes y alguno más van encontrando acomodo en terreno ajeno y cada uno de ellos va apretando un poco más la soga que han colocado en el cuello del indio que ahora ya no solo es esclavo de la tierra y de las duras condiciones, sino además lo es también de la avaricia sobre todo extranjera.

La modernidad ha llegado a la sierra, y le llaman “chepe”, que no es otra cosa que un ferrocarril, para que los “otros” puedan aprovechar mejor los recursos de la sierra, como la cascada Bajaséachic que es al parecer la más alta del mundo por su posición topográfica; o sus cañones que dejan casi en evidencia a los del colorado. Hablamos de un terreno extremadamente variado con un clima bastante extremo, frío arriba, calor abajo.

Su extensión viene a ser como la mitad de la península ibérica (600x250kms); no me imagino lo que sentirían los primeros “conquistadores” al toparse con los estrechos desfiladeros, sus alturas, sus cortantes rocas, sus pendientes inimaginables que según cuentan precisaban de un día entero para ser completadas. Me pregunto qué animales salvajes estarían al acecho de aquellos extraños seres que no se parecían en nada a los habitantes naturales de la región.

Como ha venido ocurriendo a lo largo de la historia, las grandes religiones, no gustan de la variedad, no aman la libertad de los pueblos, precisan para su subsistencia ejercer el dominio primero espiritual, luego económico y finalmente sicológico; cuando el miedo hace parte de la vida diaria, incluso los indígenas son más dóciles a ciertas tentativas.

Algunos indios, ante la imposibilidad de seguir su camino aunque fuera “malviviendo”, deciden huir de la esclavitud física y espiritual que sienten en las misiones y buscan refugio en las barrancas, otros porque son explotados en zonas mineras y otros porque son perseguidos por las milicias que inevitablemente forman parte de este tipo de expediciones; como si la fe necesitara de la fuerza bruta para crecer en los corazones de las pobres gentes que ya tienen sus creencias desde hace miles de años, y que aún no teniendo demasiadas facilidades, nunca se quejan.

Pero el progreso es implacable, los gobiernos no se sacian nunca, y los ejércitos no hacen preguntas, de modo que la perentoria búsqueda de almas, obligaba a los jesuitas acompañados como se ha dicho, de los militares a buscar a los huidos en las mismas barrancas hasta el punto de que la infinita paciencia de los indígenas se convirtió en rabia, con lo que dejaron de ser indios para convertirse en rebeldes, y cuando ya Europa dejaba en la botella los primeros posos del siglo XX, expediciones próximas a los 20.000 hombres sofocaron definitivamente la revuelta, de modo que los que no fueron sometidos por la fuerza debieron sufrir los rigores del clima y el relieve en zonas donde vivir era prácticamente imposible.

Recordemos que las primeras expediciones a la Tarahumara, tuvieron lugar alrededor del año 1536, con la expedición de Alvar Nuñez “Cabeza de Vaca”. Unos cien años después se cifra la población rarámuri (en las zonas descubiertas) de unos 60.000 indios que por aquel entonces vivían de grandes superficies de laboreo que regaban en abundancia, pues no es agua lo que faltaba precisamente en aquellas tierras. Estos terrenos resultarían en un principio los más suculentos para los usurpadores españoles, ingleses, y americanos (de EEUU) e incluso y lo que es peor por los propios gobernantes mejicanos. Otras zonas con temperaturas extremas, que pueden pasar de los 30º a los -25 y alguna nevada ocasional, no resultarían tan apetitosas (de momento).

Tanto los rarámuris, como otros grupos habitantes de la sierra, y alrededores de Chihuahua, han sido desalojados de sus territorios, despojados de todos sus recursos naturales, de sus medios de supervivencia, de su cultura; y no tardando mucho; es posible por desgracia, que hablemos de una tribu extinta, de modo que lo que comenzó siendo una cruzada religiosa, terminó convirtiéndose en una masacre, donde poco a poco irían muriendo, no solo los hombres, sino sus espíritus.

En nuestros días, de los 21 municipios de que consta la Tarahumara, 17 son los que acogen el mayor nivel de pobreza del estado prácticamente, justo en los que habitan los indígenas (Rarámuris y Odamis (También llamados epehuanos) los dos grupos más importantes).

Entre ellos siempre se han ayudado para las tareas de siembra, para la construcción de sus casas y otros menesteres. Existe entre ellos un término, el “Korima” que no es otra cosa que un plan de ayuda espontáneo para los más necesitados, aún cuando el benefactor tenga lo justo y menos para su propia familia. Son las leyes naturales los que han enseñado al indio las normas de supervivencia más elementales, y esas normas obligan a devolver el favor cuando así lo exijan las circunstancias, (CUANTO PODRÍAMOS HABER APRENDIDO DE SU MODO DE VIDA).

La producción es básicamente de subsistencia donde el maíz conforma las tres cuartas partes de la dieta diaria. Con el acercamiento obligado al mundo capitalista, el rarámuri no ha hecho más que ir perdiendo sus propios valores y los de su entorno, viéndose obligado a buscar la subsistencia a veces mendigando, pues sus recursos ya no son sus recursos, sus tierras ya no son sus tierras, incluso para aquellos que se han visto obligados a vivir en cuevas como los animales, ven peligrar su vida a diario porque siguen sin identificarse con esta nueva cultura que todo lo arrasa y algunos tal vez prefieran morir a claudicar de sus creencias.

De vez en cuando, algunos indios ahogan sus penas, por medio del tesgüino o batarí, la bebida tradicional, que se obtiene, como no podría ser de otro modo de la fermentación del maíz; base de la subsistencia diaria, que junto a la calabaza, algunas setas, hierbas algo de caza y pesca; proporcionan prácticamente todos los nutrientes existentes. Seguramente si un nutricionista hiciera un estudio en profundidad; concluiría que los tarahumaras han vivido durante cientos de años por debajo de los límites tolerables en cuanto a alimentación se refiere; sin embargo han sobrevivido, relativamente bien hasta la aparición del “conquistador”. Ha día de hoy, con la pérdida paulatina de sus mejores recursos, el tarahumara está condenado irremisiblemente al hambre y la miseria más absolutas por mucho que sus “pies descalzos” les transporten durante kilómetros y kilómetros al mismísimo cielo.

(Continuará...)