RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

8 ago. 2012

TARAHUMARAS (2ª PARTE)

LOS HOMBRES QUE CORREN

(Continuación…)

Para que nos hagamos una idea, antes de la llegada de los españoles; se tienen datos que hablan de que alrededor de la Sierra habitaban, cerca de dos docenas de tribus diferentes, de las que ya hemos dicho que quedan dos.

Cuentan los Tarahumaras con un brujo o curandero (owirúame), que se encarga de resolver los males físicos y en ocasiones espirituales de sus hermanos, por lo general a base de hierbas medicinales que son procesadas y aplicadas de diferentes formas; una costumbre que perdura aún en nuestros días y que incluso es preferida en algunos casos a la medicina moderna.

Hay una hermosa leyenda sobre la extraordinaria cascada Basaseachi, según la cual el rey, en busca del mejor pretendiente para su hija (Basaseachi); preparó una serie de retos. Debido a la dificultad de superarlos, solo quedaron cuatro aspirantes, sin que ninguno de ellos llegara a sobrevivir a la última prueba, lo que provocó el suicidio de la joven que desesperada, se arrojó por un barranco, siendo transformada su caída en la hermosa cascada que conocemos hoy día por el brujo de la tribu.

Ya hemos apuntado más arriba, algo respecto a la colonización, en la que los primeros misioneros fueron los franciscanos allá por el 1554 y los jesuitas a partir del siglo XVII; los primeros crearon un convento ya en 1574, mientras que los jesuitas fundaron su primera misión en el 1611.

Las misiones tenían una gran importancia en la colonización, pues además de centros de evangelización; eran al mismo tiempo lugares de reclutamiento de mano de obra.

Poco se suele citar en los escritos, de los esclavos negros que fueron llevados a la Tarahumara; esclavos, que dicho sea de paso no eran suficientes para satisfacer la demanda laboral, de modo que el sistema más común terminó siendo la que podríamos denominar “caza del indio”, como si de un animal más del entorno se tratara. ¿Alguien se puede extrañar de que estos huyeran a los lugares más recónditos e inhóspitos de la sierra?.

Con la huida de los Tarahumaras, parte del espacio dejado por estos fue ocupado por los indios apaches.
La unión de tarahumaras huidos de las misiones, con los apaches recién llegados, constituyeron una seria amenaza para los militares españoles, ya que su mejor conocimiento del terreno era aprovechado por los apaches para intentar equilibrar un poco la balanza hacia su lado.
Entre las muchas cosas que podríamos aprender de los tarahumaras, están sus tradiciones, y entre ellas, el papel que juega el jefe de la tribu, llamado gobernador o siriame (el portador de la lanza), el cual se encargará junto con otros gobernadores de menor rando; de las negociaciones, los festejos, juegos, ceremonias religiosas, discursos y lo que sea necesario. No hay aquí ningún tipo de rivalidad política, simplemente se le da el cargo a aquél que todos creen que lo desempeñará mejor y por supuesto en beneficio de toda la comunidad; tomando la mayor parte de las decisiones en asamblea y si por un casual demostrase carecer de cualidades, será destituido inmediatamente y sustituido por otro. Como vemos, nada que ver con nuestra sociedad moderna y civilizada; donde si un político, va dejando rastros de su corrupción e incompetencia allá por donde va; sabe que si es necesario el partido lo apoyará para que siga en el mismo cargo u otro similar por los siglos de los siglos.

No solo los políticos han azotado la tarahumara; el cultivo de la amapola y la marihuana son dos estigmas más en la vida de los ancianos pobladores de la sierra, pues por su causa nos encontramos con zonas dominadas completamente por el narcotráfico y por lo tanto violentas.

Pero no solo hay que buscar culpables en el exterior; en la época de Porfirio, las minas (oro, plata, cobre, zinc, plomo…) o al menos su gran mayoría pasan a ser controladas por empresas americanas y británicas principalmente; por supuesto la mano de obra preferiblemente local (aunque fuese por la fuerza); y puesto que no hay peor herramienta que las políticas neoliberales, lo público, lo estatal (como por otra parte está pasando ya en Europa y en la mismísima “madre patria”), pasará paulatinamente a manos privadas, en su mayor parte extranjeras; aunque por el camino algunos beneficios dormirán el sueño de los hipócritas en suculentas cuentas bancarias de los más insignes politicastros.

El proceso de la implantación de la minería, no varía respecto al de otro tipo de industrias contaminantes; en principio se intenta negociar con la persona o personas con mayor rango de la comunidad; se les agasaja o dicho directamente se les compra; a continuación se publicitan los maravillosos beneficios que obtendrá la comunidad entera; si fuera necesario se divide a unos y otros mediante engaños y promesas que pocas veces van a ver la luz y finalmente donde un día hubo vida y esperanza, solo quedarán destrucción y muerte.

La actividad forestal se encuentra directamente ligada a la actividad minera; y aunque posteriormente el ferrocarril demandará también una gran cantidad de madera; aquí el caballo de batalla serán básicamente las autorizaciones y por supuesto se instalará la manga ancha por doquier y muchos políticos atraídos por la fiebre del dinero fácil, serán juez y parte en muchas de las leyes relacionadas con esta actividad, al igual que muy posteriormente se hizo con la industria del papel de la cual también se obtuvieron grandes beneficios.

Teóricamente ya entrado el siglo XXI, hubo una serie de acuerdos tendentes a un reparto de los beneficios en dirección a los indígenas, incluso en algún caso llegó a funcionar, pero el capital privado, con su característica delicadeza, hizo buena la frase: “El pez grande se come al chico”.

Si las cosas estaban mal, llegaron los “llaneros solitarios post-modernos”, así el Banco Mundial, (ese que “regalando” riquezas todo lo convierte en pobreza absoluta), con sus préstamos consiguió que las pocas propiedades que aún quedaban en manos de los indígenas, pasasen a manos privadas como por arte de magia. Tal vez este fuera el golpe de gracia definitivo para los habitantes originales de la Tarahumara, y tal vez algún día podamos exigirles responsabilidades a estos pistoleros; aunque dudo que para entonces alguien se acuerde de que hubo un tiempo en que los legítimos propietarios de estas tierras vivían en paz y eran los únicos dueños de su destino.

Han existido, todo hay que decirlo políticas orientadas a prevenir estos desastres, pero son tan limitadas y tan insufladas de carácter político, que los Tarahumaras no estarán ya aquí para cuando se comience a vislumbrar un pequeño rayo de esperanza.

La influencia de la minería en los pueblos es muy grande y para muchos como ya hemos dicho muy beneficiosa; pero hablamos aquí de hombres que para sobrevivir, no precisaban más allá de su maíz, sus frijóles, sus calabazas, sus peces, la caza, algunos productos naturales de la tierra, todo ello obtenido gracias a su enorme respeto por la tierra y ayudándose mutuamente, cosa esta última que la sociedad moderna parece no permitir.

Como siempre el daño se hace antes, durante y después (no olvidemos que estamos hablando ya de siglos); así se ha podido asistir, a la destrucción casi total de asentamientos prehispánicos, cuna de la cultura Tarahumara; y poco a poco, a una paulatina degradación (eso si, en aras del progreso y del confort espiritual) de los principales ríos sustentadores de vida en la Tarahumara. Las lluvias han ido arrastrando materiales tóxicos hasta los ríos y estos por el devenir natural han estado esparciendo lógicamente ese veneno durante kilómetros y kilómetros.

Los Rarámuris, como tantas otras tribus a lo largo del planeta, vivían una vida sencilla sin molestar a nadie; y salvo pequeños enfrentamientos con tribus vecinas por problemas de asentamientos, no intentaban influir en otras culturas lejanas o en otras religiones; tenían sus tradiciones y su modo de vida que para ellos era el auténtico. A lo largo de siglos, la Tarahumara fue invadida repetida y machaconamente por la religión, la cultura europea, la industria destructiva del capitalismo salvaje y asesino de pueblos. Los salvajes se suponía que eran ellos; pero el tiempo nos ha demostrado que lo terrible, nunca ha estado en el pasado, sino que viene del futuro.

Entonces les tocó a ellos; ahora nos toca a nosotros; la economía neoliberal ya está campando a sus anchas por todo el mundo, sin respetar propiedades ni personas; por ello yo me pregunto:

¿En caso de que no esté sucediendo ya; ¿cuánto tardaremos en repetir la historia de los tarahumaras en nuestras propias carnes?.