RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

3 feb. 2014

RAQUETEANDO EN LA NOCHE DE ESPINAMA

RAQUETADA NOCTURNA POR ESPINAMA (Cantabria).

He visto como los árboles cobraban vida a la luz de diminutas antorchas.

He visto enanos observándome bajo un firmamento totalmente estrellado.

He visto elfos tan mimetizados con la naturaleza, que nadie más que yo, se ha dado cuenta que nos observaban.

He viajado por todas las edades de la tierra; la de las lámparas, la de los árboles y la del sol. He creído ver bestias aladas, mearas, y olifantes.

He visto todo esto porque he viajado a la tierra media.

Si me creen o no, me es indiferente, solo pretendo plasmar aquí lo que he vivido, por si algún otro tuviera la gran suerte de repetir mi experiencia.

Hay una comarca, más allá de todas las comarcas, situada a uno de los costados de “Picos”; (vertiente cántabra); denominada “Espinama”.

Dicen de los habitantes de estas tierras, que son seres valerosos y que allí, hasta los pastores de árboles tienen una inteligencia fuera de lo común.

Pensaba que se trataba de un mundo imaginario, poblado por hombres y enanos, elfos y hobbits, ents, y otras especies; pero he tenido el privilegio de ser golpeado por la cruda y hermosa realidad.

He visto seres, viajar sobre paisajes nevados a la luz de las estrellas, ataviados únicamente, con unos enormes y extraños zapatones; un palo capaz de crecer y mermar en cada mano y en la frente una antorcha mágica que resplandecía sobre los senderos.

He visto cientos de estos seres entre los árboles, subiendo por las montañas, parloteando un dialecto extraño y divertido.

He percibido la alegría en todos los rostros a la vez; y como la fuerza de unos, trituraba la debilidad de otros; como las ganas de servir, triunfaban sobre la necedad de ser servido y como cola y cabeza formaban un único ser.

He dormido en aposentos tan agradables, que tenía la impresión que se habían hecho para mí; y posaderos tan pendientes de cada uno de mis gestos; que siempre me hacían olvidar el hogar.

He probado manjares imposibles, que si ya entraban directamente por el ojo; en el paladar, eran un estallido celestial de sabores. En cuanto a los postres yo que odio lo dulce, no he podido rechazar los impulsos generados por mi cuerpo, que postrado ante los sucesivos platos me invitaba sin remedio a un mismo viaje, (del plato a la boca), hasta alcanzar un elevado estado de consciencia que no había conocido jamás en la vida.

He conocido a la mujer primigenia; al joven que armado solo con su honda, derrotó al gigante de Gal en el valle de Ela; a un oriental con la sabiduría de Confucio; a una aldeana capaz de beber como si nada, en un solo día lo que otras beben en unos meses; a mujeres de mirada tan penetrante, que flotar era poca debilidad viendo como se rendía el alma de inmediato.

He visto también mujeres pequeñas y niñas grandes, capaces de dibujar runas con el solo movimiento de sus caderas.

Sonó la música, y la melodía nos envolvió a todos como una bruma; luego ya todo fue mezclar bebida, baile y charla... después ya no se lo que pasó.


Hoy, aquí sentado frente a la pantalla de mi ordenador, me sigo sintiendo allí; doy por hecho que estoy hechizado, pues no veo letras, sino gentes, circunstancias, risas; quien sabe si aquella dulce mirada...