RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

12 nov. 2014

Un poco de imaginación

IMAGINA


La imaginación, es una escena futurible, que convertimos en real, solo en nuestra mente, a veces con consecuencias imprevisibles.

Pongamos como ejemplo tres escenas diferentes.

Alguien podrá visualizarse acomodado en una estupenda casa de montaña, sentado en una silla sobre la hierba tomando un refresco y disfrutar instantáneamente del paisaje, pero puede hilvanar este pensamiento con otro en el que se figura, como un coche se despeña por un barranco próximo, incluso siguiendo el hilo de este, sentir miedo solo de pensar que en unas horas tiene que coger el coche para volver a casa y pasar por el mismo lugar donde imaginó el accidente.

Hasta aquí todo normal, el problema comienza cuando ponemos excesivos sentimientos en cualquiera de los tres casos, pues en todos ellos estaríamos viviendo sucesos que nada tienen que ver con nuestra realidad y podemos quedar atrapados en esa tela de araña que supone creerse que lo que imaginamos es más real que lo que vivimos.

Si trasladamos lo visto hasta ahora a aquellos que corren por la montaña, veremos que también como no podía ser de otro modo, se dan los tres casos.

  1. Tenemos al corredor que ante una competición, se imagina corriendo ligero, sin esfuerzo y saltando entre las rocas como una gacela.

  1. Por el contrario, existe el que vive en su mente los grandes desniveles, el peligro por la proximidad a los precipicios, o las bajadas técnicas.

  1. Y por último tenemos (dando continuidad al punto número dos), al que comienza a sentir cierto cosquilleo en el estómago, cierta flojera de piernas, y finalmente miedo ante lo que cree que puede sucederle.


No sería complicado conjeturar a cuál de los tres le va a ir mejor ¿verdad?.

Pues ahora que ya creemos saberlo, tratemos de movernos en el ámbito de lo positivo para que la respuesta sea también positiva; y por lo mismo, intentemos alejarnos todo lo posible de esa negación voluntaria que supondrá siempre una carga demasiado pesada, un lastre excesivo para nuestra voluntad, nuestras piernas y nuestro corazón.


Tanto peor si insistimos en jugar a tener miedo; pues con ello, solo conseguiremos conjurar los demonios que nos pueden conducir al abismo real.