RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

25 feb. 2015

BARRIENDO PARA CASA

Barriendo para casa



No es nada inusual en deportistas de cualquier signo, escuchar frases como estas: “no sé lo que me pasa, pero lo cierto es que no tengo ganas de competir”, “ya hace unas cuantas semanas que ni siquiera me apetece salir a correr por las tardes”, “es llegar a casa después del trabajo y perder de inmediato la ilusión, incluso aunque haga un día espléndido, me quedo sentado en el sofá como un idiota y ahí me las den todas”.

Evidentemente, nadie tiene el cuerpo a prueba de bombas o por decirlo más suavemente, asegurado contra cualquier tipo de conflicto; a veces un pequeño contratiempo como que no nos salga algo como teníamos previsto, da al traste con parte de nuestras ganas de vivir, incluso aunque ese contratiempo no sea vital en absoluto para nuestro devenir diario.

Les hay que se agarran unos cabreos monumentales cuando pierden el autobús, otros se amargan el día porque la cerveza les ha sabido rara o porque alguien que venía en sentido contrario les ha rozado con el hombro y no les ha pedido perdón (incluso en el caso contrario).

Se repite hasta la saciedad, aquello de “somos animales de costumbres”, y desde luego a poco que observemos a nuestro alrededor, veremos que es completamente cierto.

No contábamos con que podríamos tropezar con alguien en el camino, o que no nos gustaría tanto la cerveza como en otras ocasiones, o que podríamos perder el autobús, pero sucede y ocurre a menudo que surgen barreras en nuestro camino que nos impiden alcanzar nuestro objetivo del modo que habíamos previsto.

Esto, evidentemente, no es ajeno a la gente que corre, incluso sucede más a menudo o cuando menos, tantas veces como “en la vida normal”, y ocurre cuando nos sobreviene una torcedura, llueve, hace sol, o nos vamos de bruces al suelo perdiendo unos segundos preciosos o cuando no alcancemos el objetivo que nos habíamos previsto…

Todos esos inconvenientes del vivir, no son en la realidad más que errores comunes en el planteamiento previo a la carrera que hemos instalado en nuestra mente, y entre los pequeños entresijos de los que consta esa obra teatral que habíamos confeccionado con mimo, nos han faltado algunos elementos con los que deberíamos haber contado; a ningún músico le gusta desafinar, pero a veces simplemente ocurre.

Cuando una persona desea que suceda algo con fuerza, evidentemente está generando ilusión, tanta que llega a percibir como real lo que solo era producto de su imaginación, en cuyo caso será factible la aparición de ciertos estímulos generadores de una fuerte corriente plagada de optimismo, entusiasmo, incluso una alegría desbordante que nos puede llevar a deformar la situación en nuestra mente, de tal modo que nos cerremos a otras posibles realidades.

Hacerse ilusiones, no es verdaderamente un error, prefabricar situaciones, o hacer planes forma parte del género humano, pero nunca debemos olvidarnos que el mundo gira sin necesidad de que le empujemos; y tenemos que ser conscientes, de que hay tantas posibilidades de que nuestros sueños se cumplan, como de que no.

Por lo tanto el corredor que sea capaz de entenderlo, nunca se sentirá insatisfecho, porque será capaz de adelantarse, tanto a esa lluvia que tanto le molesta, como a la caída inesperada o la pérdida de ese puesto imaginario. La diferencia estará en que si sucede nada alterará su camino, no encontrará motivos para dejar de luchar, porque ya contaba con los imponderables.

Dicho de otro modo; en ese ensayo mental previo a la competición, ya había contado con los imprevistos.