RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

19 may. 2015

HUELGA EN EVEREST




Hace unos días he mantenido una larga conversación con un amigo afectado por un “ere”, escuchamos la palabreja un día sí y otro también en la tele o la leemos en la prensa, pero pasa lo mismo que con los muertos en África, en el mediterráneo o en cualquiera de esos conflictos provocados que vemos a diario por el mundo, que te suena a algo muy lejano y lo dejas correr.

El tema central del diálogo, fue la situación laboral, pero curiosamente, en ningún momento se centró en el individuo sino en el colectivo, lo que ya da una prueba fehaciente de con qué clase de persona estamos tratando.

Dicen que nuevas leyes intentan cortar la vorágine de empresas que acuden a los eres aún obteniendo beneficios, pero en este juego de cartas, uno no puede evitar pensar en aquellos tahúres profesionales que siempre llevaban más de un as en la manga.

Al final, aunque bien podrían expropiar la empresa en beneficio de los “no asalariados” para mantener no solo su trabajo sino una actividad aún con futuro; al final digo, a la empresa se la deja caer, el dinero se queda, pero el trabajador se va a la calle sin cobrar y con un futuro muy incierto.

La situación no difiere demasiado de la de otros “eres”, El lema es “divide y vencerás”. En muchos casos se trocea la empresa por un lado para facilitar su venta y por otro para que no haya una vuelta atrás; luego se buscan los eslabones más débiles o más cobardes de la masa laboral, primero sindicatos, luego trabajadores y por el camino, se reducen sueldos y pagas, se materializan despidos hasta dejar en nada a la masa laboral que es la que puede generar conflictos y de paso se tantea una ayudita del gobierno que si cae, difícilmente llegará a los bolsillos de los trabajadores.

Dejo correr lo del negocio de los eres, pero lo que no puedo ni quiero dejar pasar de largo, las trescientas veinte familias que no ingresan una perra desde hace ya ocho meses.

Me pongo a cavilar y me pregunto cómo es posible vivir tanto tiempo sin ingresos, me imagino que en algunos casos, sobre todo a partir de ciertas edades, puede que existan algunos ahorros, que tendrán que estirar como si fueran chicle; otros andarán haciendo equilibrios en la cuerda floja porque andan ya un poco justos; en algunos casos y con el pelaje que tienen las residencias de ancianos, habrá que traerles de vuelta a casa; como dicta la ley de Murphy, muchas parejas habrán perdido también su trabajo, es más que probable que a alguno le haya pillado la cosa con una compra a plazos, y no te digo nada si hay hipotecas de por medio.

Sigo cavilando y trato de ponerme ahora en el lugar del observador, porque si me pongo del lado de mi amigo, solo de pensarlo ya sufro; pues bien, yo creo que para el resto de los mortales en situación “regular” (con un trabajo normalito), muchos pensarán que sencillamente estas son cosas que pasan.

Les observamos por la calle y no van desnudos, tampoco parecen desnutridos, a algunos les vemos echarse unas risas mientras le dan al bocata en tiempo de “piquete” y al final pensamos “tampoco será para tanto”.

A lo largo de la historia, religiones, reyes y gobernantes nos han embutido la idea de que los de abajo, los “casi nadies” que diría tal vez Galeano, están para usar, tirar y si se tercia pisotear; tal vez a fuerza de repetir las cosas, nos hemos vuelto insensibles al dolor ajeno (que debería ser nuestro dolor) y finalmente convertimos varios cientos de personas en una cifra más.

Pero para que no haya dudas, los propios trabajadores nos demuestran que si son personas; con sus piquetes, con sus retos en bicicleta o a la carrera si es preciso y con otros retos que van surgiendo de la desesperación; porque si existe una solución, esta solo puede venir de la acción, de la protesta, del no parar bajo ningún concepto hasta encontrar una solución.

Uno de los retos, ocho maratones seguidos y a la carrera hasta completar los 320kms que representan las dificultades de esas 320 familias.

He escuchado tras el considerable esfuerzo, algunas frases de estos valerosos currantes de la ruta, y trato de ponerme en su lugar, pero no lo consigo.

Intento imaginarme que mecanismos internos posee el cuerpo humano, para permitir a algunas personas llegar a situaciones límite sin que les cueste la vida o una parte de ella; me pregunto en cuantas ocasiones se cruzó por sus mentes la palabra derrota, o abandono, o rendición, porque en el fondo ellos son conscientes de que su lucha no va a producir resultados, al menos inmediatos lo cual a mí personalmente me llevaría a una situación de profunda tristeza, o tal vez a una honda depresión.



Sigo meditando y al final caigo en la cuenta de que la clave está, en que en realidad no corrían para sí mismos, sino para esas trescientas veinte familias con sus hijos, sus padres y resto de familiares con sus propios problemas particulares y ahora sí, ahora asoman las primeras lágrimas en mis ojos, mientras que en el centro de mi pecho, una especie de desasosiego que me sube directamente por la garganta hasta nublarme la vista, me recuerda que yo también soy humano, y que si no detenemos esta sangría, mañana mismo, bien pudiera ser yo LA FAMILIA TRESCIENTOS VEINTIUNO.