RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

7 ago. 2015

RAÍCES




Imagínese un terrible vendaval, o si lo prefiere un huracán de grado “nosécuantos”; observe a continuación como habrán quedado los edificios a su alrededor, es probable que vea aún algunos en pie, otros a los que aún les queda alguna pared y otros completamente demolidos.

Piense ahora en lo que supone para el cuerpo humano el vendaval del tiempo; envejecer, perder facultades, constatar que lo que años atrás estaba “chupado”, ahora resulta imposible de realizar, o que lo que te llevaba cinco minutos ahora no eres capaz de hacerlo en menos de cuarenta.

Seguramente habrá oído alguna vez: “cada uno es de su padre y de su madre”; (qué gran verdad).

Lo cierto es que aunque todos tenemos una maquinaria similar, no a todos nos funciona ni del mismo modo ni durante el mismo tiempo.

No hay una explicación única para hallar la causa por la que unos son capaces de derrochar vitalidad a los noventa y otros arrastran los pies a los setenta; sin embargo hay factores que influyen negativa o positivamente en este proceso vital.

Podríamos enumerar un gran número, tanto externos como internos, la alimentación, el medio, la herencia genética y otros, pero nos vamos a centrar en el ejercicio (ese que requiere de un esfuerzo físico).

Nos guste o no, el ejercicio no es una opción, es una necesidad para todos aquellos que respeten su organismo.

Hay personas que se ejercitan obligatoriamente durante su jornada laboral, y otros que no despegan el culo del asiento en todo el día, y sin embargo ambos necesitan hacer ejercicio, aunque evidentemente más aquellos que llevan una vida sedentaria (los que se mueven poco).

Para unos el ejercicio es relajación, y para otros un enorme sacrificio, pero si vencemos esos impulsos contrarios y mantenemos una rutina diaria y a ser posible variada, los beneficios, no solo no tardarán en llegar, sino que perdurarán.

Como se suele decir, es un sacrificio muy pequeño para un beneficio muy grande; sin embargo no debemos olvidar que las cosas a la fuerza no tienen las mismas consecuencias que cuando se realizan con un estado de ánimo favorable; esto último debemos tenerlo muy en cuenta sobre todo con los niños, máxime con aquellos que sobresalen y por desgracia son convertidos en moneda de cambio por padres que buscan en sus hijos el ídolo que ellos nunca pudieron ser.

Hace más de un siglo Emile Coué nos regaló esta frase:

Al enunciar, los padres, lo que desean que sus hijos logren, lo que enuncian es su propio deseo. Es decir, su falta; su límite, su imposibilidad”.


Esa es precisamente la cuestión; 

Si los cimientos son débiles, y llega un vendaval, ni un solo edificio quedará en pie.