RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

2 nov. 2015

RAREZAS

JACQUES


En estos momentos; mientras el Jordi nos vuelve a sorprender con uno de esos programas en los que la añoranza, la rabia y el destino se entrelazan para dar el fruto deseado que no es otra cosa que una lágrima jamás redimida, escucho apasionado “Poveri fiori” de la soprano griega Maria Callas, y sin embargo mi mente viaja enloquecida hasta la primera vez que escuché admirado y sorprendido por la fuerte carga emocional que desprendía otra gran canción de otro extraordinario de la música y de la vida.

Se trataba aquella noche del enorme Jacques Brel, el maestro del amor hecho música, el de la letra corrosiva, el de la denuncia constante, el poeta que se entregaba entero en cada canción, el autor de “La chanson des vieux amants”, “Quand on n'á que l'amour”, “Ne me quitte pas”, o “La ville s'endormait”, entre otras; el mismo que me descerrajó un cañonazo de sentimientos a bocajarro una noche vieja a bordo de un vehículo completamente cubierto del vaho que desprendían las bocas de dos enamorados que sentían más que escuchaban una canción enorme y única como sucede a veces con estos azares que en ocasiones convierten la música en vital; se trataba de “Orly”.

Orly, que título más corto para un contenido tan largo; sigo escuchando a la Callas embravecida, dominante y segura de su portentosa voz, y no puedo evitar revivir aquella historia, aquella canción que hablaba de la despedida de dos amantes en un aeropuerto, de sus sentimientos, de su soledad, de sus lágrimas y la desesperación de un adiós que ninguno pudo o supo evitar.

El comienzo de la canción ya lo dice todo: “son más de dos mil y no veo más que dos”; hay que haber amado y sufrido mucho para dar a luz canciones como esta; dicen que Jacques murió de amor y lo creo.

Sigo aquí con María que ahora me deleita con “A vos jeux” y me pregunto si escogió París para morir o simplemente murió también de amor como Jacques.