RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

11 abr. 2016

T E R A P I A.


La palabra terapia, como otras tantas procede del griego y significa “curación”.

La vida a veces se empeña en estrujarnos, en ponernos contra la pared. En la gran mayoría de los casos, de nosotros dependerá que nos aplaste o que aunque con alguna herida, seamos capaces de repeler el ataque.

Esta sociedad está plagada de problemas de ansiedad, acompañada de trastornos diversos como mareos, disminución de la vitalidad, inestabilidad, miedo, claustrofobia, falta de energía, es decir, interferencias en el funcionamiento normal del cuerpo humano.

En realidad, son “toques necesarios”, reclamaciones dirigidas contra los individuos que apartan sin darse cuenta las manos del timón. Es una llamada de atención también para quienes llevando mucho tiempo preocupándose de los demás se han olvidado de su propia existencia. 

Cuando te percatas que la vida no es lo que quieres sino lo que viene, cuando asumes que no se puede nada contra ciertas circunstancias y que continuar deprimido no produce beneficios; estás en condiciones de dar el primer paso, que es aceptarte a ti mismo para a continuación percibir la realidad con todo lo que hay en ella de grato o de desagradable.

Llega un momento cuando vas sumando vivencias negativas que el cerebro le dedica tanta atención a los disgustos, que se olvida de cuáles son las órdenes principales para que todo funcione correctamente. En principio hemos forzado al sistema nervioso central a actuar en contra de su voluntad, puesto que lo suyo es coordinar con efectividad; pero llega un momento en que este se revela y es cuando aparecen ciertas conductas o situaciones poco habituales, y o bien nos duele donde no nos había dolido nunca, o nos aparecen síntomas de otras enfermedades que a la hora del diagnóstico médico no se sostienen porque en realidad no existen en el cuerpo físico, sino solo en plano mental.

Creemos que el mundo es inmenso porque no nos damos cuenta de que nosotros somos el mundo; de modo que cuando sentimos que se nos cae encima, en realidad ocurre que nos estamos alejando de esa atracción que ejerce el centro de gravedad y podemos terminar vagando por los confines del planeta sin capacidad de maniobra. Antes de llegar a ese punto debemos cambiar y para eso siempre hay que dar un primer paso, que en general es reconocer donde deberíamos estar ubicados.

El dolor no es para siempre, y durante nuestra vida estamos sujetos a muchos cambios. Nada es eterno, y menos nuestros peores momentos, que por mucho que se alarguen en el tiempo, si sabemos gestionarlos nos convertirán en personas más enteras, más fuertes y capaces.

Cuando se manifiesta en nosotros un desequilibrio, ya sea físico o emocional, hay que procurar cambiar de actitud cuanto antes y pasar del lado negativo al positivo, la queja aunque sea en silencio no es la solución, más bien al contrario, el disgusto, el enfado siempre nos hunden más en las arenas movedizas de la depresión; por el contrario la acción siempre nos proporciona recursos para salir de ella.

A lo largo del día maniobramos automáticamente sin darnos cuenta de lo que hacemos, lo que no nos proporciona ninguna alegría, es por eso que la cuestión más importante es vivir el MOMENTO, el AHORA, el YA, de modo que si estamos comiendo, comemos, no estamos pensando en si mañana va a llover; si estamos mirando por la ventana, simplemente miramos y nuestra mente y nuestros pensamientos están en eso que vemos, no en lo que nos imaginamos que podemos ver o en lo que vimos ni en lo que veremos dentro de un par de días.

Vivir el momento implica no solo disfrutar de cada segundo, también es sentir dolor, temer por la salud de nuestros seres queridos, asumir que la muerte nos llega a todos sin avisar; pero sobre todo cobra su mayor sentido cuando a pesar de todos los acontecimientos adversos, somos conscientes de que el tren de la vida no parará en ninguna estación.