RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

29 ago. 2016

C L O T I L D E



Lo percibo, lo siento, lo vivo, lo disfruto, lo cuento. Cada día que pasa me encuentro mejor. Qué digo mejor, mucho mejor. Soy una persona nueva, ya no es solo que no me conozcan mis antiguos vecinos, es que me cuesta reconocerme a mí mismo cada mañana delante del espejo.

Todo comenzó hace ya un año. Me mudé de barrio, al principio no me gustaba mucho, gente por todas partes, pocas zonas verdes y demasiados vecinos, que como viene siendo habitual en esta era de la comunicación, no saludan, y si te los topas de frente, casi ni te miran. Ya estaba de nuevo volviendo a saborear lo peor de la “depre” hasta que un “hola” de buena mañana me cambió la vida.

Clotilde es el nombre de mi vecina, tiene un nombre horroroso, pero un cuerpo divino, una voz que encandila, que relaja, que te pone a soñar desde la primera palabra que sale de su persuasiva boca; es en definitiva, la mujer con la que todos soñamos, inalcanzable para el común de los mortales, y sin embargo ahora es mi vecina.

Tengo la imperiosa necesidad de contarlo a los cuatro vientos; solo he necesitado siete días para darme cuenta de lo equivocado que estaba. Clotilde, Clotilde, Clotilde, no entiendo como en algún momento me pudo parecer un nombre feo, Clotilde, Clotilde, Clotilde,no me canso de repetirlo, y en cada ocasión, surgen una y otra vez las mismas emociones, la misma sensación de estar en paz con el mundo, la euforia y la dicha en sus más altas estancias.

Clotilde tiene treinta y tres años menos que yo, pero a mí no me importa. Ahora salgo de buena mañana a ver mundo, en casa hago mis ejercicios y luego salgo a correr como alma que lleva el diablo; bueno, en realidad solo un par de minutos, luego cuando veo que no puedo aguantar el ritmo me paro, ando un poco y luego corro de nuevo, pero más despacio.

Un día me enteré de que mi Clotilde salía a correr a la luz de la luna y me alegré tanto, que para cuando quise estar listo ya se había ido. Al día siguiente pude seguirla hasta la segunda revuelta y la perdí de vista, de modo que al tercero cogí el coche hasta que se metió en un parque. Estuve observando ensimismado como daba vueltas al rededor y me prometí que no tardando mucho estaríamos juntos disfrutando a la tenue luz de las farolas.

Al cabo de unos meses, cuando consideré que ya estaba listo para la acción, me dejé caer por el parque como que no quiere la cosa y me puse a dar vueltas, las dos primeras me pasó sin darse cuenta de que era yo, de modo que como no podía desaprovechar la ocasión, a la tercra la saludé. Casi se me cae la baba con la pareja de besos que me dio, luego me dijo “voy a seguir que me enfrío” y por más que intenté mantener su ritmo me fue imposible.

Han pasado ya otros tres meses y creo que ya estoy listo, de modo que me vuelvo al parque para celebrarlo, pero Clotilde no está. Vuelvo todos los días pero sin resultado. Tengo el corazón en un puño, me temo lo peor, hasta que una mañana nos encontramos en el ascensor y me cuenta que ha estado de vacaciones con unas amigas en la montaña. Mis esperanzas de nuevo son grandes, estoy agradecido al mundo y el simple hecho de respirar me llena como el más sabroso de los alimentos.

Una semana después veo como un joven sale de la casa de Clotilde, me saluda muy amable y me imagino que debe ser su hermano, porque además del buen trato tienen cierto parecido. Ese mismo día me encuentro con ella de nuevo y le digo lo de su hermano, pero me contesta que no es su hermano, que es su novio que se ha venido a vivir con ella.


Definitivamente... Clotilde es un nombre de mierda.  

19 ago. 2016

MUJERES-HOMBRES Y VICEVERSA.


  • A que no te has enterado.
  • ¿De qué?
  • Ya tenemos la primera medalla de oro.
  • No jodas... ¿Nadal?
  • No, que va.
  • Gasol.
  • Tampoco es Gasol.
  • Pues no caigo. ¿Es de los veteranos o de los jóvenes?
  • Nada, que no aciertas, es una tía.
  • ¡Ostrás!.
  • La Mirella. La de natación.
  • ¡Ah!, ya se la rubia. Está un cacho buena la tía.
  • Me parece que ya ganó algo otra vez.
  • ¿Y Nadal qué?
  • Aún no ha competido.
  • Cómo pelea el tío, da gusto verle. Este si que huele a medalla, le echa unos huevazos que no veas.
  • Pues los del baloncesto han perdido.
  • ¡No me jodas!. Los árbitros seguro, pero bueno luego ganan, no hay problema.
  • ¿Cómo dijiste que se llamaba la rubia?
  • Mirella.
  • ¡Ah!. Menudos ojazos que se gasta la chavala.
  • Ya te digo.

14 ago. 2016

EN MARCHA. OTRO AÑO OLÍMPICO.



En algunos de mis artículos, se nota la poca influencia que ejercen las medallas en mí como entrenador, lo que puede parecer una contradicción. Pero que un atleta no las busque, no quiere decir que no las consiga o que renuncie a ellas cuando caen en su poder.

Lo de olímpico se aplica a los juegos que los antiguos griegos celebraban cada cuatro años; también al período que hay entre un juego y otro. El olimpo es la morada de los dioses. Pero el concepto que a mí más me interesa es el que nos da el diccionario sobre Estar en el Olimpo, que traducido al castellano viene a ser: “ensimismarse o apartarse de la realidad”.

Toda la parafernalia que se da cada vez que tenemos año olímpico, va en el sentido de esta última definición y hace ya mucho tiempo que estoy convencido de que los juegos se apartan efectivamente de la realidad deportiva para convertirse los juegos de la economía, la política y a veces del disparate.

Una vez más el meollo del asunto es cuántas medallas conseguirá España, y al parecer al menos en esta ocasión no parece que vayamos a alcanzar las más de 20 medallas que auguraban algunos, lo que implica que a continuación hablaremos de decepción, de fracaso, de mala preparación de algunos deportistas e incluso falta de ambición en algunos.

En lo que me toca más de cerca, que son los 20kms marcha, las cosas no han salido como todos esperábamos y lo que resulta bastante curioso es que de los tres representantes españoles, no hubiera uno solo al que le salieran las cosas como tenía previsto. Pero... ¿fracaso? ¿decepción?, ¿mala preparación o falta de ambición?, ¿en qué piensan los periodistas o los locutores cuando utilizan estas palabras?. Si ha habido algún fracaso habrá sido en la falta de rigor de ciertos periodistas ansiosos por vender los juegos utilizando las medallas como moneda de cambio; algo que, todo hay que decirlo no han hecho los buenos periodistas, que han citado historiales, posibilidades y sobre todo realidades.

Por citar al mejor de los tres españoles participantes en Río, Miguel Ángel López, ¿acaso alguien piensa que no hizo todo lo que pudo? ¿Es que al no resultar ganador de la prueba como se había vendido por todas partes, no merece ya nuestros aplausos?.

Al parecer nos resulta muy sencillo olvidarnos del esfuerzo, cuando ese es el principal aval de cualquier deportista que se precie. Casualmente esta vez he sido testigo directo del esfuerzo de Miguel Ángel; he visto como sudaba en las series o en los rodajes; he visto como hacía su trabajo sin racanear, sin doblegarse al cansancio ni a las adversidades, y es ahí donde para mí está la verdadera medalla.

La otra a veces por las precarias circunstancias que viven los deportistas españoles, se hace necesaria si se quiere continuar en esto, y ese es el verdadero problema del deporte en nuestro país, que solo de entrenar viven un número muy escaso de deportistas, por supuesto siempre que no tengan lagunas en su vida deportiva que les corten las ayudas cosa muy rara en deportistas de élite.

Miguel Ángel es además de aún muy joven, uno de nuestros atletas con mejor trayectoria, uno de los deportistas más fiables, campeón de España, campeón del mundo y no se cuantas cosas más que muchos parecen haber olvidado este 12 de agosto.

Evidentemente, no fue su mejor día como no lo fue para Álvaro o Francisco y seguro que nadie se lo ha echado más en cara que ellos mismos. A mí me gustaría mucho que no fuera así y supieran valorar la trayectoria a lo largo de su vida o simplemente de la temporada y restasen importancia a unas olimpiadas que como dije más arriba nos apartan de la verdadera realidad.