RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

14 nov. 2016

La moda


Serían aproximadamente las dos de la madrugada, cuando decidí explorar las cuatro esquinas de mi barrio a la luz de la luna. Habrían pasado como quince minutos, cuando una cuartilla blanca pegada en la pared me llamó poderosamente la atención por su excelente caligrafía:

Soy un pobre náufrago del torrente de tu mirada
un esclavo de los deseos de mi cuerpo
detective impenitente de tus movimientos
portero de tus deseos y tu desmemoria
guardaespaldas de tus suspiros.

Una sola vez te miré y caí rendido
en la más honda depresión, al saber
que tú ni siquiera me habías visto
y solamente tenías ojos para él.

Cómo está la peña, me dije y seguí correteando mientras me preguntaba ¿Habrá más locos que se calcen las zapatillas para salir a correr con la helada que está cayendo?.

Era una sensación un tanto extraña, pues la gente no suele salir a estas horas y eso me hacía crecerme respecto a los demás, y por otro lado, hoy día todo el mundo corre, hasta el punto de que ya hay quien a este movimiento le llama "la fiebre de la alpargata;, tal vez emulando a aquella fiebre del oro que tanto cambió las vidas de aquellos famosos buscadores y sus familias.

Hacía ya más de un año que salía a escondidas de mis amigos y del grupo de entrenamiento y esa noche fue la del encuentro. No tengo ni la más remota idea de cómo surgió el amor, pero me prendé sin remedio de su piel, de la sinceridad que emanaba de su carácter, de su saber estar, de su fortaleza, pero sobre todo me caló un presentimiento, la sensación de que ese par me miraba fijamente como diciéndome “te amamos, te deseamos, ven y disfruta con nosotras”.

Una fuerza invisible y decisiva me poseyó al instante y sin saber cómo, de una patada rompí el cristal y me las llevé.

No podía ser de otro modo, pues era el último modelo de las famosas “Anipajó”, que se veían a todas horas en los anuncios de la televisión. 

Minutos más tarde me remordió la conciencia y volví a la tienda a dejar las zapatillas viejas; no lucían lo mismo, pero el escaparate ahora ya no parecía tan desangelado.