RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

26 dic. 2016

HOY NO OS PIDO, HOY OS EXIJO.



Me vi encaramado en un púlpito y observado por miles y miles de personas, yo diría que millones, todos esperaban mis palabras, de modo que tras una profunda respiración comencé mi discurso:


Con vuestro permiso (o sin), voy a exigir un mundo donde desde la más tierna infancia, se eduque a esas peque-personitas en el respeto al TODO, dando preferencia a lo que tenga que ver con la naturaleza, plantas pequeñas, árboles grandes, animales de todos los colores, aguas mansas o bravas.


Creo firmemente que si eso ocurriera, la palabra respeto desaparecería del diccionario porque no tendría ya sentido buscarla.


Creo también que ningún niño pintaría las paredes de su barrio, ni tiraría los envoltorios al suelo, ni le daría patadas a los gatos.


Así mismo, creo que si somos capaces de respetar un árbol, más capacitados estaremos para respetar al resto de seres vivientes, sean animales o personas. 


Las opiniones serán tenidas en cuenta aún siendo contrarias, no habrá feos, altos, bajos o personas de distintos colores, porque habremos adquirido la capacidad de dejar de admirar el envoltorio y todas las opciones tendrán el mismo valor.


Respetaremos tanto al ser que acierta, como al que comete errores, pues todos sabemos que el error no es más que un paso más hacia la perfección, respetaremos tanto al ser más inteligente como al que no lo sea tanto, porque es necesario que haya contrapesos a cada lado de la balanza si deseamos un mundo equilibrado.


Nadie hablará de paz, de sueldos, de justicia, ni de hambre en el mundo, porque no habrá diferencia ninguna entre un presidente de una nación y lo que con demasiada frecuencia algunos denominan pordiosero.


Aprenderemos a vivir con lo necesario y terminaremos con esa antigua moda de acaparar, aparentar, y sobre todo intentar dominar el entorno y a las demás personas en busca del arma más peligrosa del mundo, el poder.


Ya no se hablará de esas grandes empresas que intercambian recursos como el agua, la energía natural o los alimentos del planeta por muerte y destrucción.

No se hablará de muertes económicas, de desahucios, ya no morirán cerca de diez millones de niños al año en el mundo, (Si lo trasladamos a la población española, significaría que en poco más de cuatro años desapareceríamos todos los habitantes del país).


Ya no se conocerán casos de niños que pasen frío o hambre al lado mismo de nuestras casas, en los colegios, o en coches a la intemperie por falta de vivienda. No se hablará de gobernantes corruptos, de comisiones ni de jueces vendidos al sistema económico.


El planeta recuperará su antiguo esplendor y cada habitante será capaz de sentir el pulso del resto de corazones.




No es fácil a veces despertar y eso mismo me pasó a mí anoche. Era como un querer y no poder, una impotencia, una incapacidad total para despejar cuerpo y mente. Cuando por fin logré salir de ese pozo oscuro en el que me encontraba estaba completamente empapado y me era imposible recordar lo que había soñado.