RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

9 abr. 2017

MI AMIGO Y YO.



He hecho un nuevo amigo, no se puede hablar de amor a primera vista, pero si he de ser sincero, tengo que decir que la primera ojeada, ya fue bastante favorable.

Hay cariños y quereres que requieren de un tiempo, y podríamos decir que hasta de ciertas comprobaciones; un tanteo que aunque las cosas nos parezcan evidentes siempre es aconsejable para que luego no haya malentendidos. En estos casos, no debemos mostrarnos demasiado tiquismiquis; cualquier persona con dos dedos de frente debería comprender que los fallos existen, y que no todo en la vida va a ser perfecto y es bueno contar con ello sobre todo cuando las relaciones van camino de ser profundas.

Por eso, yo no juzgo a mi amigo y espero que sea recíproco porque si las cosas salen mal, se de sobra que la mayor parte de la culpa será mía, aunque el que me de problemas sea él.

No está entre mis virtudes (si es que poseo alguna) ser perfecto, ni siquiera soy capaz de comprender muchas de las cosas que me rodean y de las que me sirvo; por ejemplo nunca entenderé como es posible ver la tele. Puedo llegar a vislumbrar que gracias a un simple hilo te llegue la voz de alguien a kilómetros de distancia al oído, pero no llego a mucho más.

Se me hace raro hablar así en masculino “mi amigo y yo”, pero hay ocasiones en que la vida es la que te escoge a ti. No es una belleza mi amigo, pero es hermoso, no está tan cachas como esos tíos que ves salir del gimnasio, pero es fuerte, no es muy alto, pero tampoco bajo, me saca unos años, pero los ha sabido llevar muy bien.

Mi amigo y yo vamos camino de una bonita relación de pareja, la naturaleza, el campo, el aire, un precioso día y lo cotidiano nos han reunido para sin decirnos una sola palabra hacer lo que había que hacer; se lo que esperaba por su parte, y he de decir que me ha dejado más que satisfecho y en algún rincón de mis pensamientos surge un deseo, la esperanza de que si algún día se decide a hablar me diga que mi trato con él ha sido también exquisito.

Vana esperanza la mía, porque con el poco juicio que aún me queda, puedo comprender que aunque a veces nos envíen señales, a día de hoy los tractores rugen, pero no hablan.