RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

12 ene. 2018

CORRER, CORRER.



Yo quería hoy hablar de lo de correr, que por mucho que lo disfracen con palabras extranjeras, siempre consistirá en meter la larga cuando vas caminando de modo que se te empiecen a levantar los pies del suelo constantemente y a eso en el diccionario le llaman correr no otra cosa.

Se habla mucho de los beneficios que reporta, y sin embargo cada vez conocemos más casos de gente que sale perjudicada y en ocasiones de por vida por no hablar de casos terminales.

Es tanta la “literatura” al respecto, que uno puede volverse loco no solo con tan abrumadora información, sino con las diferentes respuestas por parte de unos y de otros a la misma pregunta que inevitablemente confunden al personal; aunque si hay algo en que todo el mundo coincide de un tiempo a esta parte es que hay que salir a “disfrutar”.

Si te fijas en los caretos del personal, efectivamente da la impresión de que sí, que se lo pasan pipa, pero en un análisis más profundo ya observamos gestos menos alegres, rictus de cansancio, de dolor, y hasta de desánimo que desaparecen como por ensalmo ante la presencia de determinado público, aunque el súmmun del placer aparece casi siempre en presencia de los amigotes.

Cómo es posible disfrutar cuando vas con la lengua fuera, cuando te atragantas en un avituallamiento porque quieres que no se te vaya el que está delante, cuando a falta de setenta kilómetros vas aguantando a duras penas ese dolor en la rodilla, cuando estás pensando (quién leches me mandaría a mí apuntarme a esta carrera), cuando el próximo punto de vida se te antoja a millones de kilómetros, cuando en esa hora traidora tienes un sueño que no estás más que deseando caerte muerto allí mismo y echar una cabezadita; repito, ¿Cómo es posible?.

Y sin embargo si esperas a verles cruzar la meta, pareciera que todo son alegrías, incluso en los que se caen redondos ante la ausencia de energías, incluso en los que derraman lágrimas por todo lo pasado (tal vez la clave esté en ese tiempo verbal “pasado); incluso aquellos que van directos a la enfermería, o al fisioterapeuta porque están que no pueden dar un paso más, y sin embargo extrañamente repiten, repiten y repiten.

Algo tiene que haber en el fondo de toda esa gente que aún pasando las de Caín, a poco de finalizar ya están pensando en otra carrera o en repetir la misma el próximo año; algo que no se alcanza a comprender con la sola razón.

¿Qué pretende entonces esa legión de corredores? ¿Qué buscan?. Cuando les preguntas, la mayoría te responde que les hace bien, que se sienten mejores personas, que han hecho grandes amistades, que nunca lo dejarían, y claro finalmente te dicen que disfrutan.

Me pongo a analizar y no encuentro una respuesta razonable, (¿será una secta?), y sin embargo pienso si no tendrá aquí algo que ver esa lucha constante que surge siempre entre el “SUPER-YO” y la realidad del día a día; eso que llaman “EGO”. Tal vez todos esos obstáculos que cada corredor está obligado a superar, sean un catalizador, un detonante que libera al individuo de sus mayores miedos, un comprender que en este mundo no somos nada, o dicho de otro modo que somos el todo.


A ese respecto, dejo aquí unas líneas extraídas de uno de esos libros que de momento se niega a publicar Don Luis Carlos Rodríguez titulado “EL MAGO DEL TIEMPO”: “En esta segunda parte obtendrá, a través de las jugosas explicaciones de Don Julio, el conocimiento que le llevará a lo que en el fondo todos anhelamos, librarnos del ego para alcanzar la inmensidad que somos, y que solo se logra cuando uno SE LIBRA DE SÍ MISMO.