RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

8 may. 2019

S H O S H I N




Una vez más voy a decir lo mismo, pero buscando palabras y frases diferentes. Hay muchos términos para describir la ilusión que algunos tienen por aprender, el entusiasmo ante el recorrido hasta alcanzar diversas metas; pero el estado mental que te predispone con mayores garantías es la clave y aquí es donde nos podemos topar si es nuestro deseo con el término “shoshin”.

Si acudimos a la impagable WIKIPEDIA podremos leer esto:

Shoshin (初 心) es un concepto del budismo zen y las artes marciales japonesas que significa "mente de principiante". Se refiere a tener una actitud de apertura, entusiasmo y falta de ideas preconcebidas cuando se estudia un tema, tanto a un nivel avanzado, como de principiante.
La frase también se utiliza en el título del libro Mind Zen, mente de principiante por el maestro Zen Shunryu Suzuki, que dice lo siguiente sobre el enfoque correcto para la práctica del Zen: En la mente del principiante hay muchas posibilidades, en la mente del experto hay pocos.” 
 
Poco que añadir; en todo caso yo cambiaría lo de “estudiar un tema” por alcanzar un proyecto en su sentido más amplio. Cuando la mente está vacía, no hay dificultad en encontrar cualquier cosa que contribuya a su riqueza siempre teniendo presente que jamás se llenará; pues el día que lleguemos a la conclusión de que está completa, de que lo sabemos todo estaremos perdidos irremediablemente.

Cuando somos conscientes de lo infinito de nuestra mente, hasta el logro más inalcanzable, se torna insignificante; ese es el estado perfecto, pues nunca nos cerraremos a conseguir más y más logros; cuando la mente no está saturada de ideas preconcebidas, siempre estamos menos expuestos a las dificultades asociadas al cambio. El aprendizaje nunca está exento de una gran dosis de humildad, y todo se viene abajo cuando viene don ego a tocar a nuestra puerta y se la abrimos de par en par.

Si trasladamos todo esto al deportista, nos encontraremos con dos tipos diferentes; aquél que cada día descubre algo nuevo, el que sale a correr por el simple placer de correr; incluso aquél que de cuando en cuando compite por el simple placer de enfrentarse a sus miedos sin temor y pasados muchos años, aún atesora la inocencia del principiante; y aquél que tras un tiempo creciendo se olvida de sus orígenes y da por cerradas ciertas etapas en su vida pensando que ya las ha superado con creces y dándoselas de experto.

Uno comienza con una carrera de cinco kilómetros que termina con dificultad, para pasar a una de diez, después de veinte; y a veces y en solo un instante todo se rompe y la ilusión se trastoca en obsesión. Evidentemente, cuanto mayores son las cualidades del deportista, mayores son las ocasiones de abandonar ese tan deseado estado de “shoshin ”. Nos será en ese caso más complicado mantener esa imprescindible dosis de humildad propia del principiante para prosperar, y por otro lado, nos costará menos atrincherarnos en ese orgullo que nos hace olvidar hasta nuestros más grandes defectos.

Si uno se lo propone, jamás deja de aprender y si convenimos que el aprendizaje (cuando es deseado), nos aporta altas dosis de felicidad; ¿porqué no trabajar a diario nuestra mente de principiante?