RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

3 abr 2025

A N T O N I O

 


Eramos unas seis personas alrededor de la mesa, en mi caso era la primera vez que asistía a una degustación de este tipo, donde un afamado cocinero nos serviría diferentes platos esperando una valoración por nuestra parte. El primer plato no debía de estar muy allá, porque no lo recuerdo muy bien, el segundo era un gran plato plano y colorido con unos trocitos de carne del tamaño de una goma de borrar de las cuadradas (Milan-430), con algo que tampoco pude definir y un pequeño pegote de pasta marrón junto a una pizca de especias cubriéndolo todo.

El impacto fue brutal, un sabor infinito, una especie de salirme de mí mismo como en un viaje astral, algo así como “no existe nada salvo esto que estoy sintiendo ahora mismo”; todo en ese instante era perfecto. Nunca pensé que se pudiera sentir algo así solo con probar un bocado.

No era la primera vez que me ocurría, ya había experimentado algo parecido corriendo por el monte, un desaparecer TODO de golpe; un estado próximo a lo que alguien denominaría felicidad, incluso éxtasis; sentir el contacto con la tierra en cada pisada, el aire entrar en los pulmones con fruición, el olor de los árboles, la hierba y todo el entorno.

Por desgracia somos animales de costumbres, y la educación que recibimos desde niños, está a años luz de una simple meditación, o del conocimiento de uno mismo; todo gira en torno a ciertas expectativas que se nos proponen como idóneas para una vida mejor que pasan por una serie de logros que cumplir obligatoriamente a lo largo de la vida y que nos desvían del camino verdadero.

Antonio; bueno, en realidad es Antoine (de Saint Exupery), escribió un librito que para muchos se hizo más famoso por sus dibujos que por su contenido, su título “El Principito”.

En algún pasaje del mismo, nos cuenta como un astrónomo da una conferencia vestido con una chilaba tradicional de su país sobre el descubrimiento de un planeta sin que nadie le haga caso; años después el mismo hombre con chaqueta y corbata, volvió a dar la charla y todo el mundo aceptó su descubrimiento sin rechistar. En otro pasaje nos regala estas líneas que transcribo: <Si les dices a las personas mayores: "He visto una hermosa casa de ladrillos rosados, con geranios en las ventanas y palomas en el techo..." no logran imaginarse esa casa. Hay que decirles: "He visto una casa que vale cien mil francos." Entonces exclaman: "¡Qué hermosa!".

Somos seres mediocres, porque basamos nuestra existencia en acumular cosas materiales a veces de utilidad exclusivamente visual, cuyo beneficio suele ser unos instantes de placer frente a toda una vida.

Si nuestro hijo desea ser mecánico porque le encanta, tratamos de que sea abogado o arquitecto; le intentaremos explicar que un mecánico tiene todo el día las manos manchadas de grasa, que tiene que ponerse un mono en vez de un traje y una corbata amén de los beneficios. Todo ello, porque la sociedad ha hecho una división muy interesada y clasista, donde unos dicen ser la élite frente al reto que seríamos la purrela. Luego como tantas cosas en la vida le das la vuelta a la tortilla y resulta que el juez tiene que arreglar una avería en su caldera de gasóleo, quiere hacer una instalación eléctrica o desea hacerse una vivienda en el pueblo y se queja porque dice que le quieren sacar un ojo de la cara.

Buscamos desesperadamente la aprobación de los demás y no nos damos el visto bueno a nosotros mismo, no nos aceptamos ni nos valoramos en su justa medida convirtiéndonos en fáciles sujetos de uso y abuso. La curiosidad, la amistad y la aceptación nos diría “Antonio”, son valores a la baja en una sociedad que invierte más en hacer guerras que en valores intrínsecos y naturales de cada persona. Por eso la amistad deviene en un acto egoísta desapareciendo incluso los más fuertes vínculos familiares para hacernos dependientes de “otros valores”, que emanan fundamentalmente de medios e instituciones que si bien no son menos esclavos que el resto de la sociedad, si son más culpables.

<El principito prosiguió su viaje, pensando: “Las personas mayores son realmente extrañas.”>...