RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

6 may. 2013

101 PEREGRINOS 2013


101 PEREGRINOS EDICIÓN 2013

Ha sido esta una edición especial para mí, al tiempo que gratificante y concluyente.

Para empezar, no he pegado una en el clavo en casi todo el día. Decidí pasar a última hora de ir a la salida, porque tal como estaba el patio, lo más probable es que no pudiera ver a ninguna de las personas que más me interesaban, de modo que dejé atrás Ponferrada y si no fuera por un golpe de lucidez, (que a veces ocurre), hubiera aparecido en la Coruña, de modo que vuelta para atrás.

Para cuando llegué a Toral de Merayo la mayoría ya había pasado, de modo que al siguiente punto, no recuerdo si Santalla, el caso es que la cola de vehículos este año era interminable, los que conocían el paño, se daban la vuelta, pero yo aguanté estoicamente mi media horita allí, de modo que para el siguiente punto en el cruce de carreteras dirección médulas y Paradela, también llegué tarde, de modo que decidí ir a lo seguro y enfilé con el coche para Ferradillo, el punto más alto de la maratón, me llevó un rato por caminos perfectamente, y quien sabe si afortunadamente abandonados.

Esta vez acerté de pleno, aparqué en una pequeña pradera y a esperar. Como el intervalo fue largo, hubo tiempo para darle a la lengua con unas cuantas personas de las responsables del avituallamiento, y otras que estaban por allí, dando muestra de la cultura que la tradición, la pobreza en muchos casos y la propia sangre han ido dejando por estas hermosas tierras.

Conocí a Angélica, a su marido; a los hijos de uno de sus hijos; conocí a Miro, y a unos cuantos vecinos más de este pueblo, parcialmente abandonado; conocí el agasajo, la hospitalidad, la generosidad, el acogimiento sin reservas de esta gente extraordinaria que sufre las crisis como todos, pero que ha sabido mantener antiguas costumbres, que la vida moderna se empeña en exterminar.

Pude ver pasar a David y a Víctor muy enteros, pensando ya seguramente que lo complicado ya estaba hecho.

Como negarte cuando te invitan con tanta cordialidad, a probar el pollo, los pimientos asados, las salchichas, la carne a la brasa, la empanada, la ensalada con productos de la huerta berciana, el queso con membrillo, el pan del horno de Angélica, los diversos postres caseros, el café, el orujo de menta, el de hierbas... en fin no quiero aburrir ni exagerar, pero cuanto hubiera disfrutado un “Targi” como Pablo Criado por estos lares.

Decir que todo estaba rico, sería mentir, porque no hay palabras para describir ese sabor a cariño que te queda en el paladar cuando comes cosas hechas en casa, con tanto amor que siempre se desprende algo en el guiso.

Pena me dio despedirme de estas gentes; son estos recuerdos entre otros, los que llenan una vida y los que te animan a recordar cosas pasadas. Pero la vida sigue y Ana y los cántabros me esperaban por Orellán, de modo que con la ventaja de la cuesta abajo, me despedí de todos, y no descarto hacerle a alguno una visita por Santalla un año de estos.

Tomé rumbo pues hacia el mirador de Orellán cuando ya rondaban las tres de la tarde, ignorando que hubiera tenido tiempo de sobras para ver llegar a alguno de mis chicos a Ponferrada, pero quien me iba a decir a mí que aquello se alargaría hasta prácticamente casi el anochecer.

Y mientras tanto, una nueva visíta a las Médulas, que de momento para eso están, para admirarlas, al tiempo que gastaba la energía de mi batería haciendo foto tras foto; siempre pendiente de dejar algo de energía para las “gallas”, y algún otro cántabro que había sido de la partida.

La espera se hizo larga, pero las atenciones de mis amigos de Ferradillo me habían cargado las pilas al máximo y hubiera podido aguantar toda la noche en pie de guerra.

Tras charlas con unos y con otros, pues no son estos competidores habituales, sino disfrutadores, impenitentes, y contumaces empedernidos, se fue pasando el tiempo, hasta que llegó Encarna con una famosa bandolera de la sierra madrileña, de nombre Ana y otra elementa más, que no conocía, y que echaba pestes de todos los políticos, de todos los gobiernos y de todos los ciudadanos del mundo que tienen por costumbre enfrentarse a las dificultades bajándose los pantalones.

Así pasamos algunos minutos de esos de “a sesenta”, hasta que llegó el trío que esperábamos, prácticamente cantando, y con una chulería que ya quisiera para sí el ministro de justicia, o el de sanidad, o en fin... cualquiera de ellos.

El caso es que tras una paradita, unos abrazos, unos besos y todo el ritual propio de viejos conocidos, nos despedimos del trío hasta la próxima y bajamos los demás, en busca de las burras, donde nos despedimos el resto y yo puse rumbo a casita.

Con todo esto, me había olvidado hablar de la carrera, ya ves, algo tendrá que ver lo de Ferradillo; pero ahora ya no hay vuelta atrás.

Por mi parte, salvo el atasco monumental, nada que objetar; por parte de los participantes fundamentalmente ciclistas con los que puede hablar, alguna queja aislada por los precios y sobre todo, por la dureza progresiva en este tipo de carreras; aunque como yo dije, parece que entre más dificultad, más participantes, y por desgracia, como esto va camino de convertirse en negocio, pues allá cada uno se las componga. Además, ahora que doparse no tiene ya castigo, pues cuando sea demasiado duro, ya se sabe, a meterse gasofa en la vena, que total, porque dure uno unos años menos; a quien le importa.