RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

15 ene. 2016

ENCHUFA EL ASKAR



Pasan años, pasan décadas y siglos y seguimos siendo tan estúpidos como siempre.

No se que estaría de moda en tiempos de las cavernas, supongo que el deseo sería fiel a la necesidad, en aquellos tiempos había pocas cosas imprescindibles, comer, guarecerse ante las inclemencias, satisfacer impulsos sexuales y protegerse de algunos animales y de ese vecino un tanto raro que ocuparía tal vez el rincón más oscuro de la cueva, o el árbol más apartado del campamento.

Desconozco también si las primeras escapadas de los asentamientos se realizaron por pura necesidad, por curiosidad o por ambas; aunque me da por pensar si por aquella época ya algún mal intencionado haría uso de algún tipo de publicidad para quitarse colegas molestos de en medio; mensajes del tipo “por detrás de aquellas lejanas montañas he visto montones de mamuts”.

Podría repasar alguna de mis vidas anteriores, pero por desgracia en todas ellas he tenido grandes fallos de memoria, de modo que mejor hacer uso de la imaginación, y una de las primeras cosas que se me ocurren es que aunque seguramente sea cierto que el cráneo era bastante mayor que el que tenemos en la actualidad, de lo que no tengo ninguna duda es de que deberían tener una mandíbula a prueba de huesos, porque para su desgracia se perdieron todos los programas del Arguiñano. Pero vamos al tema que nos desviamos.

Seguramente no pasó mucho tiempo en establecerse una situación de dominación, tal vez del más fuerte sobre el resto, ya que parece ser que por aquella época, lo que hoy conocemos como inteligencia no estaba muy de moda lo que me da por pensar si estamos mejor ahora o entonces; incluso si ahora somos mucho más listos que nuestros antepasados.

Posiblemente ya algunos espabilados comenzaron a decir lo que estaba bien y lo que estaba mal, hasta que cayeron en la cuenta del poder que les otorgaba dictar leyes y de lo sencillo que era arrimar el ascua a su propia sardina dejando que el resto se la comieran cruda.

Supongo que lejos estaban de imaginarse la que se lió con Jesucristo, la virgen, Mahoma, Buda y el resto de dioses que intentamos que prevalezcan hoy día; se conformaban con cosas más prácticas, como el sol, el fuego, la tierra; dioses tan necesarios entonces como ahora, aunque en la actualidad les hayamos perdido totalmente el respeto.

A medida que la inteligencia se compostaba en el cráneo humano, más aumentaban los mensajes y los consejos y más habitual se hacía la lucha entre primos-hermanos. Se crearon casas especiales con diferentes nombres pero con un mismo objetivo; propagar las diferentes religiones a varias personas a la vez y ahí si que la liamos de verdad, porque con cuatro patadas de borrico adoctrinaban a varios pueblos a la vez.

Tal vez ese fuera el verdadero motivo de la revolución industrial que llegó mucho después y no esas mamarrachadas que nos cuentan; ¿se imaginan cambiar el borrico por un barco de vapor?.

Puede que fuera por aquél entonces cuando comenzaron a utilizarse frases como: “el que más chifle capador”, o “llevarse el gato al agua”; de modo que finalmente el que utilizase el transporte más rápido sería el primero en propagar “su verdad” por el mundo.

¿Se imaginan cambiar barco por avión?; seguro que fue entonces cuando los yanquis se enteraron de que Zamora no se hizo en una hora; porque evidentemente, no solo la religión y la política dominaban la actualidad, (vaya hombre, ¿no he hablado de la “polis”?, bueno en realidad, hoy día, no son muy diferentes)

Se imaginan (y termino) ¿cambiar el avión por la radio?. Menuda la que preparó el amigo Tesla con su invento. Escuchabas una voz, le ponías cara, cuerpo y figura y la trompada que te dabas si tenías la oportunidad de toparte con su dueño era morrocotonuda (había un espacio para la imaginación).


Hablar y que todo el mundo te escuche sin moverte de tu casa, es el no va más, bueno hay algo aún más innovador, pero es tan perverso, tan pernicioso, tan dañino y ha manipulado a tantos millones de tontos que prefiero que siga oculto por el resto de los días.