RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

6 feb. 2020

DISTRAHERE




Distraer: Apartar la atención de una persona, o dicho de otro modo, robarsela (también vale para la pasta). Curiosamente también tiene la acepción de entretenimiento que viene a ser lo mismo, y si no que se lo pregunten a los que han caído en las redes de los que se dedican a los triles (trileros).

En realidad y pensándolo detenidamente, el mundo de hoy, es precisamente eso, un juego de triles, aunque por supuesto con más de tres cubiletes, de los que vamos a citar solamente tres: La televisión, las redes sociales y el teléfono móvil.

Cuando alguien intenta distraer la atención de un individuo, puede haber diferentes motivos; pudiera ser que esa persona no tenga interés en atraer la atención de la gente, aunque por su forma de actuar en la vida lo consiga; pero por lo general siempre se trata o bien de quien quiere vender algo, o bien de quien quiere convertirse en el protagonista del día, y de eso estamos a tope, en la actualidad, solo hay que echar un vistazo a los vídeos con más seguidores del momento para corroborarlo.

Evidentemente, el deporte no es ajeno a estas “modas”, y cada vez vemos más adictos a contar sus retos particulares en las redes esperando tal vez, un sinfín de “me gusta” que les alegre el día y si no es el día entero, que por lo menos sean unos minutos. Afortunadamente hay mucha gente a la que no le cuesta trabajo hacer “clic” en ese famoso botón que hará las delicias del desafortunado deportista.

Pensando en lo que he escrito justo hace unos segundos, no puedo dejar de pensar en el famoso perro de nuestro amigo el fisiólogo y sicólogo ruso Iván Petróvich Pávlov, aunque hoy día la gente saliva por eso que algunos llaman retroalimentación positiva, que no es precisamente comida como les ocurría los perros, sino una simple palabra, un simple “me gusta”.

El mercado debe tener las manos en carne viva de tanto frotarse, porque hay más carreras que calvos y más participantes que partículas de plástico en los océanos, y esa simbiosis que en principio beneficia a todos, termina por decantarse del lado de unos pocos, porque tras esa cortina de satisfacción personal se esconde una gran distracción debida a las rígidas normas, reglas y hábitos que poco a poco se adhieren como una lapa a los participantes.

La mayor distracción en el deporte es el cada vez más, el cada vez mejor, el cada vez más rápido, cada vez más resistente, el cada vez más cerca del cajón, y en algunos casos, cada vez más alto en el podio (pódium en el lenguaje actual).

Uno se para a pensarlo y concluye que sería muy efímera la fama si no fuera por eso que acertadamente llaman “REDES sociales”.

Hoy la fama puede durar tanto como seamos capaces de mantener el acontecimiento en cualquiera de los medios que nos proporciona internet; y sinceramente hay verdaderos especialistas en ello; aunque si fuera necesario, siempre podemos sacar a colación un asunto de hace diez o quince años, o aquella medalla en tal o cual torneo, el caso es seguir vivos en las “REDES”...

Te levantas por la mañana y tu primer pensamiento bien podría ser: “¿habrá más comentarios?” y ahí está el peligro, porque si los hay todo va bien, pero en caso contrario vas de bajón al trabajo quejándote de lo injusto que es EL MUNDO EN EL QUE VIVES, y eso es un asco de vida.